Cartas desde Dubái
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PRIMERA PARTE
Lo tenía todo, y lo perdí todo, hasta lo más preciado para un ser humano: su libertad.
Tenía un marido y dos hijos maravillosos, formábamos una familia feliz.
También tenía un trabajo excelentemente pagado y una prometedora carrera profesional.
Por no faltarme, no me faltaba ni el chalé con jardín y piscina, ni el coche de gama alta aparcado en la puerta.
Era una mujer con una vida que la gran mayoría consideraría perfecta.
Y ahora no tengo absolutamente nada, ni siquiera me quedan la ilusión y las ganas de seguir viviendo, no me quedan fuerzas para volver a empezar.
Tal vez algún día ya no me despierte llorando y deseando no estar viva, no lo sé; pero sí sé que nunca podré olvidar la pesadilla que he vivido estos últimos años…
E incluso puede que llegue el día en que recupere todo lo que he perdido; lo dudo mucho, pero podría ser.
De lo que no me cabe la menor duda es de que el miedo y la angustia ya nunca dejarán de ser los compañeros inseparables de mis noches.
A pesar de ser economista de profesión, siempre he soñado con ser escritora, pero ni en mis peores sueños pensé que acabaría escribiendo el escalofriante relato de mi propia vida.
Y, sin embargo, esto es lo único que os puedo ofrecer: la historia de lo que empezó como un cuento de hadas y acabó convirtiéndose, o acabé convirtiendo, en una novela de terror, que ojalá fuera pura ficción —no sabéis lo que daría por que fuera así—,
pero que por desgracia es la cruda y desnuda realidad, sin ningún tipo de artificio.
No sabía cómo empezar a contaros cómo se han desarrollado estos dos últimos años y medio en los que mi existencia ha dado un espeluznante vuelco de ciento ochenta grados, así que he decidido, para ser lo más fiel a la realidad posible y no dejarme nada en el tintero,
abriros mi corazón de par en par y compartir, tan solo modificando el estilo, las cartas, o más bien correos electrónicos, que durante todo este tiempo he estado escribiendo a Sara, mi amiga del alma, explicándole, entusiasmada al principio y aterrorizada después,
lo que comenzó como una nueva etapa vital e ilusionante —cuando tomé la decisión de mudarme a Dubái con mi marido y mis hijos—, y acabó en una oscura y polvorienta cárcel en mitad del desierto de cuya estancia durante varios meses no se me permite por ley entrar en detalles; espero que lo entendáis.
Os ofrezco mi historia y os la voy a contar tal y como sucedió.
No pretendo que me juzguéis, porque ya he sido juzgada y condenada, y yo misma me he declarado culpable.
Tampoco quiero redimirme a través de este libro, porque ni yo misma he podido, y sé que nunca podré, perdonadme.
Tan solo pretendo que leáis estas páginas y que cada uno extraiga sus propias conclusiones, para que una historia como esta no vuelva a repetirse jamás.
Lola Goizueta, Madrid, 14 de abril de 2016