Caso amor a primera caída (De amor y perros nº 6)
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1 Anne Marie
El spa es un hervidero de actividad peluda. En todas direcciones hay aullidos, llantos, jadeos, lametones y el rítmico golpeteo de las uñas sobre el suelo de mármol.
En cualquier otro spa, esto sería la definición misma del caos. Pero en the Dog's Paw Dog Spa, no es más que otro día glorioso.
—Que alguien traiga a Patchouli. ¡Es el siguiente para el corte! —grita Rita desde el pasillo con su iPad en la mano.
—¡Ahora mismo, Rita! —respondo, cumpliendo con mi deber como la chica nueva—. Señor Patchouli, ¿le importaría acompañarme a la sala de peluquería?
Le tiendo la mano para invitarlo a pasar, y la dueña suspira aliviada mientras me entrega la correa.
—Buena suerte —dice ella—. No se le da muy bien caminar con humanos.
—¿No se le da bien qué...? ¡Vaya!
El schnauzer corretea entre mis pies, luego alrededor de mis pies y después sobre mis pies hasta que me deja bien enredada y tengo que agarrarme al escritorio de Rita para mantenerme en pie.
Me froto la cadera, que nunca ha vuelto a ser la misma desde el incidente. Pero volvamos al momento presente...
—Patchouli, veo que voy a tener que llevarte con la correa corta, y nunca mejor dicho.
Un champú por aquí, un paseo por allá y luego friego los suelos hasta que brillan como el Partenón (suponiendo que brillaran mucho antes de convertirse en ruinas y todo eso).
—Anne Marie —Rita me hace una seña—. Necesito tu ayuda en el centro de entrenamiento en cuanto termines de fregar la sala del veterinario. ¡Es urgente!
—¡Voy de camino!
Trote, trote, al centro de entrenamiento, con cuidado de no tropezar en los escalones irregulares que bajan al suelo de tierra de lo que antes eran terrenos ecuestres y que ahora están plagados de cachorros de todas las edades practicando sus ejercicios de agility.
Inspirando hondo y soltando un suspiro del tamaño de un San Bernardo, puedo decir con total sinceridad...
ME ENCANTA MI NUEVO TRABAJO.
—¡Presente, Rita! —Troto hacia ella.
—Quédate por ahí —señala el borde de un grupo de empleados—, porque creo que deberías oír esto, aunque solo sea tu segundo día oficial.
En ese preciso instante entra Miss Chardonnay, balanceándose sobre sus tacones de aguja. Ella dirige todo este lugar; principalmente el Chateau Rose hotel, pero the Dog's Paw siempre ha sido su «ojito derecho».
El juego de palabras me hace gracia.
Se contonea con cautela sobre esos tacones de casi ocho centímetros.
A mí ya me cuesta lo mío con zapatillas de deporte, así que no tengo ni idea de cómo mantiene el equilibrio con eso puesto.
Rita se apresura a colocar una alfombra al pie de los escalones para que sus tacones no se hundan en el barro.
Nota mental: nunca permitas que Miss Chardonnay se hunda en el barro. Parece algo que vale la pena recordar.
—¡Buen día a todos! —saluda con su encantador acento francés. Lleva su brillante pelo blanco recogido en un moño tirante, y sus pantalones de pernera ancha flotan como una nube a su alrededor. Es la viva imagen de la feminidad francesa, no es que yo sepa mucho del tema.
Veréis, Colorado es lo más lejos que he estado de Pine Oak Acres, Nebraska, en toda mi vida. Y apenas está a cinco horas de trayecto en coche.
No es que mis padres fueran protectores.
.. eran obsesivamente protectores. Aunque mi hermano mayor es el peor.
Me ha llamado y enviado mensajes al menos tres veces al día desde que llegué aquí.
Crecimos en una granja, una granja muy improductiva porque mis padres no tenían ni idea de lo que hacían, ya que insistían en que debíamos vivir de la tierra para ser autosuficientes.
¿He mencionado que mis padres eran hippies de la nueva era?
Básicamente, lo opuesto de Miss Chardonnay, que posa como si estuviera en una revista, apoyada en la barandilla de la pista de entrenamiento con una mano levantada como si estuviera llamando a un camarero.
—Estoy encantaaada —dice arrastrando las palabras— de que hayáis venido todos a esta sesión informativa tan importante antes del que probablement sea el periodo más relevante de la 'istoria de ze Dog's Paw.
Inhala con dramatismo.
—La Gran Exposición Canina Global aterrizará aquí en los próximos días, y espero que todos den lo mejor de sí mismos. —Escanea a los más de treinta empleados y todos nos ponemos un poco más rectos, yo incluida.
—¿Qué exposición? —le susurro a Rita, controlando la voz como una niña de párvulos que está a punto de salir al recreo.
—¿Qué exposición? —A Rita se le desencaja la mandíbula—. ¿No has oído hablar de the Great Global Dog Show? Pero si se televisa en catorce idiomas.
Miss Chardonnay continúa:
—Cuento con todos vosotros, con cada uno de vosotros, para que seáis el mayor apoyo que the Great Global Dog Show haya tenido en su trayectoria mundial. Incluso usted, señorita Nueva. —Miss Chardonnay me señala con un gesto grandioso de sus largos dedos.
Sé que tengo los ojos abiertos de par en par como un cervatillo.
Llevo la sonrisa pegada a la cara desde las ocho de la mañana de ayer, cuando me presenté para mi primer turno.
Me pongo de puntillas, en parte porque me cuesta contener este estallido de emoción y en parte porque me ayuda a gestionar mi problema.
Mi problema. Casi me había olvidado de él estos últimos días.
Esa es la belleza de estar rodeada de maravillosas bestias de cuatro patas, también conocidas como perri-u-pi-lla-os, también conocidos como cualquier no-humano que entra en the Dog's Paw Dog Spa.
Pero ahora me siento bastante fuera de onda. Y sé exactamente por qué.
—¿Cómo puedes ser una amante de los perros y no ver la Gran Exposición Canina Global anual? —pregunta Rita.
—Mis padres no tienen tele.
—Ah. —Rita asiente y, aunque me preocupaba que pudiera juzgarme por ello, no me da esa impresión en absoluto. Me da una palmadita en el hombro—. Tú sígueme el ritmo.
Se aclara la garganta.
—¿Miss Chardonnay?
—¿Sí, Rita?
—Me gustaría aprovechar esta oportunidad para asegurarme de que todo el mundo conoce la historia y la reputación de the Great Global Dog Show.
—¿Pero no es evidente? ¡Ha sido igual durante los últimos diez años, desde que empezó! —Miss Chardonnay levanta los brazos como si hasta el niño más tonto del planeta conociera los fundamentos de la Gran Exposición Canina Global.
—Aun así —continúa Rita—, por el bien de todos, permítame que les refresque la memoria.
—Sí, bueno —Miss Chardonnay retrocede hacia la escalera—, lejos de mi intención impedir que se refresquen.
—¡A todos, os presento a vuestra nueva subgerente, Rita!
Estalla un aplauso de todo el personal.
Así es como conseguí este trabajo. Han ascendido a Rita de recepcionista y yo me he hecho cargo de sus antiguas tareas, menos agradables.
No es que me importe ni un segundo. Limpiaré las perreras todo el día si hace falta.
Rita responde ante Lizzie, la gerente general británica, y Lizzie ante Miss Chardonnay.
Supongo que ayudó que, cuando Lizzie se golpeó la cabeza y perdió el conocimiento durante mi entrevista de trabajo, la llevé al hotel de al lado. Nada ayuda tanto a una solicitud de empleo como echar una mano, literalmente, a la jefa de tu futura jefa.
Ayer fue oficialmente el primer día y ha sido una locura desde entonces. Tuve una visita guiada a toda prisa y pasé el día aprendiendo a gestionar las citas en el iPad.
Hoy, la cosa se pone seria.
—¡Hola a todos! Es un placer veros a todos reunidos.
—Rita se pone al frente dando saltitos. Eso es lo que me encanta de Rita.
Todo lo que hace es con una sonrisa. A menos que esté planteando un punto serio, entonces pone cara de cavilación fruncida, que es lo que está haciendo ahora.
Se endereza—. Ahora que me han ascendido a subgerente, siento que es mi deber repasar no solo las reglas del certamen, sino también las directrices para the Dog's Paw Dog Spa durante este periodo.
Rita nos explica lo habitual: horarios de trabajo y que no debemos ir a The Chateau Rose —el hotel de lujo contiguo— a menos que se nos indique.
The Chateau Rose aloja a celebridades de todo el mundo y, con la gran exposición a punto de llegar a la ciudad, supongo que tendremos a la realeza canina en casa. Entiendo por qué Rita está preocupada.
Me pregunto qué haría si viera a alguien superfamoso paseando por el callejón que separa The Chateau Rose de the Dog's Paw...
Probablemente me asustaría, me olvidaría de cómo hablar y tropezaría de bruces contra los arbustos. Veréis, si giro la cabeza demasiado rápido, se me descolocan esos otolitos del oído interno... y me voy al suelo.
Todo ocurrió después de el incidente, el accidente que cambió mi perspectiva de la vida.
.. aunque yo no era más que una niña. Fue entonces cuando el médico me explicó que tenía cristales en la cabeza.
Como era una niña, me imaginé que los «otolitos» eran como diamantes.
Yo era la persona más rica del mundo porque me crecían diamantes en los oídos.
Pero luego empecé a tener pesadillas en las que la gente quería robarme los diamantes.
Me desperté llorando y mamá vino corriendo. Pensaba que estaba berreando por el trauma del incidente, aunque intenté explicarle que era solo por los diamantes.
No estoy segura de a qué edad aprendí que todo el mundo tiene otolitos en los oídos, pero fue entonces cuando cesaron las pesadillas.
Lo que pasa es que mis otolitos están un poco más sueltos que los de los demás.
Tienden a salirse de su sitio en los momentos más inoportunos después de un subidón de adrenalina.
Y cuando eso ocurre, todo el sentido del equilibrio se va por la ventana.
Apenas distingo dónde está el arriba y dónde el abajo.
No es lo ideal.
Y definitivamente no es algo que debas poner en una solicitud de empleo para el mejor puesto de todo el planeta.
Supongo que si consigo hacerme indispensable para the Dog's Paw, será más probable que pasen por alto la torpeza de mis achaques de mareo cuando ocurran; ya que es una cuestión de cuándo ocurrirán, no de si ocurrirán.
Veréis, no sé cómo funciona esto del trabajo... Este es el primero. Trabajé en la granja mientras estudiaba, pero ha llegado el momento de abrirme camino. Es lo que tenía que hacer.
Para disgusto de mi hermano mayor.
Papá y mamá no estaban entusiasmados, pero sabían que era el momento. Craig, sin embargo, era harina de otro costal.
Pero no dejaré que nada de eso me desanime ahora.
Solo me queda cruzar los dedos para que el mareo no me dé delante de nadie o, mejor aún, que espere hasta que llegue a casa con la señora McKenney.
A ella no le importa. Por otra parte, está casi ciega, así que nueve de cada diez veces no se entera de nada.
Me he vuelto muy experta en tropezar en silencio.
A menos que sea una caída estrepitosa... y eso ocurre a veces. Solo de pensarlo me duele un lado de la cabeza. Digamos que ahora solo tomo baños.
—Eso será suficiente por ahora —termina Rita—. Aseguraos de preguntar antes de dar nada por sentado. ¿Entendido? —Sonríe—. Prometo que habrá bolitas de chocolate para todos cuando esto termine.
Eso es recibido con vítores. Ayer pude probar una de las bolitas de chocolate de Rita. Fue su regalo de bienvenida por mi primer día, y estaba divina.
Además de conocer a cada perro que entra por la puerta, Rita es repostera en sus ratos libres. Esta mujer lo tiene todo bajo control.
Viniendo de mi pueblo de trescientos habitantes, yo también tengo mucho que aprender.
Hampton Hills no es exactamente una metrópolis; para la mayoría es un pueblo pequeño con cierto encanto histórico, pero para mí, el solo hecho de que haya más de cinco calles es suficiente para que dependa de mi aplicación de mapas para ir al supermercado para la señora McKenney.
—Oye —un hombre con una sonrisa amable se acerca—, tú eres la chica nueva, ¿verdad?
—¡Esa soy yo! La chica nueva, aquí mismo. —Me señalo el pecho con los pulgares y me doy cuenta de que parezco una boba—. Me llaman por teléfono, pero puedes llamarme Anne Marie.
Su sonrisa se ensancha y algo en él me recuerda a mi padre.
—Es un placer tenerte aquí, chica. De verdad necesitamos algo de energía que nos ayude a superar estas próximas semanas con la exposición.
—Se señala a sí mismo con los pulgares, y el gesto se siente más como un acto de solidaridad.
No hay ni un ápice de burla en este hombre—.
Soy Scotty, mantenimiento. Llámame si necesitas algo.
—Gracias, Pa... Scotty.
Cielo santo, por poco le llamo papá. Soy una mujer de veinticuatro años. Qué vergüenza.
Afortunadamente, creo que Scotty no se ha dado cuenta, ya que me dedica un último gesto de aprobación con el pulgar y sale del centro de entrenamiento.
—¡Anne Marie! —llama Rita y yo salgo corriendo—. Tengo un trabajo para ti.
Me reúno con ella y con una mujer muy alta y corpulenta.
—Esta es Nora, del turno de noche. Nora, Anne Marie, la chica nueva.
—Ah, sí. La chica nueva. —Nora asiente y entrecierra los ojos como si yo pudiera ser una espía extranjera disfrazada de chica nueva.
Rita no se da cuenta.
—Nora sacó a un grupo anoche para un entrenamiento sensorial, y sospecha que algunos podrían haber «dejado su marca» en los campos, si entiendes lo que quiero decir. —Se cruza de brazos y mira de reojo a Nora, aunque Nora no me ha quitado la vista de encima.
Me froto las manos:
—Ya veo por dónde van los tiros. Servicio de recogida de caquitas. ¡Me encargo yo!
Me giro para salir corriendo del centro, pero Rita me llama.
—Tu entusiasmo por tal servicio —se ríe de su propio comentario— queda anotado, pero por favor, coge la pala y el bolso multibolsillos para las caquitas. Está en el armario número cinco, junto al establo.
—¡Claro que sí, Rita!
—Nunca he visto a nadie tan feliz de recoger excrementos —dice Nora mientras salgo del establo—. Es peculiar.
—¡Pues entonces recoge tú misma lo de los perros la próxima vez!
Rita, saliendo en mi defensa. Ya me cae bien.