Epílogo #2
—¿Qué esperabas?
Carter se encogió de hombros.
—No sé, ¿gogós en suspensorio, quizá? ¿Con sticks ? ¿O tal vez una escultura de hielo con la forma de Hunter?
Era cierto que la fiesta en honor de Scott Hunter parecía consistir en que Scott estuviera allí esa noche, pero, aun así, era agradable.
—Voy al baño —le dijo Scott a Kip—. Enseguida vuelvo.
Unos minutos más tarde, mientras se abría paso entre la multitud para volver con sus amigos, miró a su izquierda y vio a un hombre alto y en forma apoyado de forma elegante contra una columna, justo fuera de la zona vip.
Scott tardó un momento en reconocerlo y, cuando lo hizo, no podía creer lo que veían sus ojos.
—¿Rozanov? —preguntó.
Ilya Rozanov sonrió sin mucho esmero mientras Scott se dirigía hacia él.
—¿Qué haces aquí? —gritó Scott por encima de la música.
Rozanov se encogió de hombros.
—Quería ver cómo era la fiesta temática en honor de Scott Hunter. No es tan mala como esperaba.
Scott resopló y negó con la cabeza.
—¿De verdad has venido a un bar gay en Las Vegas para reírte de mí?
Rozanov ignoró su pregunta y, en su lugar, hizo un gesto con la mano en el aire y dijo:
—Entonces ¿este eres tú ahora?
Scott no estaba muy seguro de lo que quería decir, pero asintió con la cabeza.
—Este soy yo. O sea, este siempre he sido yo. Pero ahora sé… mostrar mejor quién soy.
Rozanov pareció meditarlo.
—Es bueno. Lo que has hecho. Será bueno para… otros.
Había algo en los ojos de Rozanov que llamó la atención de Scott. Nunca había visto esa mirada en su rostro. ¿Era eso gratitud, quizá?
—Eso espero —dijo Scott.
Rozanov mantuvo la mirada fija durante un segundo más y luego apartó la vista.
—Estoy aquí con algunos de los chicos —dijo Scott—. De mi equipo, quiero decir. ¿Quieres, eeeh, unirte a nosotros?
Scott sabía que Rozanov se esforzaba por aparentar que le daba igual, pero, tal y como Scott imaginaba, aceptó la invitación.
—¡Eh! ¡Ha vuelto la estrella de la fiesta en honor a Scott Hunter! —exclamó Carter—. ¿Y qué coño hace este tío aquí?
Rozanov sonrió con ironía y saludó.
—Lo he invitado a que se viniera con nosotros —dijo Scott. Le lanzó una mirada cargada de significado a Carter con la que esperaba que lo dejara estar.
Carter lo dejó estar, salvo por algunas miradas desconfiadas que le lanzó.
Todos se sentaron y hablaron lo mejor que pudieron por encima de la música.
Carter pidió varias botellas de bebidas pijas y, al poco rato, Scott se sintió muy relajado y tranquilo.
En menos de una hora, Kip estaba acurrucado contra Scott en el sofá y hablando con Bennett, Gloria estaba sentada en el regazo de Carter y hablando con Huff, y Matti charlaba animado con Rozanov.
—Bajemos —le susurró Kip al oído a Scott—. Quiero bailar contigo.
Scott asintió y se levantó.
—Vamos a… —dijo al grupo, pero a nadie pareció importarle que se marcharan.
En la pista, se quedaron a un lado y el ritmo de la música retumbaba en el cuerpo de Scott.
Kip se apoyó contra una columna, con las manos detrás de la espalda arqueada y la cabeza inclinada hacia arriba, invitándole.
Estaba tan puto sexy, mirando a Scott con esos ojos oscurecidos mientras las luces de colores de la discoteca jugaban sobre su cara.
Scott apoyó una mano contra la columna y se inclinó, empujando a Kip contra él y comiéndoselo.
A sabiendas de que estaban en público. A sabiendas de que la polla se le estaba hinchando en los pantalones, marcando un bulto que cualquiera podría ver.
A sabiendas de que Kip también se estaba excitando.
—No puedo controlarme cuando te veo así —le susurró Scott al oído a Kip.
—Ven a bailar conmigo —le respondió Kip en voz baja.
Scott lo besó debajo de su suave mandíbula y a Kip le dio un escalofrío.
Kip se había afeitado esa noche y la piel suave contribuía a que tuviera un aspecto más inocente.
Rozaba lo femenino, excepto por la voz grave y el acento de Brooklyn y por la dureza con la que presionaba la cadera de Scott.
La música estaba alta, retumbaba con firmeza. La enorme pista de baile estaba llena de hombres y muchos de ellos eran atractivos. Pero Scott no miraba a ningún otro que no fuera al que lo llevaba de la mano.
Estaba aterrorizado y emocionado, mentalizándose como si fuera a jugar un partido, aislándose de todo lo que lo rodeaba. Centrándose en el objetivo.
Kip encontró un lugar entre la multitud y se volvió hacia él. Había tanta gente que estaban apretujados, así que Kip rodeó con los brazos el cuello de Scott y le sonrió. Scott le devolvió la sonrisa, le puso las manos en la cintura e intentó seguir los lentos movimientos de Kip con torpeza.
No tardó mucho. Al cabo de un minuto, Scott se perdió en la forma en que Kip movía el cuerpo, en la forma en que los dedos se abrían paso entre el pelo de Scott y el intenso calor de sus ojos. Scott se movió con él y fue fácil. Dejó de lado los nervios y se permitió sentir el ritmo.
Scott nunca se había drogado en su vida, pero imaginaba que debía de ser algo parecido a eso.
El torbellino de luces y los bajos atronadores, el calor sofocante de la discoteca y el fuerte olor a sudor y hielo seco que se le quedaban metidos en la cabeza.
El efecto embotador del alcohol, que le nublaba el pensamiento y le provocaba una euforia relajada.
La oleada de excitación que le recorría cada parte del cuerpo. La emoción de lo que le esperaba.
Kip debió de ver todo eso en la cara de Scott, porque dejó de moverse y se inclinó para rozarle la oreja con los labios.
—¿Dónde estás?
Scott tragó saliva y giró la cabeza para responder.
—Justo aquí.
Kip echó la cabeza hacia atrás y Scott le dio unos besos ardientes y apasionados debajo de la mandíbula. Le agarró el culo con pasión y juntó su cuerpo contra el de él. Podía sentir el corazón de Kip latiendo con fuerza contra el pecho y en el pulso bajo la lengua.
Notó las manos de Kip deslizarse bajo la camiseta. Sabía que tenía la piel húmeda por el sudor. Kip se inclinó y lo besó. ¿Seguían bailando o tan solo se estaban besando en medio de un montón de gente? A Scott le daba igual.
Era una locura. Estaban en público, fuese o no un lugar seguro, y Scott se sentía fuera de control total. Necesitaba salir de allí o aceptar el hecho de que iba a follarse a Kip contra una pared delante de dios y de Ilya Rozanov.
Kip dio un paso atrás y se rio.
—Tranquilo, mi amor. Tendremos tiempo de sobra para eso más tarde.
Al menos eso fue lo que Scott creyó oír. Era difícil entender algo con la música y la necesidad ardiente que le invadía.
Levantó la vista hacia la mesa vip y vio a Carter, Bennett y Huff inclinados sobre la barandilla, sonriéndole. Eso lo calmó. Kip se volvió y les hizo un gesto para que se unieran a ellos. Minutos más tarde, la mesa estaba vacía y todos estaban juntos en la pista de baile.
Carter bailaba muy pegado a Gloria, y Scott sonrió para sus adentros al ver lo obvio que era que quería que todo el mundo tuviera claro que él estaba ahí con una mujer.
No pasaba nada. Carter estaba allí, y Scott lo agradecía.
Eric bailaba solo, ajeno a los chicos que intentaban entablar conversación con él, y parecía estar disfrutando mucho.
Huff se movía con cierta torpeza y parecía que se estaba alejando poco a poco de la pista de baile.
Matti, en cambio, bailaba tan pancho con cualquiera que se le acercara.
Scott estaba bastante seguro de que era heterosexual, pero sin duda era un buen compañero.
Y Scott no tenía mucha experiencia en discotecas, pero la forma en que Rozanov se movía con los hombres con los que bailaba parecía mucho más deliberada y ensayada que la de alguien que solo intentaba entrar en el ambiente de la fiesta.
Ajá.
Quizá no fuera muy impresionante en cuanto a tamaño, pero ese pequeño grupo de resistencia formado por jugadores de hockey que habían decidido unirse a Scott aquella noche parecía una revolución.
Hacía un año —y un mes, qué cojones—, Scott nunca habría imaginado que esa situación pudiera suceder.
En un club gay con sus mejores amigos, sus compañeros de equipo, su novio y, eh, Ilya Rozanov.
Bailando. Riendo. Celebrando su orientación sexual en lugar de ocultarla. Era surrealista y maravilloso.
Kip le levantó la barbilla y Scott lo besó porque lo amaba y le encantaba estar allí con él y ya no tenía nada por lo que temer.
—Estás feliz —dijo Kip.
Scott apoyó la frente contra la de él.
—Me siento invencible en este momento.
—Yo también. Cambiemos el puto mundo.
Scott lo besó con fuerza, porque Kip había descrito justo cómo se sentía.
—Sí —dijo.
—Hagámoslo.