Capitán Hector (Hombres de la ley 2) Capítulo 21
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Capítulo 21

Manuela había hecho un excelente trabajo de investigación, que era competencia de la policía civil, después de nuestro asalto al caserío.

Sin embargo, ambos estábamos conmocionados por nuestro apartamiento del caso. Al salir del despacho de Alexia, nos dirigimos a una cafetería cerca del DEIC, donde nos sentamos en una mesa apartada y con privacidad.

—¿Y ahora qué vamos a hacer? —preguntó Manuela.

—No creo que debamos dejar de investigar. No sé si, ante tanta presión, nuestros sustitutos seguirán el caso hasta las últimas consecuencias. Seguro que nombrarán a profesionales más políticos, y aquí hay demasiado en juego… demasiada interferencia e intereses de gente poderosa.

—Coincido. Y no pienso soltar el hueso.

—Entonces, ¿te acusaron de corrupción? —pregunté, intrigado.

—Cosas del oficio; somos sospechosos hasta que se demuestre lo contrario —Manuela se encogió de hombros—. Yo misma supervisé la incautación del dinero; no se desvió nada. Aquel hijo de puta solo quería poner en duda mi profesionalidad, aconsejado por su abogado.

Manuela guardó silencio mientras el camarero dejaba en la mesa un plato de aperitivos y dos cañas.

Estábamos fuera de servicio debido a nuestro turno de la noche anterior.

Haber ido a ver a Alexia había sido una deferencia, una muestra de compromiso.

Nada nos impedía beber en público; además, aquella tarde bochornosa pedía a gritos una cerveza para relajarnos después de una reunión tan tensa.

—Simplemente me jodió que Alexia desconfiara de mí.

A mí también, pero no podía ser tan egoísta como para perder la razón otra vez.

—Está bajo una presión enorme: las amenazas, la situación de Laurita, a la que ya conoces… Alexia está pensando en adoptarla, y jamás se la entregarían a alguien que esté viviendo un momento como este.

—Vale, si tú lo dices… —Manuela bebió varios tragos, casi vaciando el vaso. Permanecimos en silencio unos segundos. — ¿Cuál es el siguiente paso? —preguntó, rompiendo el clima tenso.

—Descubrir quién es el Joker y meterlo entre rejas. Estoy seguro de que sigue vivo —respondí.

Aquello nos incomodaba muchísimo. La comisaria insistía en que había treinta personas en el caserío, pero solo se habían encontrado veintinueve cuerpos.

La carta de amenaza dirigida a Alexia estaba firmada por el Joker, aunque también podría haber sido enviada por cualquiera, dado que aún no teníamos identificada su verdadera identidad.

¿Quién era el líder de aquella banda? Aquello me quitaba el sueño. En mi juicio, la persona que había escapado solo podía ser él.

Me irritaba sentir que siempre estábamos dos pasos por detrás y, sin grandes pistas, yo no podía afirmar si la operación había causado bajas suficientes para detener los ataques o si aún nos esperaba algo grande.

—¿Estás conmigo en esto? Si descubren que seguimos investigando, puede significar el fin de nuestras carreras —volví a mirarla, decidido.

—Estoy contigo —respondió sin dudar.

Pedimos otra ronda de bebidas y solo nos despedimos una hora después. Manuela dijo que prepararía los informes y los documentos para entregárselos a su sustituto, pero que sacaría copias de todo, y que hablaríamos más tarde.

A la mañana siguiente, al llegar al batallón del GATE, fui llamado por mi comandante, quien me informó de manera directa que no solo estaba apartado de la Fuerza de Tarea, sino que otro capitán asumiría mi puesto de forma integral, como medida provisional mientras el proceso investigativo estuviera en curso.

Si yo quisiera, podría continuar en actividades administrativas; ese era el protocolo mientras no fuera oficialmente suspendido, diferente de Manuela, que solo había sido retirada de la fuerza de tarea y continuaba con las otras investigaciones.

—Transfiera al capitán Xavier todo lo que tenga sobre este caso y, después, tómese unos días de permiso. He visto en su ficha que tiene días acumulados —fue la última orden que recibí.

—Sí, señor. —Me levanté de la butaca y, después de saludar, me dirigí al diminuto despacho que, como capitán, me correspondía, donde encontré al capitán Xavier ya esperándome.

No tenía nada contra Xavier… tampoco nada a favor. Era dos años más joven que yo y llevaba apenas seis meses en el GATE. Según los rumores que corrían por los pasillos, había conseguido la plaza no por mérito, sino porque su familia tenía ciertos contactos políticos.

Pasé el resto de la mañana instruyéndolo sobre la investigación del Joker y orientándole para que trabajara en sintonía con la Policía Civil.

—El problema es que te sometiste demasiado a los paisanos —soltó, refiriéndose al otro cuerpo policial—. En la policía civil hay gente con fama de corrupta, y tu amiga Manuela tiene el culo prieto —no perdió la oportunidad de burlarse.

—Capitán, creo que hemos terminado. Si vuelve usted a calumniar a funcionarios públicos en mi presencia, le daré voz de arresto in fraganti —dejé clara mi irritación, dando a entender que la reunión había concluido.

Xavier, con el rostro rojo de rabia y vergüenza, salió de mi despacho, pero antes de que cruzara la puerta lo llamé.

—Capitán, soy más antiguo que usted en la Policía y en el GATE, por lo tanto, soy su superior jerárquico.

Usted me debe obediencia y respeto; así que, al salir de mi sala, haga lo que manda el reglamento o abriré una investigación interna por desacato —avisé con voz dura.

Aún más rojo, clavó las botas en el suelo de cemento y ejecutó un saludo rígido.

—Permiso para retirarme, capitán —pidió.

—Permiso concedido, capitán —respondí con un medio saludo, y él dio media vuelta y salió de la sala.

Si la identificación del Joker dependiera de él, el Estado estaría jodido. ¿Pero no era justamente eso lo que querían? ¿Alguien que jugara el juego político hasta que la temperatura bajara?

Pasé el resto del día entre entrenamientos y poniéndome al tanto de investigaciones militares en curso. Lo único que no quería era tomarme días libres y quedarme ocioso pensando en Alexia.

Llegué a casa al comienzo de la noche. Tras una ducha larga, me tumbé en el sofá intentando concentrarme en algún programa de televisión, pero, inquieto y sin conseguir dormir, llamé a Manuela para saber quién asumiría su lugar en la investigación.

Al responder, oí una voz entusiasmada al otro lado.

—Has leído mis pensamientos, capitán. Necesitamos hablar, ¿puedes venir hasta aquí?

Sin pensarlo dos veces, salí de mi apartamento y fui al piso de la comisaria, esperando que las noticias fuesen realmente buenas, ya que los titulares de esta mañana no hacían más que atacar la actuación del GATE.

Aparqué en la primera plaza libre que encontré y me anuncié en la portería. Manuela vivía en un apartamento de dos dormitorios, un piso pequeño pero decorado con buen gusto.

Me recibió en la sala de estar. Vestía vaqueros y una camiseta polo de la Policía Civil. Su arma estaba sujeta en una funda en la cintura. Sentados en el sofá había cuatro investigadores de su equipo, a quienes ya conocía; se levantaron para saludarme, todos vestidos igual.

—¿Vais a alguna operación? —pregunté, intrigado por ver a los policías civiles allí.

Los móviles incautados fueron enviados a peritaje, que logró romper las contraseñas de protección y recuperar conversaciones borradas en las aplicaciones.

Un trabajo que podría tardar semanas se hizo en pocos días, porque había un interés total del gobernador en cerrar cuanto antes aquel escándalo, dándole un desenlace, ya que también podía resultarle políticamente útil para una posible reelección.

—Como te dije que haría, analicé las copias que saqué del caso. Independientemente de la línea que siga mi sustituto, yo ya tengo la mía, y tenemos mucho que investigar, capitán.

Siempre había un interés político por detrás, pero al menos, en este caso, el interés nos estaba llevando hacia algo positivo.

—¿Tu sustituto va a dar continuidad a algo?

—¿Quién? ¿Moraes? Es un inspector al final de su carrera, solo quiere contar los días que le quedan para la jubilación. No está para meterse en líos —rió con desprecio, como si le importara muy poco haber sido apartada del caso—. ¿Y el tuyo?

—Un idiota, capaz de dispararse en el pie si desenfunda la pistola. —los investigadores rieron la broma.

—¿Tenemos algo nuevo de la investigación de la autonómica?

—Mucho del material incautado, además del contenido de los mensajes de los móviles de los que estaban en aquel cortijo, nos da pistas de que el Joker no confiaba en sus subordinados.

—¿Cómo así?

—Nunca les enseñó la cara. Los contactos preliminares se hicieron por teléfono, a través de un miembro de alto rango del Comando Criminal que garantizó la seriedad del Joker.

Pero en las reuniones siempre acudía con el rostro cubierto y jamás dio su nombre verdadero.

Sin embargo, hubo algo que me llamó la atención: había conversaciones que afirmaban que el Joker era protegido del Monstruo, uno de los líderes del Comando Criminal.

—El Monstruo era un líder fuerte dentro del Comando, pero está muerto —recordé a todos.

—Sí, lo está, pero no su reputación. La lealtad hacia él fue heredada por quienes eran de su confianza.

—Lo que significa que puede estar aprovechándose del poder que heredó —especulé—. Esa conexión entre el Joker y el Monstruo tiene que darnos más pistas.

—Aún estamos analizando los datos, pero cruzando la información creo que podremos acercarnos.

—Entonces no tenemos nada realmente concreto —no contuve mi frustración.

—¿No te parece extraño que estemos siendo bombardeados por nuestro propio Secretario de Seguridad?

—Y por la Diputada también... Su partido es pequeño, ¿qué interés puede tener en hacer tanto ruido? ¿Solo las elecciones?

—Bueno, ese es su papel, quizá con algo de exageración. Su base de apoyo es la gente de derechos humanos —explicó Manuela.

—¿Qué estás sugiriendo?

—Creo que estamos siendo saboteados por el gobierno.

—¿A cambio de qué?

—No lo sé, pero pienso averiguarlo. Recibí un soplo de un informante sobre una cena a la que asistirá el secretario, una cena que no figura en su agenda oficial. Pienso aparecer por allí para ver con quién se reúne.

—Eso es espionaje. Eres consciente de las consecuencias, ¿verdad? ¡También es motivo de expulsión de la policía!

—Quiero saber por qué me quieren quemar. Si tú no tienes el mismo interés, puedes marcharte —cerró su expresión de golpe.

Lo que ella no sabe es que yo estoy incluso mucho más interesado que ella; no he llegado hasta aquí para saltar de este barco ahora, y voy hasta el final, cueste lo que cueste.

—Jamás dije que me quedaba fuera, solo pregunté si tienes claro cuáles son las consecuencias, porque yo ya no tengo nada que perder. Estoy listo.

—Vale, entonces ya vamos con retraso. El lugar es público y no creo que tengamos problemas. Solo necesito cambiarme, estar presentable para una noche relajada, y tú… estás perfecto con esos vaqueros y esa camiseta negra. Eres elegante en cualquier ocasión —dijo ella, entusiasmada.

—Perfecto, vamos a arriesgarnos. Fuera de servicio, a nadie le importa si tengo una noche romántica con una compañera policía o no.

—Ni la tuya gatita fiscal?

—No contigo. Además, quiero entender muy bien qué está pasando, porque con la evidencia de que un individuo escapó en la operación del cortijo, solo podemos creer que hay un infiltrado —cosa que veo difícil— o que alguien del alto mando está de su lado. Necesitamos empezar a ir un paso por delante.

—¿Tú crees que Alexia…? —empezó a especular, pero no terminó la frase.

—Hoy en día, es difícil confiar incluso en nuestra propia sombra.

—Da igual. No sé hasta qué punto Alexia y su equipo están implicados, o incluso el doctor Junqueira —se refirió al equipo que nos daba apoyo—. Así que relájate, capitán, esta noche solo vamos a cenar. Yo solo necesito un vestido.

Manuela estaba decidida a llegar hasta el final para demostrar que en su conducta no había corrupción.

Yo… hacía mucho que había dejado de pelear para demostrar que yo tenía razón.

Sabía que ahora hacía todo esto por la seguridad de Alexia, y no por mí. Ninguno de los dos creía realmente que Alexia estuviera del lado equivocado de esta guerra, pero no podíamos tener esa misma certeza respecto de cualquiera de nuestros superiores.

Cuando volvió al salón, estaba muy distinta a su aspecto habitual. El pelo alisado y un vestido formal; el maquillaje le daba un aire elegante.

—¿Listo para ser mi “novio” por una noche? —preguntó, animada.

—Claro. Vamos a entender de qué va este encuentro. ¿Adónde vamos?

—A un restaurante de lujo en la zona oeste.

Fui con Manuela en mi coche y, detrás de nosotros, una patrulla camuflada con sus investigadores. Llegamos a un restaurante de alta cocina, y la recepcionista fue lo bastante amable como para conseguirnos una mesa, aunque no tuviéramos reserva.

Entramos en el lujoso salón lleno de clientes bien vestidos, mientras los camareros circulaban con bandejas. Nos sentamos en una mesa en un rincón, no muy bien situada, pero lo bastante buena para poder observar todo el local.

Y enseguida me sorprendió una escena: dos señores degustando vino, con las demás sillas de la mesa aún vacías.

Era el Secretario de Seguridad Pública del Estado de São Paulo.

—El señor secretario, a cuarenta y cinco grados —avisé a Manuela.

—¿Qué hace él aquí? —abrió los ojos, y enseguida volvió a recomponerse—. Mira quién está llegando.

—¿Casualidad o algo planeado? Esta vez era mejor que yo me mantuviera tranquilo y aún más discreto.

—Dios mío… es la Diputada Claudia Piva, y va directa a la mesa del secretario. Totalmente premeditado, capitán. ¿Qué tienen para hablar?

—Tenemos que salir de aquí antes de que nos vean, Manuela —dejé algunos billetes sobre la mesa para pagar los zumos que habíamos pedido y que aún no habían llegado.

Le dimos una excusa a uno de los camareros, que nos sorprendió levantándonos, diciendo que acabábamos de recibir una llamada por una emergencia familiar, y abandonamos el salón.

—Necesitamos investigar al secretario y a la Diputada —dijo Manuela discretamente por radio a sus investigadores—. Ahora más que nunca, este asunto tiene que ser confidencial. Necesitamos hablar con Alexia.

—Estamos… algo distanciados —preferí no entrar en detalles—. Quizá no sea el momento de hablar con ella.

Aquella exclusión me hizo un nudo en el estómago, pero era lo mejor.

Si Alexia estaba haciendo su trabajo al abrir una investigación sobre las muertes en la finca, y yo necesitaba comprender que era solo su labor, ahora sería ella quien tendría que entender que, esta vez, investigando clandestinamente con Manuela, era mejor que no estuviera implicada, o acabaría involucrada también.

A menos que Alexia supiera algo más y no nos lo estuviera contando.

No… no quiero llevar mis sospechas por ese camino.