CAE: Condenados a encontrarse Epílogo
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Epílogo

Nimbusito

B ueno, bueno, tú por aquí. Ya pensaba que me iba a quedar sin mi monólogo interno. Menos mal que la presión de ser una nube ha surtido efecto. Lo sé, soy un auténtico diamante en bruto, no lo niego.

—¡Eh, tú, demonio! No dejes al alma cruzar las puertas del ascensor, aún no ha pasado la ITV.

Perdón. Me distraen las responsabilidades como encargado del Purgatorio.

¿No conoces la ITV? Es un nuevo protocolo instaurado por Gladis: Inspección Trascendental Voladora.

Es muy fácil de ejecutar. Genero una borrasca incompatible con el tabaco, soplo las almas antes de su juicio y les quito las mentiras sin el programa de centrifugado. Es una genialidad y nos ahorra tiempo.

Sé lo que estás pensando. No sirvo para esto porque no tengo brazos y, por lo tanto, a mi uniforme le falta el mazo. ¿Realmente crees que la reina de reinas iba a deshacerse de él? Te falta Más Allá.

Por aquí las cosas van genial. Uriel y Brisa han resultado ser un equipo ganador.

Ahora, todas las decisiones sobre la humanidad se toman en el Purgatorio.

Aún me hace gracia ver a Lucifer como perro del averno, su ama va cambiando el color de las correas para ir a juego con el trapo que usa el anterior Dios para limpiar los retretes celestiales.

A mí me dieron la posibilidad de elegir un alma como compañía.

Alguien perenne del Purgatorio. ¿No sabes a quién he elegido?

Pues a Eustaquia. Una madre con la voluntad de empujar al vacío a su hijo merece ser salvado del Infierno.

Además, la señora es eficiencia máxima. Imagino que haberla librado de compartir espacio en el Más Allá con su hijo es un regalo en sí mismo.

En cuanto a los chicos: tres, dos, uno…

—Bienvenidos de nuevo, amigos, el tiempo os ha tratado fatal. ¿No valorasteis unos pinchacitos de «escrotox»? —No, no sé llama así. Pero lo de inyectar esperma para las arrugas en medicina estética se merece un nombre igual de peculiar.

—Sí, claro. Y arriesgarme a que mi apariencia os atonte y me pongáis a pringar. Por una vez lo he hecho bien y me he muerto jubilada. —Muriel sigue siendo tan encantadora como siempre, aunque se le nota algo triste. Le hubiera gustado disfrutar un poco más de sus nietos.

En su pecho, sigue colgando el colgante.

Tantos años después y aún brilla la piedra con la misma intensidad que al principio.

Negaré haberlo dicho, pero me ha gustado ser partícipe, aunque sea a trozos, del universo propio que han construido.

Cuando te digan que el amor todo lo puede, créeles.

Es una lección fácil de aprender y aquí tienes una buena anécdota para poder explicar.

Si no te toman por loco al momento, claro.

—Maalik, ¿era necesario lo de morirse a la vez? No tienes personalidad ni para eso… —El alma del futuro ángel ni se inmuta ante mis provocaciones.

—Me equivoqué. Cuando di el «sí, quiero» no pensé en la rotundidad que suponía el «hasta que la muerte os separe». Menos mal, me he dado cuenta a tiempo. Ahora nuestro final va a ser un nuevo comienzo.

Apenas tienen alas, es la consecuencia directa de morir por vejez. Cuenta la leyenda que cuantas más arrugas adornan el contorno de los ojos, más feliz se ha sido y muchas más veces han reído. Me alegra saber que mi ángel y demonio favorito han vivido tal y como se lo merecían.

Sus almas se rozan, pero ya no se besan.

Ahora les toca disfrutarse de otra forma, más etérea, más profunda.

No voy a decírselo a ellos, pero envidio un poco la segunda oportunidad que han tenido.

Yo no la quiero. Básicamente porque no me veo capaz de amoldarme a lo que ya está escrito.

¿Te imaginas otro paseo por la tierra? Ni las nubes escaparían de eso.