Ceniza sin nombre (Legado de Fuego 2) 21 #3
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—La capacidad importa más que el recuento anterior.

—La quiero viva.

Darian vio que Aelyn dejaba la pluma sobre el libro.

Isolde había apartado la mano cuando él quiso ayudarla a quitarse el anillo; le volvió aquel gesto mientras esperaba que Neral escribiera.

Deseaba oírla pronunciar su nombre otra vez.

La orden que estaba redactando la llevaría hasta él entre guardias.

Varek lo observó.

—¿Por la investigación?

—Por las rutas de C-7, Rheskan y el posible acceso a Ydrael.

—Claro.

Neral escribió captura con vida .

Aelyn se inclinó hacia la mesa.

—La orden debe incluir protección de testigos, archivos y personas liberadas. Cada incautación tendrá inventario público.

—Eso convierte una cacería en una inspección —dijo Varek.

—La habéis llamado investigación.

Darian aceptó la cláusula.

Varek cambió de estrategia.

—La figura sigue información sobre Ydrael. Tenemos un convoy preparado para trasladar planos desde Luzmer a la estación occidental. Dejaremos circular el horario.

Aelyn golpeó la mesa con un dedo.

—Propones usar documentos como cebo.

—Documentos verdaderos dentro de un transporte protegido.

—¿Qué más llevará?

—Guardias, placas y un prisionero capaz de verificar la ruta.

—Nombre del prisionero.

—Pendiente de selección.

—Entonces la consejería rechaza la operación.

—La seguridad queda bajo el regente.

Darian miró el mapa. Podía negar la firma, exigir que entregaran al prisionero a la consejería y hacer constar la negativa de Varek.

La discusión continuaría ante el Consejo.

El convoy, en cambio, podía llevarlo hasta la mujer y hasta Rheskan.

Acercó el mapa a su lado de la mesa. Quería estar allí cuando se abriera el carro.

—Yo dirigiré la escolta —dijo.

Aelyn volvió la cabeza.

Varek ocultó satisfacción.

—El regente tiene otras obligaciones.

—La figura ha entrado en Caleryon, destruido instalaciones de la comisión y generado una crisis en dos puertos. Mi presencia demuestra control.

—También te convierte en objetivo.

—Esa es una decisión mía.

Varek aceptó.

La operación saldría en siete días. Neral redactaría rutas falsas y una verdadera. Aelyn tendría acceso al inventario civil. Las placas se registrarían. Darian elegiría a la mitad de los guardias. Varek elegiría al capitán técnico.

Cada condición repartía autoridad sin eliminar la trampa.

La reunión terminó al anochecer.

Varek dejó los informes sobre la mesa. Aelyn se llevó el libro rojo. Neral salió con el borrador.

Darian guardó el testimonio de Jalen dentro de su carpeta.

Varek se detuvo en la puerta.

—Si vive, ha pasado casi cuatro años organizando una amenaza bajo tu gobierno.

—Encontrará nuestras firmas en cada orden de esas rutas.

—Eso te preocupa más.

—Me preocupa el reino que encontrará.

Varek apoyó una mano en el marco.

—El reino tendrá que elegir entre una heredera convertida en rumor y un regente que mantiene abiertas sus puertas.

—Las puertas blancas están llenas de nombres borrados.

—Entonces pinta otras.

Salió.

Darian permaneció solo con el mapa.

Abrió el informe de Jalen. Debajo había una nota que Varek todavía no había visto. El guardia la envió mediante el sello privado del regente.

Creo que había visto antes a esa mujer. No me dio su nombre. Eligió liberar a los detenidos y dejó abierto el camino para mi hermana. Preguntad por qué los libros de la comisión dicen que todos se marcharon.

Darian leyó dos veces.

Llevó la nota hasta la lámpara.

El borde tocó la llama. Jalen había confiado la sospecha a su sello privado. Darian movió el papel antes de que el nombre del guardia se ennegreciera; debajo figuraba también la hermana liberada. La nota documentaba a una familia que la comisión había borrado.

Retiró el papel.

Lo guardó dentro de una caja con el anillo que Isolde había dejado sobre el mosaico, el decreto de muerte y una copia del informe de Cendral. El aro golpeó la madera al moverlo. Darian lo apartó del papel y cerró con su llave personal.

La sospecha quedó fuera del expediente oficial.

Después tomó el mapa de la operación.

* * *

Aelyn esperaba en la galería de las fuentes.

Darian pasó a su lado.

—Has pedido dirigir el convoy —dijo ella.

—Varek lo hará de todos modos.

—Tu presencia le entrega legitimidad.

—También me entrega mando sobre la mitad de la fuerza.

—Esa frase se parece a la que usé cuando acepté la consejería.

—Tu cargo ha salvado personas.

—También ha firmado decisiones que siguen haciéndoles daño.

Darian miró el agua del canal.

—¿Crees que es ella?

Aelyn tardó.

—Creo que quieres una respuesta antes de decidir qué harías.

—Has recibido mensajes de Arkhe y Luzmer.

—Tienes las cuentas de los prisioneros en tu despacho. Los mensajeros entregan cada copia sin identificar la ruta anterior.

—Podrías reconocer su método.

—Tú también.

Darian tocó el borde izquierdo de la carpeta con el pulgar. De adolescente, Isolde se burlaba de ese gesto. Decía que él comprobaba si las palabras podían escapar por el margen.

Aelyn lo vio.

—Has guardado un informe aparte —dijo.

Darian bajó la carpeta.

—Acompaña la operación.

Aelyn miró la mano que él mantenía sobre la tapa. Esperó hasta que tuvo que dejar de alisarla.

—Varek quiere vigilarme cerca de la trampa y tú quieres saber si miro a alguien como a Isolde.

—Quiero una autoridad civil sobre los prisioneros.

—Mi equipo irá hasta el punto de salida. Neral conservará el inventario. Yo me quedaré en Caleryon.

—¿Por qué?

—Ardan ha despertado dos veces esta semana. La última preguntó por una puerta occidental. Si el convoy mueve planos de Ydrael, la torre del río puede contener la parte que Varek omite.

Darian pensó en incluir esa información. Se detuvo antes de entregarla al expediente.

—Mantén dos sanadores con el rey.

—Siempre.

Aelyn se alejó.

—Si encuentras a la mujer —dijo sin volverse—, puede pedirte que te apartes. Piensa qué harás con los guardias que la lleven hasta ti.

Darian sostuvo la carpeta contra el cuerpo.

—Quiero hablar con ella.

—En la plaza le prometiste libertad.

Aelyn continuó por la galería antes de que él encontrara una respuesta.

La galería quedó vacía.

* * *

La orden de caza llegó a Luzmer durante el décimo día de recuperación de Kaoran.

La pegaron sobre las tres torres de incendio. Ofrecía recompensa por información sobre la figura anónima, un hombre mayor herido y rutas vinculadas a Rheskan. Exigía captura con vida. Prometía revisión civil de las detenciones y castigo para cualquier persona que destruyera documentos.

—Han leído nuestras reclamaciones —dijo Tarin.

—También las han convertido en un mapa —respondió Isolde.

Kaoran leyó el cartel desde el carro. Vela había autorizado el traslado con el torso inmovilizado, descansos frecuentes y una advertencia de regresar si aparecía fiebre o dificultad para respirar.

—“Hombre mayor herido” —leyó—. La descripción muestra una falta de respeto estructural.

—Podemos teñirte el cabello.

—Conserva tus regalos de cumpleaños.

Lenda llevaba una copia de la orden y otra del libro de Eren. Partiría hacia Caleryon por tierra. Sura organizó una barca para Isolde y Kaoran. El canal de vidrio desembocaba al oeste de los puestos.

Antes de salir, Tarin mostró una nueva pared.

Había dibujos de Nydel, Arkhe, Arvek, Bren, Caleryon y Luzmer. Personas distintas copiaron escenas que nunca vieron. Una capa gris cambiaba de cuerpo. Rheskan aparecía en tres tamaños. Ydrael era una montaña con ojos.

En el centro, alguien dejó un espacio de piedra sin ceniza.

—Falta la firma —dijo Isolde.

—La gente decidió dejarla así —respondió Tarin—. Cada ciudad añade lo que puede probar. El hueco recuerda lo que ignoramos.

—También cualquiera puede llenarlo.

—Por eso las cuentas están debajo.

Una caja contenía nombres, costes y destinos de copias. La pared era leyenda. La caja sostenía hechos.

Isolde añadió a Kaoran en la lista de heridos. Él protestó por la descripción de “fractura durante rescate”. Prefería “conflicto con arquitectura hostil”. Tarin conservó la primera.

Partieron al amanecer.

Rheskan abrió el vínculo desde el oeste. Mostró un barco de casco bajo, el faro apagado y un convoy que preparaba placas en una estación costera. Había observado nuevas tropas acercarse desde Caleryon.

La cacería avanzaba hacia ellos.

Isolde envió una imagen de Kaoran inmovilizado, la barca y la ruta norte alrededor del faro.

Rheskan respondió con otra ruta por mar abierto. La eligió para sí.

—Darian dirige la escolta —dijo Isolde al leer la última línea del cartel.

Kaoran levantó la vista.

—¿Qué cambia?

—Conoce mis hábitos. Sabe qué me hacía quedarme cuando quería que lo escuchara.

Kaoran esperó mientras ella doblaba la orden. Isolde alisó el pliegue con el pulgar y lo abrió otra vez en la línea de captura con vida.

—Hace casi cuatro años que ninguno conoce a la persona actual —dijo—. Si quiere hablar, tendrá que dejarme elegir dónde.

—Primero averiguaremos qué lleva el convoy.

Isolde guardó el cartel junto al dibujo del faro. Le temblaba la mano; mantuvo las dos hojas extendidas sobre la rodilla hasta distinguir el camino entre las marcas.

La barca dejó Luzmer. Detrás quedaban canciones, dibujos y una declaración que ya viajaba por el reino. Delante esperaban el barco de Oeste-9, Rheskan y dos hombres que querían convertir una leyenda en prisionera.

La figura de ceniza siguió en la pared.

Nadie la firmó.