Caerás en mi trampa Capítulo 37
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Capítulo 37

Simon

Cuando termino de escribir la última entrada de mi diario, lo guardo en mi bolsa de trabajo, donde siempre lo llevo. No es algo que quiera que otra gente lea, ¿verdad?

Anshu asoma la cabeza por la puerta de mi oficina.

—Hola, dame cinco minutos.

—Está bien.

Anshu me va a llevar a almorzar hoy. Nunca lo dijo, pero está intentando levantarme el ánimo.

Hoy es viernes, 16 de septiembre, el último día para enviar los documentos si quiero presentarme al concurso por la titularidad.

Sabe que el vicedecano me pidió que no lo hiciera y sabe que no lo hice, aunque no sabe por qué.

Sí, me molesta, pero lo que más me molesta es que se dé cuenta de que me molesta. Siento algo de orgullo en no mostrar mis emociones.

—Está bien, listo. —Entra con la chaqueta sobre un brazo y la bolsa con sus cosas.

—¿Ya has terminado? —pregunto—. ¿A la una de la tarde?

—Bueno, supuse que nos íbamos a tomar unos tragos luego —responde—. Oye, es viernes.

Sí, me está consolando. Es un buen tipo.

Uno de los pocos aquí que me caen bien, uno de los pocos que no se toman a sí mismos demasiado en serio.

Probablemente sea uno de los diez mejores profesores de Derecho especializados en delitos imprudentes en todo el país, pero jamás lo adivinarías hablando con él.

Prefiere hablar de su esposa, sus hijos y los Cubs, que están terminando la temporada en picado.

—Estoy bien —digo—. En serio. No necesito que me levantes el ánimo.

—Bueno, yo sí lo necesito —señala—. Quiero gente que merece el trabajo. No me agradan los que consiguen un cargo por las donaciones que hace su padre. Esta facultad ya tiene suficiente dinero. Así que ayúdame a ahogar mis penas, ¿vale?

¿Cómo puedo rechazar eso?

—Solo si me dejas pagar a mí —declaro.

—Mucho mejor.

***

El lugar está a pocos metros de la facultad, una calle al sur cerca de la avenida Michigan. Es un restaurante francés que, según Anshu, tiene el mejor rape del mundo. Nunca he comido rape y no creo que hoy sea el día. Me atrae mucho más la barra con botellas de todo tipo para después del almuerzo.

—Bindra, mesa para dos —dice Anshu al entrar—. ¡Ah, no puede ser!

Miro alrededor y no me lleva mucho tiempo.

El vicedecano Comstock y su nuevo protegido, el profesor adjunto Reid Southern, próximo titular, están sentados en un cubículo con una botella de champán en un recipiente con hielo junto a la mesa.

Tiene que ser una maldita broma. Están celebrando su titularidad y ¿yo tengo que estar en el mismo sitio que ellos? ¿Por qué mejor no viene alguien a torturarme mientras tanto?

—Podemos ir a otro lugar —susurra Anshu—. De verdad no me importa…

—Olvídalo —digo, dándole una palmada en el brazo—. Muero por probar ese rape.

—Simon, en serio.

—Ya nos han visto —agrego—. Si me voy ahora, voy a quedar como un imbécil.

Es verdad. Nos han visto. Y ahora el vicedecano y Reid hablan por lo bajo, con sus mejores expresiones de lástima.

—¿Todo bien, caballeros? —pregunta la recepcionista.

¡Perfecto! Simplemente no nos sentamos cerca y quizá pueda sobrevivir a esto.

—¡Profesores! —nos llama el vicedecano Comstock.

Hoy luce una pajarita naranja, y los gemelos de plata destellan en sus muñecas cuando extiende las manos.

Esperaba que los saludos con un apretón de manos se hubieran extinguido después de la pandemia de COVID-19, como algunos animales, pero el vicedecano es un tipo de la vieja escuela, así que le estrecho la mano.

—Me alegro de verte, Reid —digo, aunque preferiría que me arrancaran las uñas con un par de pinzas.

Tal como Anshu había dicho varias veces, Reid de verdad parece un profesor de Derecho: chaqueta elegante, gafas redondas, barba de chivo con algunas canas y un aire general de petulancia.

—¿No tuviste ninguna clase hoy? —pregunta Reid, mirando detenidamente mi atuendo habitual: camisa y vaqueros.

Bueno, bueno Reid, eso ha sido un golpe bajo, ¿no crees? Sabes muy bien cómo me visto y también que tu amigo el vicedecano acaba de allanarte el camino para obtener la titularidad sin resistencia. Al menos podrías mostrar un poco de decencia; pero no, tienes que darme una bofetada de todas maneras.

Sabes exactamente cómo pasó esto, ¿verdad, Reid? Dudo de que el vicedecano te haya contado todos los detalles, pero seguro que te dejó claro a ti y a tu papi ricachón que él se encargó de “hacerme entrar en razón”, de “ayudarme a entender” la situación, con toda su diplomacia fingida.

Ah, sí, lo sabes. Me miras con esa sonrisa condescendiente, ese aire despiadado de privilegio.

No te importa que las reglas se hayan adaptado para ti.

Joder, estás orgulloso y te alegra hacérmelo saber.

Sí, no envié los documentos, así que, a fin de cuentas, fui un buen chico, pero ¿cómo se me ocurrió siquiera pensar en postularme cuando REID SOUTHERN ya había marcado el territorio el primer día?

¿Cómo se me ocurrió siquiera considerar desafiar tu ascenso al trono?

En serio, ¿quién me creo que soy si apenas te llego a los talones?

¿No, Reid?

—Enhorabuena —dice Anshu a Reid—. Me alegra que te unas al equipo.

—Muchas gracias, profesor —responde Reid—. Por cierto, Simon, leí tu artículo el otro día —agrega, llamándome por mi nombre después de dirigirse a Anshu por su cargo. Sí, noto esas cosas—. ¿Algo sobre el undécimo circuito y la doctrina de buena fe de terceros?

—Así es.

—Muy entretenido —comenta.

¿Entretenido? Analicé los fundamentos de la sentencia del tribunal y expuse la falacia circular sobre la que se basaba.

Entretenido. El tribunal permite que el Gobierno expanda su poder hasta límites impensados y ¿mi análisis te parece entretenido?

Le esbozo una sonrisa.

Tranquilo, Simon.

Llevo una mano al bolsillo y saco el teléfono como si acabara de recibir un mensaje.

—¿Me disculpan un minuto?

Me alejo mientras ellos charlan. Respiro hondo.

Tranquilo. Bien, despeja la mente. Intenta relajarte.

¿Por qué decimos “Ahora en un rato” cuando no vamos a hacerlo “ahora”, sino “en un rato”?

¿Por qué algunos dicen “Mi hijo no me come” si nadie quiere criar caníbales?

Abro mi correo. No la bandeja de entrada ni la bandeja de salida, sino los borradores.

¿Por qué “Arkansas” y “Kansas” se pronuncian distinto en inglés?

¿Por qué decimos “Salgo a dar una vuelta” si siempre caminamos en línea recta?

Si un vegetariano come vegetales, ¿un humanitario come humanos?

Al diablo. A la mierda la tranquilidad. Encuentro el correo para Joyce Radler de administración y lo releo: Querida Joyce: Te adjunto los documentos necesarios para el concurso de titularidad, en formato PDF como fue solicitado. No dudes en avisarme si necesitas algo más.

Pulso Enviar. Tres horas y media antes de que termine el plazo.

Por el peso de los archivos, tarda más de treinta segundos en enviarse. Cuando oigo el sonido de confirmación, levanto la mirada y sonrío.

Así que acabo de enviar la solicitud, Reid. Somos tú y yo, compitiendo por el cargo.

Sí, tenía el correo preparado por si acaso. No creí que fuera a enviarlo. Sobre todo, porque ahora el vicedecano podría lanzar su ataque nuclear y destruir mi futuro en esta facultad, o quizás en toda la academia.

O quizá no.

Habría dejado pasar todo esto, Reid. Habría aceptado la derrota y esperado una mejor oportunidad el próximo concurso. Pero tenías que provocarme, ¿no?

Ya sabes, intento ser razonable. Pero, a veces, dejo que las cosas me molesten más de lo que deberían.