40 - Ascenso vertical
Aprietas los dientes, con la adrenalina corriendo por tus venas, y tomas la decisión: la velocidad es tu única aliada.
Ante ti, la imponente cara de piedra de la montaña se alza, casi como una muralla vertical que desafía la gravedad.
La superficie es traicioneramente lisa, cubierta por un manto espeso de musgo húmedo y resbaladizo, y la niebla fría y densa, que se aferra a las alturas de la montaña, convierte cada agarre en una incertidumbre.
Con cada movimiento, sientes el frío húmedo de la piedra penetrar entre tus dedos, y el olor a tierra mojada y vegetación baja llena tus pulmones con cada respiración agitada.
Es una carrera contra el tiempo, pero, además, es una carrera contra los incas.
Ellos eligieron la ruta más larga y segura, pero tú lo apuestas todo a tu ruta, la más peligrosa, con la esperanza desesperada de alcanzar a tu pueblo antes que los invasores.
Cada centímetro que ganas es una victoria ardua, un desafío directo a la muerte.
El riesgo de un resbalón fatal está presente en cada movimiento, la niebla amenaza con oscurecer tu visión en cualquier momento, pero la urgencia de alertar a la ciudadela y la sombra de la persecución inca te impulsan hacia arriba.
Sabes que, si fallas, no solo tu vida estará en juego, sino también el destino del último refugio de tu civilización.
La pared es la frontera entre la esperanza y la aniquilación.
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