Capricornio encara a Escorpio Epílogo
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Epílogo

Carl no volvería a verse a sí mismo como un tío sin futuro. Aunque alguien se le plantara delante y se lo dijera a la cara; aunque criticaran su selección de revistas por su dudosa integridad periodística. No. Haría oídos sordos, lo dejaría pasar.

Regentaba su propia tienda de autoservicio.

Cubría todas las necesidades de sus queridos vecinos de Earnest Point —las diarias y las urgentes—, y a los lugareños les encantaba entrar y hacerle partícipe de los nuevos cotilleos del pueblo.

No solo tenía un trabajo estable, era su propio jefe, tenía amigos y familia; también tenía a Grayson, que había dejado Wellington para estar con él.

Que se había ganado enseguida el corazón de todo el mundo.

Que, entre una gran —y muy ecléctica— variedad de trabajos, siempre se dejaba caer en algún momento por la tienda para darle amor y regalar a los clientes un poquito de «exhibicionismo».

¿Podía su vida ser más emocionante?

Carl sonrió y pasó la página de la revista que estaba hojeando. Cora y él llevaban un rato leyendo los horóscopos y riéndose.

—Uy, mira, esto es verdad —dijo Carl, leyendo en voz alta—: «Un leo valiente vendrá de visita». Es cierto, él y su madre llegarán la semana que viene.

—Hablas tanto de ese chico… Es como si lo hubieras medio adoptado.

—Y, en cierto modo, lo he hecho. Me gustaría que me viera como el típico familiar divertido, su tío gracioso.

—El tío que se mete siempre en líos, más bien.

Carl la ignoró y siguió sonriendo.

—Lee el de Grayson —le pidió Cora, frotándose las manos con entusiasmo—. A ver qué dice sobre tu hombre.

Carl alzó la revista de forma teatral y se aclaró la garganta.

—Escorpio: perdida y locamente enamorado de su novio capricornio y destinado a quererlo toda la vida.

Cora se echó a reír, negando con la cabeza.

—No pone eso.

—Podría ponerlo y sería verdad —la voz llegó desde la puerta, y Carl se giró para ver entrar a Grayson.

Parpadeó varias veces. Luego negó con la cabeza. Era irreal. De verdad que lo era. ¿Cómo era posible que la luz del sol pareciera iluminarlo solo a él como en una especie de aura?

Menos mal que Grayson se había mudado allí y había dejado atrás a su fándom de Wellington. Bastante trabajo tenía ya tratando de hacerle saber a todo el pueblo que aquel hombre era suyo. Se le estaban quedando los labios secos de tanto repetirlo.

Cora le arrebató la revista.

—Yo ya me voy.

Pasó junto a Grayson dedicándole una enorme sonrisa y su chico se la devolvió, diciéndole que se pasara a cenar esa noche.

A Carl se le desbocó el corazón, hasta notó el pulso acelerado en la garganta. Lo fácil que le había resultado a Grayson encajar en el pueblo. Lo a gusto que estaban allí.

Cuando Cora salió, la mirada oscura de Grayson se clavó en él y Carl saltó por encima del mostrador —la parte de atrás de su camisa de franela levantándose al vuelo—y se lanzó a sus brazos abiertos.

Pero el abrazo —su placaje, más bien— fue más entusiasta de lo que habían previsto y Grayson perdió el equilibrio.

Ambos se cayeron y aterrizaron en el suelo entre carcajadas.

Carl miró a su hombre con total y absoluta fascinación; todo el cuerpo le vibraba por la risa de Grayson contra su cuello.

—Destinados a estar en esta postura desde el primer día —murmuró Grayson.

—Cada caída forma parte del viaje.

Grayson se incorporó un poco y besó a Carl con dulzura.

—Y mira dónde hemos acabado.

—Felices. En casa.

—En nuestro hogar.

FIN

¿Listo para empezar otra serie de combustión lenta? Tres romances gays dulces y cozy te están esperando… ¡Sigue leyendo el primer capítulo de Amor y familia #1: Cuenta conmigo!