epilogo
La Casa Ravenmoor, veintiún años después de aquella madrugada de invierno, ya no goteaba en ningún rincón, ni tenía deudas, ni necesitaba disculparse ante nadie por el estado de sus tierras.
Prosperaba, año tras año, con la misma constancia inquietante que había empezado la noche en que Damian estrechó una mano fría entre los árboles retorcidos del Velo.
Damian Ravenmoor tenía ahora el cabello gris en las sienes, seis hijas vivas, tres tumbas en el cementerio familiar y una esposa, Theodora, que contra todo pronóstico y contra toda aritmética seguía respirando a su lado cada mañana.
Miraba a sus hijas de una forma que mezclaba un amor inmenso con un miedo que nunca había logrado apagar del todo, sin importar cuánto tiempo pasara.
Esa noche, la mansión se preparaba para una celebración que, en cualquier otra familia, habría sido motivo de alegría sin sombras: el vigésimo primer cumpleaños de Isadora, la primogénita, la que había cuidado a sus hermanas menores con una devoción que a veces le recordaba a Damian,
de forma dolorosa, a la propia Elara.
- ¿Estás bien, padre? - le preguntó Isadora esa tarde, encontrándolo de pie frente a la ventana de su estudio, mirando hacia la línea oscura de árboles que marcaba el límite de sus tierras.
- Solo pensando - dijo Damian, sin apartar la vista del Velo. En tu madre. En lo orgullosa que estaría de la mujer en la que te has convertido.
Isadora se acercó y le tomó la mano, un gesto que había repetido miles de veces a lo largo de los años, cada vez que sentía que su padre necesitaba un ancla contra algo que ella nunca terminó de comprender del todo, aunque siempre había sabido, desde niña, que había algo, una sombra, una deuda,
un secreto que pesaba sobre su familia de una forma que nadie le explicaba completamente.
- Padre. - Su voz se volvió más seria. Sé que hay algo que no me has contado. Sobre esta casa. Sobre por qué siempre miras hacia esos árboles como si esperaras que algo saliera de ellos.
Damian cerró los ojos un instante. Recordó la promesa que se había hecho, veintiún años atrás, junto a la cuna donde sus dos primeras hijas dormían: jamás mentirles, jamás dejarlas enfrentar solas ninguna verdad.
- Siéntate, Isadora - dijo, finalmente. Es hora de que te cuente sobre un trato que hice antes de que nacieras. Y sobre lo que significa, para ti, cumplir veintiún años en esta familia.
Afuera, más allá de la ventana, entre los árboles retorcidos que nunca perdían sus hojas, algo se movió en la oscuridad, paciente, como siempre lo había sido, después de veintiún años de espera y por primera vez en mucho tiempo, Nyx sonrió con algo que se parecía, genuinamente, a la anticipación.
El pacto, después de dos décadas de silencio, estaba a punto de empezar a cobrarse.
La historia continúa en Casa Ravenmoor: Sangre por Sangre, donde Isadora conocerá al hombre o a la criatura
que el pacto ha elegido para ella.