Cencella 5° (Saga Cencella 5) CAPITULO 01
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Cencella 5° (Saga Cencella 5)

Cencella 5° (Saga Cencella 5)

Por Andrea Pisani

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CAPITULO 01

A nthony acaba de confesarle sus sentimientos a Alice, mientras que Alexa totalmente ruborizada y aun sentada en las piernas de él, le acaricia los brazos, con sus ojos llenos de lágrimas lo mira y le sonríe tímidamente.

Es la primera vez que ella lo escucha decir que está enamorado de ella, su corazón late a toda velocidad.

—Ali, me encanta verte sonreír amor, no quiero que estés triste, nunca más —dice él, mientras que le limpia las lágrimas.

—Oti gracias… fue lindo que le hablaras en presente. Me hace sentir menos rara o loca.

—Siempre lo haré amor, y tú no estás loca. ¿Estás mejor? ¿Te sientes bien?

—Sí, estoy muy feliz... y todo gracias a ti.

—Te adoro tanto —susurra él, dándole besos en ambas mejillas—. ¿Quieres caminar en la playa?

—Bueno Oti, es que… yo pensé que quizá te gustaría conocer mi casa primero.

—Claro amor, me encantaría. No sabes cuánto pensé en eso… Desde que me dijiste que tenías una, yo solo me imaginaba este momento... ¿Recuerdas que me prometiste que me contarías porque tenías una casa? Aun no lo has hecho.

—Sí Oti, lo sé —replica ella, riéndose—. Tranquilo, que no lo olvidé. Te lo contaré ya mismo y después nos vamos para la casa.

—Bien… porque ya estoy deseoso de volver a conducir mi jeep —bromea él y ambos sonríen.

—Cómo te conté antes… yo entré a la universidad a los trece años, sé que para mi papá fue difícil dejarme ir al campus estando tan joven, y en realidad lo entiendo.

Durante el primer año, él me llamaba hasta dos o tres veces al día, siempre me insistía sobre lo mismo, quería saber si necesitaba algo para estar mejor o más cómoda.

Yo todas las veces le contestaba que no se preocupara, que en el campus estaba bien, que no me hacía falta nada más.

—Entiendo la preocupación de tu papá —añade él, acariciándole la mano—. Sígueme contando amor.

—Pues cuando cumplí catorce, él vino de visita —comenta ella, con una enorme sonrisa al recordar—, un día que caminábamos por Los Ángeles, nos paramos frente a una, y le dije: “Papá, algún día me compraré esta casa.” Un par de días después, él me pidió que lo acompañara a unas reuniones, me dijo que yo tenía que firmar unos papeles, yo pensé que eran cosas del seguro.

Oti, yo no leí nada y solo los firmé… al salir, mi papá me llevó de nuevo a esa casa que le mostré el día anterior.

Estábamos parados frente a ella, cuando él me dio una carpeta con el título y las llaves.

Ahí me dijo que era mía, que ahora tenía que buscarme otro sueño diferente por cumplir.

—Ali... ¿te compró la casa de tus sueños?

—¡Sí Oti! Sin duda fue uno de los mejores días de mi vida. Es que… mi papá es el mejor del mundo, él haría lo que sea solo por verme feliz.

—¡Eso es increíble! En verdad quiero conocerlo amor, lo que hizo fue asombroso y apenas tenías catorce años.

—En ese momento sí me puse muy contenta, pero…

después me sentí mal de que él gastara tanto dinero solo para hacerme feliz.

Ya sabes que no me gusta pedir nada —añade ella encogiéndose de hombros—.

Luego mi papá me explicó, que él invirtió todo el dinero que se ahorró con mi beca universitaria en comprar la casa y claro…

sé que es muy costosa, así que deduje rápidamente que también uso parte de sus ahorros, pero me insistió en que no me preocupara.

Oti… por eso es que trato de no pedirle nada y arreglármelas como puedo, intento resolver mis cosas sin depender de él porque ya hizo mucho por mí.

—Lo entiendo, igual te mereces esa casa y más, tu papá lo sabe y por eso seguramente lo hizo.

—Gracias Oti —susurra ella—. Esa es toda la historia de porque tengo una casa —agrega, tomándole la mano mientras que se levanta—. ¿Vamos?

Anthony sonríe mientras que se pone de pie, saca las llaves del automóvil del bolsillo de su pantalón emocionado y se las muestra.

—¡Sí! ¡Vamos!

Ambos comienzan a caminar tomados de la mano, cuando Alexa, quien va frente a él, gira hacia la derecha.

—Hey amor, el Jeep lo dejamos hacia el otro lado —comenta él, confundido.

—Ya sé, solo quiero que veas eso de ahí enfrente.

—Okey, muéstrame.

Caminan un poco, para luego detenerse, más o menos a cuatro metros de la banca.

—Necesito las llaves Oti —dice ella, extendiendo la mano.

—Ali no… ya acordamos que yo soy el que manejaría.

—Obvio que tú manejaras. ¿Cuántas veces tengo que decirte que odio manejar? —replica ella y ambos sonríen.

—¿Entonces para qué quieres que te de las llaves?

—Es para abrir la puerta de mi casa.

—¿De esta casa?

—Sí… a menos que quieras ir a conocer otra casa diferente a la mía —bromea ella, mientras que él entrecierra los ojos sonriéndole tontamente.

—Entonces… conozcamos tu casa —comenta él, sarcásticamente siguiéndole el juego, a la vez que le muestra el manojo de llaves—. ¿Cuál es la que dices que es la llave de la puerta?

—Esa Oti, la cuadradita.

—Amor… solo espero que nadie nos vea intentando forzar la cerradura —dice él, riéndose.

—Oti abre… tengo ganas de ir al baño desde hace rato.

—Okey… —añade él, mirándola con incredulidad—, pero te aviso, cuando suene la alarma, corres rápido. Yo no me detendré a esperarte.

Anthony introduce la llave en la cerradura y se sorprende cuando esta gira sin dificultad, de inmediato se voltea para mirar a Alexa.

—¡¿Qué?! ¡¿No era en broma?!

—Oti… termina de abrir, de verdad me estoy haciendo pis.

Anthony vuelve a girar la llave por segunda vez y finalmente abre la puerta.

—Amor… ¿de verdad es tu casa?

—¡Sí! —responde Alexa, a la vez que se quita los zapatos y corre hacia el baño—. ¡Oti! ¡Desactiva la alarma! ¡La clave es 339918!

—¡Qué! ¡Ay por Dios! —exclama él, sorprendido—. ¿Es en serio? ¿Dónde está la alarma?

Anthony termina de entrar a la casa, se voltea y nota la consola, ingresa la clave y la desactiva.

Justo ahí, observa que frente a la puerta de entrada, está colgada la misma foto que él tiene en su teléfono, esa donde Alice está sentada en la banca, y de pie a su lado, se encuentra Alexa.

En ese instante, él cae en cuenta que en realidad sí es la casa de ella, y se queda paralizado viendo la imagen.

—En serio me estaba orinando —comenta ella, regresando con él, cuando nota como Anthony está observando con detenimiento y algo conmovido la fotografía.

—Amor… ¿es la casa de tus sueños por qué está cerca de tu mamá?

—Sí Oti —responde ella, con un toque de tristeza en la voz—. Es que… yo solo abro la puerta, doy tres pasos y ya puedo sentirla. Además… esta es su playa favorita, desde antes que yo naciera, ella venia siempre con mi padre. Así que, quiero pensar que alguna vez ella soñó con vivir en esta casa.

—Amor, yo creo que sí lo hizo —murmura él, abrazándola—. Cualquier persona soñaría con tener una casa frente al mar. Es hermosa, te felicito, te la mereces.

—No digas que es hermosa Oti, aún no has visto nada.

—Okey, está bien. Entonces… hazme un tour —replica él, acariciándole el cabello

—Primero… una regla, tienes que entrar sin zapatos, porque es un dolor de cabeza limpiar arena por toda la casa a cada momento —comenta ella, y ambos se ríen—. Eso es algo que nadie piensa cuando sueña con una casa frente al mar.

—Tienes razón amor —añade él, mientras que se descalza—. ¿Qué otra regla tienes para mí?

—Ninguna otra, esa es la única Oti, de resto puedes hacer lo que quieras... Sígueme.

Anthony la toma de la mano con una sonrisa enorme en el rostro y empieza a caminar con ella

—Oti, es una casa de dos pisos, es angosta pero profunda.

Acá en el piso de abajo esta la entrada, a la derecha las escaleras para el segundo piso.

Después tenemos esta puerta que es una habitación —dice ella abriéndola.

y ambos entran—. Como puedes ver no la tengo habilitada como habitación, creo que los dueños anteriores la usaban para guardar equipos deportivos, tablas de surf, botes y esas cosas.

Ahora tengo son esas cajas con libros y cosas que tengo que donar cuando termine la universidad.

—Claro amor, ahí veo que quedaros unos estantes donde colocaban las tablas de surf, es genial... ¿Te subiste a una tabla alguna vez?

—Acostada sí, pero nunca me logré poner de pie. Es que hay que practicar mucho para eso.

—¿Pero tienes tabla?

—No, usé la de un par de chicos en la playa que tienen años viniendo, y ya nos conocemos de vista... ¿Tú surfeaste alguna vez?

—No, pero sin duda es algo que me encantaría intentar, así que no vayas a quitar esos estantes —declara él, sonriendo.

—Mmm, y yo que pensaba botarlos, es solo que no había tenido tiempo de quitarlos —confiesa ella.

—¡Qué! ¡No! ¿Estás loca? No los toques, déjamelos ahí —dice él, entre risas.

—¿Ahora no me vas a dejar botar las cosas que no uso? —inquiere ella, con una sonrisa.

—No —responde él, envolviéndola en un abrazo—. El hecho de que tú no lo uses… no significa que yo no.

—¡Ahhh! Es que los usaras —replica ella con sarcasmo, mirándolo fijamente a los ojos y perdiéndose en su mirada.

—Sí, ¿o donde piensas que pondré mi colección de tablas? —cuestiona él, dándole un beso en la punta de la nariz.

—¿Es que tendrás toda una colección? —insiste ella, viéndolo completamente enamorada.

—Claro, si me dejas amor… ¿lo harás? —inquiere él, haciendo puchero.

—Por supuesto —afirma ella, entusiasmada—. En verdad amo que quieras hacer algo en la casa para ti. Eso es tan lindo

—Ali… ¿de verdad estas emocionada o solo finges para complacerme? —cuestiona él, tomándole ambas manos.

—¡Qué! ¡Claro que no finjo! ¡Me ofendes! —exclama ella, haciéndose la indignada y él se ríe—. Oti, en serio me siento muy feliz.

—Qué bueno, porque yo también… Ahora no solo tengo un jeep, sino una casa en la playa —bromea él, causando que ambos se rían—. Y no cualquiera, es la más hermosa y especial de todo Los Ángeles —añade orgulloso.

Ambos salen de la habitación sonriendo y jugando tontamente a medida que avanzan unos metros.