Caso 14
Lo que su hijo deseó
Su madre era de piel morena, chiquita de estatura, tetas redondas y duras, culo bien proporcionado y amplia sonrisa. Le quería mucho, pues era su único hijo y se desvivía por él.
Vivían en un departamento muy humilde, un cuarto, que compartían. Dos camas, una a cada lado del cuarto. Un saloncito, con una tele vieja. Una cocina, estrechita pero que daba para hacer algún guiso y comida rica. Y estrecho baño, donde apenas cabían dos.
A su padre nunca le conoció y cuando él preguntaba a su madre esta cambiaba de tema.
—Ya me tienes a mí, ¿no? —le decía.
Ella trabajaba como servicio de una casa de gente adinerada y él estudiaba, con la esperanza de algún día poder salir de sus penurias económicas.
En su casa no existían los lujos, tampoco se malgastaba en baratijas, el dinero se les iba en su mayor parte en comer, en pagar el alquiler y los estudios de él.
Próximo estaba su dieciocho cumpleaños, cuando un día en la playa estaban.
—¡Ay, no mames! —dijo su hijo.
—¡Oye, no seas mal hablado hijo! Cuantas veces tengo que decirte que la gente de bien no habla asín —protestó su madre.
—Es que aquellos son Gabriela y Darío, dos compañeros de clase ma, son novios —se lamentó su hijo.
—¿Les conoces? —preguntó su madre a su lado mientras se resguardaban del sol bajo la sombrilla.
—Sí má, ya lo sé, son la pareja de moda de la clase. Ella es… —dijo su hijo, incapaz de terminar la frase.
¿Cómo le iba a confesar que era su amada? Su amada en sueños, claro, donde todo es posible y nada cuesta ni esfuerzo ni dinero.
—Vaya, ella es bien bonita, rubia alta y tiene un cuerpo bien proporcionado. Él tampoco está mal, hacen muy buena pareja creo —dijo su madre en voz alta mientras la pareja “de moda” como había dicho su hijo, paseaban por la playa y cada vez estaban más cerca.
—Sí ma, ella es tan bonita… —suspiró su hijo.
—¡Ay, tú lo que estás es enamorao! —dijo la madre soltando una risotada.
—No má, la gente como ella no se fija en los pobres como nosotros. Su padre la trae cada día a clases en su carro, ¡qué carro! —sentenció su hijo.
—En la vida no todo es el dinero, hijo. Ante todo, importan las buenas personas —dijo su madre con la sabiduría de la experiencia.
Mientras tanto la pareja cada vez estaba más cerca, iban agarrados de la mano, hablaban y ella le sonreía al chico que la llevaba.
—No ma, la gente como ella solo busca a gente de su estatus social. Yo nunca tendré una novia asín —se lamentó su hijo.
—Bueno hijo, habrá otras chicas que no se vean a sí mismas tan elevadas —sentenció su madre.
Se fueron a bañar para refrescarse, dentro del agua madre e hijo jugaron a darse ahogadillas, se divirtieron y volvieron a la sombrilla a descansar.
Cuando un grupo de chicas pasaron, las había de todos los tipos, más delgaditas, más rellenitas, rubias y morenas, de grandes culos y pequeños, de grandes tetas y pequeñas…
La madre observó como el hijo se quedaba embelesado contemplando el rebaño de féminas en plena efervescencia sexual, se reían y jugueteaban, se echaban agua, parecían muy alegres.
—Yo no sé qué desirles a las chicas, ma. De mis amigos, todos ya se echaron novia yo soy el único que queda sin novia.
—Tranquilo, con el tiempo todo se arreglará… —le prometió una madre para intentar calmar su ansiedad.
Aquella tarde pasó y en unos días llegó el día de su dieciocho cumpleaños. La madre le preparó con todo su cariño una tarta de bizcocho y chocolate, no muy grande para los dos. Puso una sola velita y se puso un buen vestido para la ocasión.
—Te gusta hijo, me lo regaló la señora porque tenía un pequeño desgarro en un lateral, asín que lo he arreglado y me sienta bien, ¿verdad?
—Claro, ma, estás presiosa —dijo el hijo mientras se disponían a celebrar su cumpleaños.
El vestido era ajustado, de color rojo pasión, bastante llamativo pero a la madre le encantaba. Se pintó los labios y se maquilló para ser la perfecta anfitriona de su cumpleaños.
Eran ellos dos solos. Hubiera ido con sus amigos a celebrarlo, pero ya todos tenían novia, como le confesó a la madre en la playa, así que esta decidió celebrarlo en la intimidad de la casa. Ella le pidió que se vistiera también para la ocasión, su mejor camisa y su mejor pantalón.
—Adelante, ¡pide un deseo! —le dijo la madre tras encender la única vela de la tarta.
El chico sopló y pidió su deseo.
—¡Deseo tener novia, pronto! —dijo en voz alta.
—¡Ay, mijo, los deseos no se disen! Que sino no se cumplen —le riñó la madre.
—¡Vaya, ma! Hasta para los deseos soy un desastre —se lamentó el chico.
—Bueno, como estamos solos y soy tu madre, tal vez se te conceda, hijo —le dijo para calmarle.
Tomaron un trozo de tarta y al terminar la madre sacó su regalo. El chico lo abrió, consciente de que no había dinero para que fuese algo ostentoso o caro.
—Un jersey, ¿lo tejiste tú ma? —le preguntó mientras lo veía.
—Sí, creo que te queda bien, pruébatelo —le pidió.
—Grasias, ma —le dijo fundiéndose con ella en un abrazo.
—Ahora tengo otra sorpresa para ti —le dijo la madre con picardía.
—¿Otra sorpresa? —dijo el hijo con curiosidad.
—¡Sí, pero debes tener los ojos cerrados! —le dijo poniéndose detrás suyo en la silla, sacando un pañuelo y vendándoselos.
El hijo obedeció y se prestó al juego….
—Ahora voy a salir y vendrá alguien especial, no debes quitarte la venda en ningún momento, ¿entiendes? Ella es muy tímida y no desea que la mires porque no lo soportaría, ¿entendido? —le susurró al oído.
—¿Ella, quien es ella? —le preguntó el hijo poniéndose muy nervioso.
—Una buena amiga… —dijo la madre y se marchó.
Pasaron los minutos y cada vez estaba más nervioso. De repente la puerta crujió al abrirse y el chico pensó que aquella amiga de su madre ya estaba en la habitación.
—Qué bien que llegaste, encantado de conocerte… —le dijo el hijo.
Pero aquella persona en la habitación no respondió. Se colocó detrás suyo en la silla y el hijo sintió una caricia en su cuello que le erizó todos los vellos de su piel.
Aquella mujer olía muy bien, cuando esta se acercó a su oreja y sacó su lengua para darle un único lametón, el joven casi salta de la silla.
Pero ella le abrazó y lo retuvo, entonces tomó sus manos y las llevó a la espalda.
Allí se las ató con una especie de lazo, apretándolo de manera firme, de forma que él no podía usar sus manos.
Ahora se colocó delante y sentándose en sobre sus piernas le mordió el cuello y le dio un caliente chupetón, mientras se restregaba como una gata en celo encima de su pantalón.
—¡Ohhhh, qué bien lo hases! —gruñó el chico pero el dedo de la mujer selló sus labios.
Este notó como suavemente rozaban sus labios, ¿acaso era aquello un pezón? —pensó el muchacho, así que abrió la boca y el pezón y parte de la aerola entraron entre sus labios rozando sus dientes.
El chico emocionado comenzó a chupar, por instinto mamó aquella teta y luego la mujer la cambió y le ofreció la otra mientras gemidos de placer escapaban de su boca.
La fémina comenzó a desabrocharle la camisa, botón a botón hasta sacársela del pantalón. Sus labios se posaron en sus pectorales y chuparon sus tetillas, fueron bajando mientras se lo comían a besos en dirección a su ombligo.
Ni que decir tiene que la erección a estas alturas del chico era descomunal, como descomunal era su excitación. Aquella mujer palpó su bulto bajo la bragueta. Con parsimonia desabrochó su cinturón y bajó su cremallera, extrajo su polla y orgullosa e hiniesta esta apuntó al techo.
La agarró con fuerza por la base y le pegó un par de meneos arriba y abajo. El chico estaba tan excitado…
—¡Oh, oh, qué buenooo! —gruñó el chico.
Con su lengua la lamió desde la base hasta el triángulo bajo su glande, su lengua rasposa rozó varias veces este, rodeándolo antes de tragarlo con su boca haciéndolo entrar hasta la campanilla.
Así comenzó a mamar su polla, de forma tan caliente y sensual que las piernas del chico se tensaron y se puso todo rígido.
Pronto la mujer cesó sus caricias, temiendo que el joven estallara en su boca, ahora se incorporó y quitándose las bragas primero tiró del pantalón del joven arrastrando con él sus bóxer hasta los tobillos.
Se puso a horcajadas sobre el falo erecto del joven y sujetándolo con firmeza por la base lo paseó por el gran surco de su sexo para lubricarlo y lubricarse.
La sensación fue brutal para el joven virgen, que permaneció extasiado esperando el ansiado momento en que aquella mujer se la clavara hasta bien adentro.
—¡Ohhhhh! —exhaló el joven a medida que la carne entraba dentro de sus entrañas.
La mujer gimió más alto y sujetándose a su cuello con ambas manos se sentó sobre su polla clavándosela hasta el fondo. Comenzó a subir y bajar y el chico la sorprendió buscando sus tetas para mamárselas mientras lo follaba a horcajadas.
Mordisqueaba sus pezones, duros y largos y la mujer gemía mientras subía y bajaba, compenetrados y en íntima unión. Lo hacía lentamente, pues seguramente sabría de su virginidad y quería que este aguantase.
De pronto la follada cesó y ahora la mujer se puso de espaldas y se la clavó sentándose sobre sus piernas a modo de silla.
—¡Arggg! —gruñó el joven mientras aquel culo subía y bajaba, follando su dura erección.
Deseaba con ganas poder aferrarse a su hermoso culo pero con sus manos a la espalda se lo impedían. Así que forzó el lazo y consiguió desatarse, en ese momento la mujer sintió como se aferraba a sus caderas con fuerza y culeaba con ganas su coño.
—¡Ohhhh! ¡Ahhh! —gruñó la mujer mientras el joven se aferraba a sus caderas como si le fuera la vida en ello.
Ya cesó la suavidad, una follada enérgica y brutal fue el sprint final que desató el frenesí orgásmico del joven, pero la mujer se anticipó y antes de que el primer chorro saliera de su verga, esta se zafó de sus garras y se puso de rodillas para, asiendo su gran verga, seguir meneándosela.
—¡Argggg! —gruñó el joven mientras se corría.
La corrida fue brutal, chorros de semen y más chorros, regaron su cara, cuello y tetas. Tremendamente complacida, la mujer chupó su rojo glande y le hizo ver las estrellas literalmente. Tan sensible estaba que sus labios arroparon su piel y se sintió como algo delicioso.
—¡Ohhh, qué biennnn! —exclamó el chico.
Y de manera inconsciente llevó sus manos al pañuelo que tapaba sus ojos, pues quería saber quién era su amante, aquella que con tanta maestría le había follado y se había llevado su virginidad.
La vio arrodillada ante él, estaba llena de leche por todo su busto, su aspecto reflejaba la zafiedad y el pudor del momento…
—¿Maaa…?