Ceniza sin nombre (Legado de Fuego 2) 25 #4
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Aelyn volvió a leer la orden. La ruta terminaba bajo el Alcázar, en un conducto anterior a las murallas nuevas. El código de la llave coincidía con la lámina que Cevran había llevado a Varek.

—¿La mujer del puesto esperaba respuesta? —preguntó.

—Dijo que una respuesta podía seguir cualquier dirección menos el norte.

Cael protegía su posición. También dejaba abierta una vía.

Aelyn evitó atribuirle una intención mayor.

—El cuarto hilo termina aquí —dijo.

Neral copió el documento. La escriba certificó el sello y guardó una impresión en arcilla. Lenda llevó otra copia a los sanadores del rey. Aelyn conservó el original dentro de una caja sin marca.

—¿Se lo enviaremos a la guerrera? —preguntó Lenda.

—Las rutas del oeste están cerradas. Cevran conoce a sus mensajeros y Varek espera que intentemos alcanzarla.

—Puede necesitar la ubicación.

—También necesita que la prueba sobreviva.

Aelyn ató la orden certificada, el mensaje de Oren y la impresión de la montaña con el cordón blanco.

—Esperaremos una salida que nazca lejos de nosotros.

El documento quedó en Caleryon.

Isolde seguía en las montañas, junto a un hombre que luchaba por respirar. Entre ambas había nieve, patrullas y cuatro años de silencio.

Darian la esperaba en la habitación de Ardan.

El rey dormía bajo dos mantas. Ravel había reducido otra vez el sedante, aunque la fiebre regresaba cada noche. Sobre la mesa de estrategia había tres piezas: una corona de fuego, un dragón bajo la montaña y un camino sin emblema.

—El Archivo ha hecho una tercera copia —dijo Darian.

Aelyn dejó el broche de consejera junto al tablero.

—Buena decisión.

—Fue idea del archivero.

—Buena decisión del archivero.

Darian miró al rey.

—Varek controla la mitad de la Guardia y casi todas las rutas de grano.

—También controla una parte de tus firmas.

—Quiero una lista de cada orden vinculada al expediente de Cendral.

—Pídela al Archivo.

—Necesito tu registro.

—Mi registro pertenece a las familias.

—Puedo detener los traslados.

—Empieza por los cinco trabajadores de la lavandería.

—Serán liberados mañana.

Aelyn estudió su rostro.

—¿Y Cevran?

—Ha salido de Caleryon bajo protección de Varek.

—Tu orden de arresto sigue abierta.

—Sí.

Darian tomó la pieza del camino y la giró entre los dedos.

—La mujer de la marisma dijo que llevabas años abriendo lo que yo cerraba.

El corazón de Aelyn golpeó una vez contra las costillas.

—¿Qué mujer?

—Sabes quién.

—Quiero oírte decirlo.

Darian colocó la pieza junto a la corona.

—Isolde vive.

Aelyn mantuvo las manos sobre la mesa. Había imaginado aquellas palabras con voces de barqueros, sanadores y mujeres que llegaban tarde de una ruta. Le dolió recibirlas de Darian.

Isolde estaba viva. Buscó una pregunta que pudiera sostener delante de él y encontró primero la imagen de las dos corriendo entre puestos de la Fiesta de la Cosecha, con azúcar en las mangas. Durante un instante tuvo que cerrar los ojos.

Darian movió una silla. Aelyn se afirmó sobre el tablero antes de que él pudiera acercársela.

—¿Dónde está?

—Huyó hacia el oeste.

—¿La heriste?

Darian miró la quemadura que asomaba bajo su manga.

—La golpeé durante la pelea. Ataqué el hombro que tenía lastimado. Había perdido fuerza en la pierna izquierda y lo usé para cerrarle el paso.

Aelyn sostuvo el borde del tablero hasta sentir el relieve en la palma.

—¿Intentaste capturarla?

—Sí.

—Conserva esas palabras cuando te pregunten por la marisma.

—Varek sabe que la reconociste —dijo Aelyn.

—Lo sospecha. Mi informe mantiene su identidad abierta.

—Has comprado tiempo.

—También lo necesito.

—Ella lo necesita más.

Darian se acercó a la cama de Ardan.

—Corté un núcleo para sacar a los civiles. Dejé libre una ruta de evacuación.

—¿Quieres que lo escriba a tu favor?

—Quiero que entienda que puedo ayudarla.

—Cuando vuelva, entenderá tus decisiones completas.

—Varek me ocultó lo que harían los núcleos.

—Isolde estaba delante de ti. Podías verla cuando cerraste el paso.

Darian apartó los ojos del tablero.

—Lo sé.

—También tuviste cuatro años para mirar a quienes seguían desapareciendo.

Darian apoyó ambas manos en el borde de la cama.

—Si lo derribo ahora, sus hombres cerrarán el grano y abrirán la Cicatriz.

—Entonces prepara almacenes fuera de su control, libera testigos y entrega las rutas al Consejo.

—Eso requiere meses.

—Empieza esta noche.

Ardan se movió bajo las mantas. Abrió los ojos y miró las piezas. Su mano tardó en llegar hasta el tablero.

Tomó la corona de fuego y la colocó sobre el camino sin emblema.

Darian observó el gesto.

Aelyn dejó que el rey retirara la mano por sí mismo.

—Ella regresará cuando el camino le pertenezca —dijo.

—Puede regresar con un ejército.

—Puede regresar con personas que conoces por números.

Darian miró la pieza.

—¿Tienes contacto con ella?

—Tengo pruebas buscando una salida.

—Eso no responde.

—Es la respuesta que tendrás.

Aelyn recogió el broche y se dirigió a la puerta.

—Mañana abriré el registro de traslados —dijo Darian.

—Mañana comprobaré cuántas páginas faltan.

Salió antes de confiar en la promesa.

Aelyn guardó el cuarto hilo.

Cuando llegara el momento, sabría qué enviar por él.