Caso 13 #2
Por la noche cenamos en un chiringuito a orillas del mar y tomamos cerveza, mucha cerveza. De modo que cuando volvimos caminando por la playa a mi casa ya era de noche, aunque la luna iluminaba el agua que como la plata brillaba.
Yo estaba mareada y no sé qué me pasó pero bajé mi mano y agarré el culo de mi nieto pellizcándoselo con toda la mano.
—¡Hum, qué duro tienes el culo! —bramé con ganas.
El me imitó y asió mi posadera apretándola con ganas, esto me soliviantó.
—¡Oh, abuela, qué culo tan precioso tienes! —gruñó.
Estaba tan caliente como una perra y ya no aguantaba más, así que me subí el vestido descubriendo uno de los tangas que había comprado en la tarde.
—Mira, mira. ¿Te gusta el tanga que me compré, me queda bien?
—Oh sí, abuela, te sienta muy bien —dijo él haciendo como que miraba mi culo plateado iluminado a la luz de la luna.
—¡Toca, toca y dime si lo tengo suave! —dije yo ensimismada pensando en su dura verga.
—Si, abuela, lo tienes muy suave —exclamó acariciándome ambos cachetes.
Entonces malicioso me lo volvió a pellizcar como en la barra del bar.
—¡Um, eso me gustó! —dije yo melosa.
Entonces su mano se coló bajo mi tanga y entre mis muslos sintió él mi calentura allí abajo.
—¡Oh, abuela, qué caliente estás por aquí abajo!
Ni corta ni perezosa mi mano se fue hacia su paquete y allí la halló su verga bien dura, palpándola a través del pantalón.
—¡Oh, qué dura se te ha puesto! —dije yo calentona como una puta.
—Me pusiste caliente al dejarme acariciar tu culo abuela —confesó.
No me hice de rogar más y me puse en cuclillas, tiré de su pantalón y extraje su dura verga, esta resplandeció grisácea a la luz de la luna y mi boca se abrió para tragarla entera hasta la campanilla. La mamé con ganas mientras con la otra mano me acariciaba allí abajo, cuando de pronto…
¡Una ola me alcanzó y me refrescó mi caliente coño abierto como ya lo tenía mientras me acariciaba y a mi nieto se la mamaba.
---¡Ay! ---grité por sorpresa mientras mi nieto se partía de la risa.
---¡Oh abuela, qué caliente me he puesto! ---dijo mi nieto girándome y dándome golpecitos en mi culo mojado con su dura verga me hizo excitar más---. ¿Te gusta abuela?
—¡Oh si, qué dura la tienes! —dije yo sintiéndome ya a punto de estallar.
Entonces él apartó mi tanga a un lado y la coló entre mis cachetes, entrando en mi coño con gran calentura, como ya estaba tan excitada esta me penetró hasta los huevos sin gran dificultad. Y yo comencé a moverme adelante y atrás, follándolo con todo mi cuerpo.
—¡Oh, abuela, qué bien te mueves! —exclamó él a la luz de la luna.
De repente me hizo girarme y descarado me bajó los tirantes y descubrió mis tetas a la luz de la luna. Me puso su pija entre ellas y me pidió que las juntara con las manos.
—Así abuela, júntalas, que te quiero follar las tetas —me dijo ya sin remilgos.
Y obedecí, de rodillas en la arena él me follaba las tetas mientras yo me las juntaba. Por suerte mis pechos son grandes y generosos así que era una jugada maestra. No contento con ello, empujaba hasta que su glande entraba en mi boca y yo se lo chupaba.
Entonces sentí un par de chorros impactar en mi cara, él la agarró con fuerza en ese momento y bufó
—¡Uf, abuela, lo siento! No me pude contener —dijo él a modo de disculpa.
—¡Oh no importa nietecito! Habrá más ocasiones de gozar —dije yo mientras lamía su cálida semilla por mis manos recogida.
Aquel blanco néctar me supo a gloria, ¡a juventud rejuvenecedora! Así que lo unté por mi cara como si se tratase de una valiosa crema y lamí mis dedos degustando su especial y dulce sabor salado.
—¡Pero tranquila, aún no he terminado! ¡Sigamos! —dijo él entusiasmado.
Me hizo girar y colocándome en cuatro se encaramó a mi grupa desde atrás. Pero esta vez tenía otra sorpresa para mí.
Escupió desde arriba y su saliva impactó entre mis grandes glúteos abiertos por sus manos, resbalando por mi ano y bajando por mi coño.
Su dedo pulgar se coló en mi ajustado ojal, lo cual me encantó, pues confieso que soy una experta amante culera, que disfruto tanto por delante como especial predilección le tengo a follar por atrás.
Así mi culo se abrió para recibir su dura estaca, la sentí entrar, llenarme y colmarme de gozo para a continuación arremeter contra mí.
Comenzó la danza del amor culero, yo en cuatro, bien abierta y él aferrándose a mis caderas clavándomela desde arriba y desde atrás, cabalgándome como si fuera una yegua de cuadra.
—¡Ay, ay, querido nieto, qué bien me follas el culo! —bramé como una loca en la soledad de la noche iluminada por la luna llena.
Fueron rápidas embestidas, tan rápidas que yo sabía que no estaría lejos el desenlace.
Lo que no me esperaba es que, a punto de estallar, él tuviera los reflejos de sacarla y comenzar a correrse en mi espalda.
Me sentí regada por el joven macho que tan bien me había follado mi culo.
Me estremecí mientras mi ano palpitaba y mi cuerpo temblaba vigorosamente, ¡qué delicioso orgasmo culero me provocó!
Aún presa del frenesí me giré y chupé su polla goteando semen, ¡me supo a gloria! Se la mamé con tanta ansia que él me detuvo empujándome la frente.
—¡Uf, qué bien abuela, pero ya no puedo más! —dijo satisfecho.
—¿Te ha gustado mi culito? —le pregunté arrodillada ante él.
—¡Me ha encantado, abuela! Tu culo es maravilloso —afirmó llenándome de orgullo y satisfacción.
Me incorporé y bajé mi vestido sintiendo que la leche derramada sobre mi espalda comenzaba a impregnar mi vestido nuevo, pero no me importó, la ropa se lava pero el placer del recuerdo permanece, por zafio que este sea…
Ahora cada día me doy un festín de juventud y él practica deporte conmigo, luego nos duchamos y follamos, follamos analmente y me llena de gozo cuando me llena de leche el culo, mi culito precioso, con el que mi nieto está, ¡encantado!