FICHA PERSONAL
HISTORIAL PROFESIONAL
EVALUACIÓN DE DESEMPEÑO
Resolución de casos: MUY ALTA
Capacidad analítica: EXCELENTE
Trabajo bajo presión: SObrESALIENTE
Toma de decisiones: RÁPIDA Y EFICAZ
Liderazgo: ALTO
Trabajo en equipo: ADECUADO
PERFIL PSICOLÓGICO (RESUMEN INTERNO)
Agente altamente eficiente, con gran capacidad de adaptación en entornos hostiles. Perfil analítico, frío y orientado a resultados. Destaca en operaciones encubiertas y situaciones de alto riesgo.
Presenta tendencia a mantener distancia emocional en relaciones laborales. Bajo nivel de implicación personal en los casos, lo que favorece la objetividad operativa.
OBSERVACIONES DE SUPERIORES
“Eficaz, resolutivo y discreto.” “Funciona mejor en entornos complejos y de presión elevada.” “No genera conflictos, pero tampoco vínculos.”
ESTADO ACTUAL
Asignado recientemente a investigación activa sobre red internacional de trata. Caso clasificado como PRIORIDAD ALTA .
Demasiado perfecto. Frunzo el ceño mientras recorro la pantalla buscando algo que no encaje, algún fallo humano. No hay nada. Y eso es justo lo que no me cuadra.
—¿Buscas algo interesante?
Cierro la pestaña de un golpe seco. Levanto la vista despacio y ahí está, apoyado en el borde de mi mesa, invadiendo mi espacio personal con una naturalidad insultante. Sus ojos grises bajan un segundo a mi pantalla apagada y vuelven a mí. Lo ha visto.
—Buscaba información —respondo, manteniendo la voz gélida.
—¿Sobre mí? —Ni siquiera se molesta en fingir que no lo ha visto.
—Sobre mi compañero —corrijo—. Si vas a meterte en mi caso, quiero saber con quién trabajo.
—¿Y qué has encontrado? —pregunta, arqueando una ceja con una sombra de diversión.
—Nada. Y eso es exactamente lo que no me gusta.
Se le curva la boca apenas un milímetro.
—Suele ser buena señal en este oficio, Hartman.
—No en mi experiencia. La gente sin manchas en el historial suele esconder la mierda a más profundidad.
El silencio se estira entre nosotros. Él no se aparta y yo me niego a retroceder. Es un pulso silencioso que ya me está agotando la energía.
—Si ya has terminado de espiarme —dice al final—, quizá podríamos empezar a trabajar. Hay niños en furgonetas que no tienen tiempo para que revises mi historial de primera.
Aprieto la mandíbula, me levanto y recojo una carpeta. Paso a su lado marcando una distancia que, aun así, me parece insuficiente.
—Vamos a dejar algo claro, Hale —le digo mientras camino hacia la pizarra—. Aquí no estamos al mismo nivel. Tú sigues mi ritmo, haces lo que yo te diga y no tomas ni una sola decisión sin mi permiso. ¿está claro?
Me detengo frente a la pizarra, apoyo una mano en la mesa y le clavo la mirada.
—No me gustas. No confío en ti, ni en lo que callas, ni en las razones "oficiales" que te han traído aquí. Si por mí fuera, trabajaría sola. Sin distracciones. Sin tener que vigilar que mi compañero no sea otro Bale.
Me incorporo, cruzándome de brazos.
—Pero no me han dejado elegir, así que te tengo que aguantar. Hazte un favor y no me des motivos para arrepentirme. ¿Vale?
—¿Siempre eres así de acogedora o es que hoy no me he puesto tu corbata favorita?
Ignoro el sarcasmo. Señalo la pizarra, las fotos de las víctimas y las rutas de suministro de la red Grey Line .
— Grey Line . Se mueven sin patrones claros y no dejan testigos vivos. Tenemos tres puntos fijos. Este —señalo a un tipo con cara de pocos amigos— es un intermediario de bajo nivel. Lo tenemos en la sala de interrogatorios, pero no quiere abrir la boca.
—Hablará —suelta Hale con una seguridad que me eriza la piel.
—Aquí no damos nada por hecho —le corto—. Y menos tú.
—Solo digo que todo el mundo tiene un precio o un miedo. Solo hay que encontrarlo.
—Esto es lo que necesitas saber por ahora —añado, ignorando su filosofía de manual—. El resto de la investigación te lo tendrás que ganar.
Sus ojos se clavan en los míos con una calma tormentosa.
—¿Tengo que ganármelo?
—Sí.
—Interesante —murmura él, cruzándose de brazos y evaluándome como si yo fuera la sospechosa.
Hay algo en su tono, una vibración de superioridad que me saca de quicio. No ha entendido nada.
—No te confundas, Hale. Esto no va de ti.
Es mentira. Lo sé en cuanto lo digo. El aire en el despacho se vuelve denso, cargado de una electricidad que no debería existir entre dos policías que apenas se conocen.
—Vamos a hacer una visita al intermediario —sentencio, rompiendo el momento—. Quiero que veas cómo trabajamos aquí antes de que abras la bocaza y me estropees el interrogatorio.
—¿Me quieres enseñar a interrogar, Hartman?
—Estoy evitando que la cagues —cojo mi chaqueta y me la pongo—. Cinco minutos. Si no estás en la puerta, te quedas aquí haciendo papeleo.
Camino hacia la salida sin mirar atrás, pero noto sus pasos tras de mí.
Es una presencia constante, demasiado cómoda, demasiado acechante.
Los novatos suelen tardar meses en adaptarse al ritmo de la investigación, pero él ha entrado como si ya conociera el guion de la película.
Y eso solo puede significar una cosa. Que sabe más de lo que dice. La pregunta es cuánto… y por qué.