Epílogo
Desearía poder afirmar que recuperarme tras tu partida fue una tarea sencilla. Me gustaría decirte que regresar al orfanato fue como si nunca lo hubiera abandonado en primer lugar. Sin embargo, había varias cosas que ya no eran lo mismo, comenzando con que ya no escuchaba la voz de mi mejor amigo .
A pesar de eso, Flye seguía siendo mi constante compañero, croándome incluso cuando nuestra comunicación era difícil, permaneciendo a mi lado mientras yo me sumía en mi silenciosa tristeza.
Seguramente no te sorprenderá en lo absoluto que, a pesar de tener la opción de regresar con el resto de las ranas, quienes, a diferencia de mí, podían entenderlo, Flye eligiera quedarse a mi lado .
Habíamos convivido tanto tiempo que, sin duda, al menos podía intuir lo que el anfibio quería decirme.
Días después de haber dejado atrás Catarbella para siempre, caí enfermo.
No estaba familiarizado con la sensación de tener síntomas, de estar «malo», y de sufrir por apenas poder respirar por la nariz.
Fue entonces cuando Flye emitió su característico croar, y con eso supe que me estaba reprendiendo.
Entre estornudos tuve que responderle, rogándole que fuera justo conmigo, que jamás había tenido que preocuparme por mi salud, por evitar los virus humanos o por abrigarme del frío de la noche .
Sin embargo, me veía obligado a salir con regularidad de la casona para no enloquecer, incluso en medio de la peor de las gélidas exteriores .
Esa casona era una auténtica pesadilla. A Delfina le encantaba colgar espejos por todas partes; decía que el mundo se volvía infinito al hacerlo.
Aún no comprendo por qué tenía esas ideas tan peculiares.
La vejez de su cerebro había comenzado a manifestarse.
Antes de que me relegaras a ser un mortal ella no mostraba esas fijaciones extrañas.
A veces pienso que lo hizo para llenar el espacio con imágenes, como si intentara compensar la ausencia constante de Polett, que dejó al orfanato con un vacío infinito .
Por supuesto, me aterraba pasar frente a los espejos y ver mi reflejo. Era extraño observarme de esta manera, deslizar las manos por mi cabello y no encontrar orejas puntiagudas, ni la base de una oscura cornamenta .
Seguro que los demás me consideraban un loco.
Los niños del orfanato habían olvidado todo lo que alguna vez les conté sobre mi antigua naturaleza, habían borrado de sus mentes la imagen de mis cuernos y el día en que confesé ser un serafín.
Fuiste tú, ¿verdad? Tú borraste sus recuerdos para que yo pudiera vivir en paz entre los humanos.
Fue un gesto amable por tu parte, quizá te lo hubiera agradecido si no hubieras sido tan cruel como para manipular los recuerdos de todos los demás y dejar los míos intactos.
Yo era el único cuyo corazón se rompía al escuchar a los demás sustituir «Nylena» por «Caelum», invocándola en cada sorpresa, miedo o asombro.
¡Por la diosa Caelum! Parecía una mofa de tu parte .
Días después de la caída de los tres serafines, comenzó a llover cada dos días. Ya no era necesario extraer agua de los profundos estanques ni transformarla de salada a dulce. Ahora teníamos en abundancia .
Muchas otras cosas cambiaron. Por ejemplo, ya no se veían los dragonartos rondando por el domo de Dregonia.
Los niños que preferían quedarse en casa podían hacerlo, mientras que las niñas que deseaban unirse a la Guardia (ahora reducida a una Guardia Civil) tenían esa opción.
Por eso, era común ver a Rydel sentado en la mesa con regularidad, sumido en la lectura de libros.
Cuando le preguntaba qué estaba leyendo, solía responder que no estaba seguro y me mostraba los dibujos, señalando con su dedo alargado imágenes de ángeles con alas y múltiples ojos .
Una vez me preguntó: «¿Por qué siento que los he visto alguna vez?
». Observé detenidamente su cabeza, sin cuernos y con orejas redondeadas.
«Tal vez los habrás visto en tus sueños.
Tu cerebro sabe cómo confundir la realidad con la ficción, por eso sientes como si conocieras a los personajes, aunque no existan», le mentí.
Él era muy perspicaz, lo sigue siendo hasta el día de hoy. Aún me duele recordar su respuesta .
«No me explico por qué siento tanta nostalgia. Pues bien, ni siquiera recuerdo cómo aprendí a leer. ¿Cómo iba a entender algo tan complicado como esto?»
Nymmer. No creas que me desentendí de él, todo lo contrario.
Pasaba la mayor parte del tiempo observándolo, cuidándolo y meciéndolo en mis brazos para calmar su llanto.
Seguramente lo viste desde el observatorio, cómo tu hijo lloraba sin cesar, sin importar lo que yo hiciera.
En los escasos momentos en que cesaba, me sentaba junto a su cuna para cerrar los ojos y descansar brevemente.
Pero pronto volvía a estallar en llanto.
No olvido su rostro enrojecido, que parecía un fruto maduro del bosque. Siempre lucía así .
Delfina y Aeris no entendían por qué le prestaba tanta atención a ese bebé que había sido abandonado en la puerta del orfanato. No sospechaban que ese niño era de mi sangre y yo preferí no decírselo para evitar tener que hablarles sobre su madre. Sobre ti .
Lo más desgarrador de presenciar el llanto de Nymmer era comprender que no se debía solo a su frecuente fiebre, causada por la elevada temperatura de su cuerpo, sino porque extrañaba tu presencia.
Ambos te extrañábamos profundamente. En las pocas ocasiones en que le recé a la diosa Caelum esperando ser escuchado por ti, rogué de manera ferviente que me concedieras el olvido, que borraras tu recuerdo de mi memoria como lo hiciste con todos los demás .
No creí posible llegar a odiar tanto a alguien a quien amaba con tal desesperación, pero llegué a odiarte profundamente.
Te odiaba por todas las atrocidades que cometiste, por tu egoísta sacrificio de cargar con nuestros errores como una mártir.
Ahora te entiendo un poco más, pero en aquel entonces habría hecho cualquier cosa para devolverte un poco del dolor que me causaste.
Me había vuelto más humano que nunca, lleno de rencor y sediento de venganza .
Lo contradictorio era que recordaba tu afecto al ver tu sonrisa reflejada en la de Nymmer. Según yo, eso debió haberme enloquecido, haberme llenado de furia, pero en cambio, me hacía amar aún más a ese bebé. Intentaba hacerlo reír todo el tiempo, con la esperanza de ver esa sonrisa de nuevo .
Aunque Nymmer no se parecía a mí, Aeris pensaba lo contrario. «Pasar tanto tiempo con Nymmer ha hecho que se te parezca. Tienen la misma mirada», decía ella. No sé si estaba desesperado por verte, pero siempre lo negaba, porque lo único que quería era verte a ti en él .
Una mañana, quizá un par de semanas después de que me desterraste, corrió el rumor de la caída de la ciudad flotante de Catarbella.
Decían que se había desplomado por completo, hundiéndose todos sus resquicios en el fondo del mar de Riorense.
Cuando fui a verificarlo por mí mismo, descubrí que era cierto.
El cielo se extendía inmenso ante la ausencia de ese paraíso.
Me pregunté a dónde habrían ido las almas puras, las errantes, los ángeles menores.
Pronto abandoné esas reflexiones al divisar en el horizonte a dos serpientes marinas jugando, retozando como dos niños, aunque en mi corazón sabía que eran dos adultos enamorados que por fin estaban juntos .
Cuando regresé al orfanato, encontré a Aeris en el salón peinando a Glorie.
Sin darle tiempo para explicarse, le pregunté con firmeza: «¿Dónde has dejado al niño?
Él no puede quedarse solo, te pedí unas horas para salir de Dregonia.
Unas míseras horas». Ella se encogió en su lugar y, con unas pocas palabras, dijo algo que daría vuelta mi mundo, sin siquiera darse cuenta: «La madre de Nym volvió arrepentida, volvió por él», me dijo, dejándome helado.
No tuve que responderle; ella vio el horror reflejado en mi rostro, y se adelantó: «Es su mamá, Cyrone, sin duda, le he visto el pelo, los ojos, la sonrisa.
Por Caelum, te... te juro por Caelum que es su mamá de verdad. Ve a verla, está con él en el cuarto» .
Ni siquiera dejé que terminara la frase .
Entré en la habitación con los síntomas de un paro cardíaco. Al verte sosteniendo al niño en tus brazos y cantándole la misma canción que solías entonarle cuando nació por primera vez, me quedé paralizado. Juraría que noté mucho tiempo después que tampoco tenías cuernos ni orejas puntiagudas .
«Menudo sol hecho amor, manitas calurosas, cielito de infinito color, descansa en mí. Por ti, Melcior conquistaré.»
Cuando me viste, tus ojos irradiaban tanto amor que todo mi resentimiento se desvaneció.
Temí que vinieras a despedirte de nuevo de mí, pero haber visto Catarbella en ruinas era evidencia suficiente de que nos habías elegido, de que habías regresado por nosotros.
Entonces me dijiste: «Nuestra aldea era preciosa, dentro de lo desgraciado que era Melcior, ¿no es así?
». Te referías a la aldea que habíamos creado cuando huímos de Nylena, y sí, por supuesto que te lo aseguré sabiendo que era verdad: «Era un paraíso» .
Me sonreíste, dejaste al niño tranquilo en su cuna, durmiendo en paz como si jamás hubiera llorado antes. Entonces afirmaste: «Nymmer no le hará daño a nadie. No lo hará si nosotros lo creamos» .
Tenías razón, lo sé ahora que estoy a tu lado, observando cómo tu cabello se mezcla con el lirio que te creé con el anillo que aquella vez me devolviste.
Aunque ya no soy un serafín, sigo siendo el mismo, y mi deseo de construir un nuevo paraíso a tu lado sigue intacto, incluso en este mundo inmenso e imperfecto .
Ahora sé que no era necesario estar en lo alto del cielo, como dioses o serafines todopoderosos, controlando y suprimiendo voluntades.
La respuesta correcta la habíamos obtenido antes; debíamos recorrer el mundo y compartir los dones de la creación con los humanos, mientras nos tomábamos el tiempo para conocerlos y comprenderlos .
Actualmente, el paso del tiempo ha dejado su huella en mí; ya no luzco como si tuviera veintiún años, al menos no como tú. Sin embargo, me amas tal como soy y estás dispuesta a caminar a mi lado, y eso es todo lo que necesito .
Me ofreciste rejuvenecerme, pero el paso del tiempo en mi piel ha sido un regalo que en siglos jamás había podido saborear. Es agridulce, es emocionante .
He abrazado mi humanidad y tú has abrazado tu calidad de diosa .
Nymmer, por su parte, ha aprendido a aceptar sus dos facetas, la divina y la mortal. Está a punto de cumplir dieciocho años y sigue su propio camino, esculpiendo su destino con sus propias manos. Como lo habías dicho, ha crecido como un chico increíble, bueno, dulce .
Se me está acabando la tinta y estamos en el oeste; más allá de Riveria. No hemos encontrado nuevas formas de fabricarla. Indecibles .
No había sentido la necesidad de escribir en tu viejo libro rojo hasta hoy, pues habíamos vivido más de lo que parecía digno de ser plasmado en papel.
Pero cuando desperté esta mañana y me miré en el espejo, noté que los años se reflejaban no solo en los pliegues de mi piel, sino también en mi mirada.
Jamás le temí al tiempo, porque me sobraba .
Hoy he reflexionado sobre la necesidad de escribirlo todo antes de que se me acabe, para que algún día puedas volver a leerlo. Así podrías, podrás, tenerme eternamente en un libro .
Ah, por cierto, antes de que la tinta se agote por completo, quiero que sepas que ahora entiendo por qué escribo cada vez que pienso en ti .
Es porque tú amas los libros, las letras, la tinta en el papel .
Y yo te amo a ti .
Todavía te amo .
Cuánto te amo .