Capítulo 16
C ecilia suspiró mientras se sentaba en la sauna vacía.
Uno de los beneficios de viajar era quedarse en buenos hoteles pagados por la empresa, y este lunes había sido un infierno.
Había pasado todo el domingo sobreviviendo a una resaca causada por demasiados shots de tequila, y a primera hora de la mañana un chofer de la compañía los había llevado a ella y a Santiago directamente a la capital.
Intentó dormir un poco durante el trayecto, pero cada vez que lo miraba recordaba aquel pequeño beso y se preguntaba qué pasaría después entre ellos.
Él le había dado espacio tras del beso, pero sabía que se acercaba una conversación importante.
Ahora todo el papeleo estaba terminado, presentado y entregado al banco; solo necesitaban recibir una respuesta al día siguiente. Finalmente podrían descansar. Esperaba que todo el trabajo duro de los últimos meses valiera la pena.
Cecilia se recostó contra el banco de madera lisa, cerrando los ojos y dejando que el calor la envolviera.
La puerta se abrió y escuchó pasos suaves acercándose.
Se acabó la tranquilidad. Sus ojos se abrieron y vio a Santiago allí, vestido únicamente con una toalla.
Nunca lo había visto con tan poca ropa y casi se atragantó al contemplar la belleza de su cuerpo.
Se notaba que entrenaba todas las mañanas.
—Parece que tuvimos la misma idea —sonrió él.
—Pensé que tenías que quedarte más tiempo en el banco —dijo ella, confundida. Él la había enviado de regreso temprano, pues necesitaba revisar unas cláusulas solo con los abogados y ya no la necesitaban.
—Sí, pero nos invitaron a cenar después. Es solo una formalidad, y aprobarán los préstamos para construir la segunda planta —informó casi eufórico.
Ella notó que sostenía una botella de champán.
—¡Eso es increíble! —dijo, aliviada.
—Tenemos reservación en Ivy a las 8:00 p.m. —continuó—. Tenemos que prepararnos pronto, pero aún hay tiempo para un brindis.
Se sentó a su lado y su corazón dio un vuelco.
El calor de la sauna parecía intensificarse.
Por un momento, permanecieron en un silencio cómodo, bebiendo champán mientras el vapor se arremolinaba a su alrededor.
Hasta que él suspiró y se recostó contra la pared; Cecilia lo miró.
La luz suave de la sauna resaltaba sus abdominales definidos, y la boca se le hizo agua.
De repente se dio cuenta de que estaban completamente solos por primera vez desde que se habían besado.
Se preguntó si era el momento adecuado para retomar el tema.
Cecilia sabía que no debía, una vocecita en su cabeza le decía que era demasiado pronto para iniciar una relación nueva, pero el latido de su corazón ahogaba todas las voces.
—Deja de mirarme así o me vas a obligar hacer algo que nos expulse del hotel —declaró él.
—¿Y cómo te estoy mirando ahora? —preguntó Cecilia inocentemente, aunque sabía a lo que se refería.
—Como si quisieras que me quite la toalla y te ponga contra la pared, aquí mismo —se acercó un poco más, en silencio, buscando permiso.
—No solo aquí —respondió ella, descaradamente.
Eso fue toda la invitación que Santiago necesitaba. La besó con urgencia y deseo; se estaban besando en un lugar público y Cecilia se sentía más sexy que nunca en su vida.
—Eres perfecta —dijo Santiago.
Cecilia le devolvió el beso sin reservas; ya no había más contención, quería solo una cosa y era él.
Su mano acarició su pierna y su cuerpo se encendió; nunca había sentido tal necesidad antes.
La puerta se abrió y se separaron, alertados por el sonido: un hombre mayor entró y saludó.
Se miraron, con los rostros enrojecidos por el calor o el deseo, esperando que la niebla cubriera lo que casi hacían unos minutos antes.
—Deberíamos prepararnos para la cena —dijo Cecilia, y salió apresuradamente.