Caso amor a primera caída (De amor y perros nº 6) 28 Tripp
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28 Tripp

No entiendo qué acaba de pasar.

Le estaba abriendo mi corazón, diciéndole finalmente las palabras que habían estado escritas en mi alma desde el momento en que miré su rostro cubierto de hojas en el bosque. Y luego, de alguna manera, todo se ha torcido y ella se está alejando.

¿«Todo lo que siempre he querido»? Todo lo que siempre he querido era ella. Y ni siquiera lo sabía. No puedo dejar que se marche.

—¡Anne Marie!

Está a lo lejos, subiendo la colina que lleva al prado que hay detrás del spa.

—¡Anne Marie! —vuelvo a llamarla, pero sigue caminando. Ni siquiera se da la vuelta.

—Si sientes algo por ella —dice un acento británico a mi espalda—, será mejor que vayas a buscarla.

Miro a Lizzie, clavado en el sitio, aunque mi corazón late a cien por hora.

—No lo pienses demasiado —me dice—. Pensar solo se interpone en el camino de lo que nuestro corazón sabe que es verdad.

Tiene razón. Pero ¿y si Anne Marie no siente lo mismo que yo creía?

Lizzie se aclara la garganta y se endereza.

—¡Venga, deja de mirarme como un mono descarado y ve a por esa chica!

—Sí —susurro—. A por esa chica. —Me doy la vuelta, pero Anne Marie ya está lejos—. ¡Anne Marie! ¡Espera! ¡Ya voy!

Al oír mi voz, mira hacia atrás, pero yo ya voy de camino hacia ella.

Mis pies se sienten ligeros con la energía que bombea por mis venas.

Voy a por todas. ¡Ha llegado la hora de que el amor gane el premio a mejor de la exposición!

Ni siquiera me importa lo cursi que me suena, porque voy a por ella.

Trotando, me acerco a ella, pero ella se dirige en línea recta hacia la dirección opuesta.

—Anne Marie, para. —Ella camina más rápido. Acelero el paso—. ¡Anne Marie! ¿A dónde vas? —Ahora está corriendo—. Anne Marie, deja que te lo explique. Deja que yo...

—¡Ya he dicho lo que tenía que decir! —grita ella, aún corriendo—. ¡Y lo he terminado por todo lo alto! ¿Por qué me persigues?

—¡No te estoy persiguiendo, estoy intentando alcanzarte!

—¡No puedo más, Tripp! Estás minando mi resolución.

—No deberías estar corriendo —le grito—. ¡Los otolitos! Vas a...

Demasiado tarde. El pie de Anne Marie tropieza con algo, lo más probable es que con su otro pie, y sale volando en plancha hacia el montículo de hierba. Aterriza con un golpe seco y rueda colina abajo.

Llego hasta ella, pero sus pies se enredan con los míos, y ahora rodamos juntos, como un ovillo de cuerpos hasta que aterrizamos en el fondo.

Su aliento me acaricia la cara. Estamos tan cerca que no puedo enfocar su rostro, pero puedo sentir su corazón latiendo en su pecho, directamente contra el mío.

—¿Qué estás haciendo, Tripp? —susurra, cerrando los ojos.

Me pongo en pie y le tiendo la mano.

—Estoy bien —dice, pero me coge la mano. En cuanto está de pie, se tambalea. Le pongo la mano en la cadera para ayudarla a estabilizarse.

—Anne Marie, intentaba decirte que antes me equivocaba.

—Tripp Lancaster nunca se equivoca —susurra ella, apartando la mirada.

—Nunca se equivocó... hasta que lo hizo. Y Anne Marie, estaba muy equivocado. Voy a dejarlo todo. La exposición canina, el programa de televisión, todo. Te quiero a ti.

—No puedes. —Sacude la cabeza tan rápido que vuelve a tropezar, y estiro los brazos para rodearle la cintura.—. Te arrepentirás. No puedes dejarlo todo por mí.

Le pongo las manos en las mejillas, sonrosadas y calientes.

—Anne Marie, lo dejo por mí.

Un leve grito ahogado escapa de sus labios.

Le paso los dedos por sus desordenados rizos rubios, quitándole algunos trozos de hierba seca.

—Me has hecho darme cuenta de por qué tengo que cambiar mi mundo. Mi vida está por delante, no por detrás, y cuando imagino mi futuro, solo te veo a ti en él. Quiero vivir ese sueño, Anne Marie.

Ella se muerde el labio.

—¿Te refieres al refugio?

Asiento, con una sonrisa asomando a mis mejillas sin pretenderlo.

—Por favor, Anne Marie, hazlo conmigo. Vivamos nuestros sueños, los tuyos y los míos. Porque he terminado de ir por libre. Así que sí, espero que quieras refugiar perros conmigo. Pero más que eso, Anne Marie —me acerco, mis labios rozando sus mejillas—, tú me has rescatado a mí.

Cierro los ojos, temiendo su reacción. Cuando los vuelvo a abrir, veo a la mujer de mis sueños sonriendo con más fuerza que el mismo sol.

—Tripp... —dice, pero no la dejo decir ni una palabra más.

Planto mis labios sobre los suyos, de la forma en que debería haberlo hecho desde el principio. Ella me rodea el cuello con los brazos y me devuelve el beso como si nuestro futuro dependiera de ello.

—Nos están mirando —dice, y sigo sus ojos colina arriba, detrás de nosotros, donde Dozer nos vigila atentamente. Se da cuenta de que lo miramos y sale corriendo a toda velocidad en nuestra dirección.

—¡Rápido! —grito y beso a Anne Marie de nuevo. Sus rizos me hacen cosquillas en la mejilla, y finalmente lo comprendo. No estoy renunciando a nada al dejar atrás la fama.

Estoy ganando todo lo que siempre he querido.