Café para Criaturas Nocturnas: Halloween CAPÍTULO 10 Después de cerrar…
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CAPÍTULO 10 Después de cerrar…

El local ya se había ido vaciando hasta el punto de que ya solo quedaban los habituales.

Esa noche se había extendido más de la cuenta y ya casi amanecía.

Julieta acompañó a su jefe demonio hasta la puerta.

La campanilla sonó sola, de una manera particular, como si el local supiese a quién estaba despidiendo.

—Cuida bien del Uroboros, invocadora. —Elías le apartó el pelo de la cara con los dedos en un gesto de lo más gentil—. Y, en serio, date un homenaje con ese brujo. Lo haría yo mismo si batease en mi equipo.

Puso los ojos en blanco y abrió la puerta ella misma.

—Lo haré —resopló. Hasta que se dio cuenta de lo que había dicho—. Cuidar del Uroboros , quiero decir.

Su jefe demonio soltó una carcajada.

—Sabía que me ibas a proporcionar muchísima diversión cuando te vi con esa botella de vino y mirándome como si fuese un helado al que quisieras saborear —le soltó él con su habitual descaro y picaresca—. Disfruta de tu nuevo hogar, Julieta mía. Nos volveremos a ver en Navidad.

Abrió la boca para decir algo, pero optó por cerrarla y asentir.

—Lo que tú digas, jefe.

Le guiñó el ojo y acto seguido salió por la puerta, dejando que esta se cerrase detrás de él con el tintineo de la campanilla.

—Por fin —suspiró de alivio. Las visitas de ese demonio siempre la dejaban agotada, pero hoy era un agotamiento muy distinto, uno que la hacía sonreír.

Le dio la espada a la entrada y volvió a la barra, donde Nathaniel daba el último trago a su café antes de dejar la taza sobre la superficie de madera.

—Así que… Ya es oficial. Te quedas.

Julieta apoyó ambos brazos frente a él y asintió.

—Eso parece —dijo ella, mirándole a los ojos—. Así que supongo que tendrás que seguir viniendo cada noche a probar mi magnífico café.

—Tu café está lejos de ser magnífico.

—Te acabarás acostumbrando —le aseguró, dejando que sus labios se curvasen en una traviesa sonrisa—. Llegará el día en que dirás que mi café es el mejor que has probado jamás.

El brujo le sostuvo la mirada durante unos segundos y esta vez no hubo sarcasmo, ni ironía en su expresión o en sus palabras, tan solo una breve, pero sincera sonrisa.

—Ya lo veremos, Julieta, ya lo veremos.

Las mariposas volvieron y esta vez sí fueron de las agradables, de esas que no podías ignorar, pues anunciaban que una nueva estación había dado comienzo.

Y justo en este instante, Kuris, su goblin inquilino, apareció sobre la barra llevando una servilleta atada al cuello como si fuese una capa, mientras agitaba una cucharilla en la mano y sostenía un pedacito de papel doblado en la otra como si fuese un pequeño libro.

Ambos lo miraron y Nathaniel suspiró profundamente.

—Espera, ¿vas disfrazado de brujo, Kuris?

El goblin hinchó el diminuto pecho con orgullo y afirmó con la cabeza mientras soltaba uno de sus ininteligibles discursos.

—Retiro lo dicho —farfulló su acompañante—. Voy a incendiar el edificio.

No pudo evitarlo, Julieta rompió a reír y, por primera vez en mucho tiempo, comprendió que estaba justo en el lugar que debía estar.