Caelum 16 #2
40%

16 #2

—Pareces asustada de mí —susurró con voz grave, con el cigarrillo entre los dientes—, pero ayer no me tenías tanto miedo, ¿recuerdas?

Me quedé pensativa, hasta que el momento en que irrumpí en su habitación, con la fiebre ardiendo en mi cuerpo, se repitió en mi mente como un eco del pasado. En ese instante, un torrente de nerviosismo y sorpresa me invadió.

—¡¿Qué?! Ay, Cyrone, ¿de verdad te rogué que me besaras? ¿Acaso no fue un sueño? —pregunté temblorosa, sintiendo cómo toda mi dignidad se desplomaba al verlo mirarme serio y arquear una ceja. Empalidecí—. ¡No, Cyrone! ¡Era una broma! ¡No he soñado eso! —reí nerviosa.

Él seguía buscando sus fósforos, hasta que suspiró derrotado. «Los perdí en la pelea», lo vi maldecir al leer sus labios.

—Di algo —le exigí, muerta de vergüenza.

Al escucharme, se puso de pie. Yo lo imité y retrocedí lentamente mientras él avanzaba como si fuera una presa acechada por un predador.

—Si hubiera sido un sueño, sería curioso que tú y yo compartiéramos el mismo.

Sería demasiado romántico, madre mía —contestó.

Sus palabras apenas eran moduladas debido al objeto que reposaba entre sus labios.

No pude evitar mirar el cigarrillo; ¿acaso quería que lo observara?

¿O por qué me resultaba imposible apartar mis ojos de su boca?

—Tenía fiebre —le aclaré, como si fuera necesario.

—Pero he cuidado mucha gente con fiebre y jamás me pasó que me pidieran que...

—¡Cyrone! —espeté y retrocedí.

Él rio con fuerza, algo poco común en él. Entonces, atrapó mi mentón con sus dedos y lo apretó con determinación. Me quejé, pero su agarre no cedió. Giró mi rostro hacia el suyo y se acercó.

—Eres un nono muy atrevido —susurró con desenfado.

—¡Ya bahta ! ¡No lo dehía en herio ! —le acusé con una pronunciación graciosa, debido a la forma en la que me tenía.

—Tal vez no, pero te estoy dando una lección, Gyuri. No deberías decirle esas cosas a un hombre, nunca. No importa si estás ebria, con fiebre o cualquier cosa que aturda tu mente humana, debes cuidarte y mantener tu boquita cerrada.

Lo miré fijamente y fruncí el ceño.

—¿Por qué tendría que haherte caho ?

—Porque no soportaría que alguien se aprovechara de ti.

Una calidez se apoderó de mi pecho y se intensificó en mis mejillas pálidas. El serafín me soltó los mofletes y dio un paso atrás.

—Pero lo que dije no se lo hubiera dicho a nadie más, ni a un hombre ni a una mujer.

Él se pasó una mano por el cabello, como si eso le ayudara a concentrarse.

—¿De qué estás hablando?

Busqué entre los millones de pensamientos y sensaciones que me invadían. Mi piel ardiendo, mi corazón desbocado, la inquietud de mis manos...

—Cyrone, creo que me gustas —dije espontáneamente.

Él sonrió y negó con la cabeza.

—Oh... Lo crees . ¿En serio? —Suspiró—. Creo que no he sido diligente contigo; te he dado un poco más de atención y ya te has enamorado de mí.

Fruncí los labios.

—No te emociones, serafín, no he dicho nada de enamorarse. Solo creo que me gustas, me atraes. Bueno, es que nunca me ha gustado nadie más que el escritor de mi libro. Pero esta vez es diferente, así que no lo entiendo del todo —expliqué—. ¿Qué es lo que siento, Cyrone?

—¿Quieres que sea yo quien adivine lo que sientes? Sí, eres una mujer después de todo.

—Tal vez hayas conocido y estado con muchas mujeres, pero yo nunca había experimentado algo así. Necesito ayuda —bufé.

—Y ¿cómo puedo ayudarte?

Bajé la vista al suelo, incapaz de soportar la vergüenza que me causaría pronunciar las siguientes palabras.

—Tal vez sepa lo que siento si... —murmuré, mirando sus zapatos—. Si me besas.

No puedo creer lo que estoy haciendo .

Me envolvió un insoportable silencio que pensé que terminaría con él abandonándome. Justo cuando perdía la esperanza de recibir una respuesta, me la dio con su exquisita voz:

—Si me lo pides lúcida, me será mil veces más difícil negártelo. Soy un serafín, pero tengo un cuerpo humano débil.

—Estoy sana y cuerda —le aseguré. O tal vez no .

No vi su expresión, pero cuando noté que sus botas avanzaban paso a paso, como si estuviera listo para acceder a mi petición, cerré los ojos con fuerza.

Se detuvo justo antes de chocar contra mi cuerpo.

Acunó mi rostro entre sus manos vendadas.

Mantuve los párpados cerrados con fuerza para evitar mirarlo.

Las emociones revoloteaban en mi estómago, ascendían como un torbellino por mi garganta e invadían cada rincón de mi cuerpo, sincronizándose con mi pulso.

Sentí algo al entreabrir mis labios para recibir su beso, algo que no tenía textura, algo redondo y puntiagudo que se abría paso en mi boca. Cuando Cyrone retiró sus manos de mi rostro y abrí los ojos, encontré un cigarrillo entre mis labios.

Lo miré indignada.

—No me mires así. No estás lista para recibir un beso de verdad. Quédate con esto; y si no te parece suficiente para saciarte, quizá es que ya sabes la respuesta.

Él pasó por mi lado y se alejó hacia el bote varado en la ribera. No me volteé para verlo alejarse cuando decidió dejarme atrás.

El cigarrillo en mis labios estaba mordisqueado y la punta, que podía saborear, un poco húmeda.

Me agaché lentamente hacia el suelo hasta quedar en cuclillas y cubrí mi rostro, abrumada. Dejé caer el cigarrillo de mi boca al suelo. Me quedé viéndolo, pasmada y temblorosa.

Por supuesto que ya tenía una respuesta.