Cada paso me condujo a ti Capítulo 47 - A ciegas
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Capítulo 47 - A ciegas

C uando Francis entró a la habitación, ella estaba de espaldas, mirando la ventana. La nieve seguía cayendo en abundancia y aunque era media mañana, la luz era escasa. Las lámparas encendidas. Y sobre la mesa, un desayuno para dos.

Él lo notó.

Mili se dio vuelta despacio. Le dedicó una media sonrisa breve, desde lejos. Él tenía ojeras oscuras y la misma ropa de la noche anterior. Ella estaba bañada, con ropa cómoda. Pero los ojos tristes.

El ambiente parecía a punto de romperse.

Fue Francis el primero en hablar.

—Hola.

—Hola. ¿No dormiste?

—No pude. Sophie me contó algo de lo que te dijo Stephanie.

—Sí, le dije que podía hacerlo. Pero no quiero empezar por ahí esta conversación.

Mili lo cortó en seco. Se enderezó.

—¿Por qué?

Francis frunció levemente el ceño.

—¿Por qué, qué?

—¿Por qué me ocultaste que estaba en la fiesta?

El aire cambió.

—Tú sabías. La viste, y decidiste ocultarlo.

Mili levantó los brazos.

—No sé qué estabas pensando, Francis.

Él se pasó una mano por el pelo, exhalando.

—No era algo complejo. —La voz le salía fría. —Era decirme: "está aquí". Y con eso todo habría sido distinto. No me dejaste elegir cómo pararme ahí… otra vez.

Las palabras le salieron más rápidas, empujadas por una respiración que amenazaba con romper la calma que intentaba sostener.

—Dejaste que me descolocara. Me quedé callada, Francis. —Lo miró directo. —No sabes lo estúpida que me siento. ¿Sabías que iba a venir a la fiesta o simplemente la viste ahí?

El silencio cayó pesado.

Francis respiró hondo antes de responder, con una mezcla de sorpresa e incomodidad.

—Nunca habría elegido este lugar si hubiera sabido que vendría. De hecho, no estaba en la lista de invitados. De alguna forma se habrá enterado que estábamos aquí y vino. La vi unos minutos antes de las campanas… me miró, levantó la copa… pensé que me estaba provocando. No volví a mirarla.

Mili levantó las cejas.

—Me dejaste expuesta a alguien que ya nos había amenazado a los dos.

—No fue mi intención, Mili.

—¿Y cuál fue?

—Creí que no se iba a acercar. Por el acuerdo que tenemos, no debería haberlo hecho.

La risa de Mili fue mínima.

—Pero lo hizo. —Caminó unos pasos a los costados—. Y no sabes lo idiota que me siento. Por pensar que ibas a ser sincero, tenerme en cuenta, sin omisiones.

El aire se tensó.

—Eso hace que todo lo que ella dijo tenga más peso. Que todo pueda ser verdad. Me prometiste que esto iba a ser distinto. Sin secretos. Y en el primer paso… me vuelves a fallar.

Su voz se quebró apenas. Respiró profundo buscando recomponerse.

—Ella no paró de atacarme… y yo…

Se cruzó de brazos.

—Le di exactamente lo que quería. Verme débil.

Francis se quedó quieto.

—Tienes razón. Vine a pedirte perdón —dijo finalmente—. Porque sé que te fallé. Y justo en lo que te dije que no iba a volver a suceder.

Cerró los ojos un segundo, negando.

—Lo siento.

Se pasó la mano por la cara.

—Creí que no iba a pasar nada. La noche estaba siendo perfecta… fui ingenuo. Lo sé.

Se detuvo un momento y bajó la voz.

—Y sí… eso fue un error.

Mili tenía la mirada encendida. Ninguno habló por un momento.

—Entiendo que estés así, por lo que te dijo. Pero necesito que tengas claro algo. Ella te comparó. Y para mí no hay comparación.

Ella no lo miró. Negó, fastidiada.

—Porque ninguna de ellas me conoce. No conocen a quién soy contigo. Porque nunca me sentí así con nadie.

—No siento que sea el momento para hablar de sentimientos, Francis —lo cortó Mili, suave pero firme—. Cualquier frase bonita me suena a desesperación ahora. Las cosas lindas se dicen cuando no hacen falta… no cuando se intenta tapar un error.

Y ahí… él se desarmó un poco, apretó los labios, conteniéndose, y enderezó los hombros.

—No me parece justo esto. Puedo seguir buscando palabras… pero si cada vez que me acerco tú retrocedes, si ahora mientras te hablo ni siquiera puedes mirarme a la cara… ¿Cómo se supone que me disculpe?

Hizo un movimiento de cabeza mientras miraba el piso.

—¿Cuándo será el momento correcto para decirte lo que siento? Porque ya no sé cómo no decírtelo, Mili. Hace meses que no sé.

El aire cambió. Más íntimo. Más crudo.

—Yo sé que no tengo derecho a enojarme en este momento… pero no puedo quedarme todo el tiempo midiendo. Sin saber si te incomodo, si te estoy empujando. Si es lo que quieres o no.

Ahí… los ojos de Mili se llenaron de lágrimas.

Francis dio un paso más, sin invadir.

—No te estoy pidiendo que me perdones por haber cometido el error de ocultarte que estaba aquí. Ese error es mío y lo asumo. Pero tampoco puedo quedarme callado mientras todo lo demás se pone en duda como si fuera lo mismo.

Respiró.

—Todo lo que te dijo… no es real, no ahora. Ese hombre existió… sí. Pero no soy ese contigo. Y no quiero que lo confundas conmigo.

Mili lo miró. Ojos húmedos. Fríos.

—Ese es el problema, Francis… tú sí sabes quién eres. Pero yo no lo tengo tan claro ahora. Yo no sé si puedo confiar en eso. Si hubieras sido claro conmigo… nada de esto tendría lugar.

Francis apretó la mandíbula.

—Yo no creo que tú entiendas lo que realmente me pasa. Porque sí… yo veo al hombre que tengo enfrente. Y ahora, también sé que esa otra versión existió. Y no está separada de ti.

El aire se volvió más incómodo.

—Entonces cuando me dices que no las confunda… no es tan simple.

Bajó la mirada un segundo.

—No es que no quiera quedarme con lo que veo… pero necesito tiempo para ir segura. Cuando te conocí te dije que venía de un momento muy oscuro. Y fue verdad. Francis, no puedo darme el lujo de ser vulnerable.

—No me pidas que confíe ahora… porque, aunque quiero hacerlo, un perdón no me quita las dudas que tengo dentro.

Se le quebró la voz, pero se recompuso.

—Ahora mismo… no tengo claro lo que siento.

Eso quedó suspendido entre los dos.Francis la miró, procesando. Asintió.

—Lo entiendo. De verdad. Y no te estoy pidiendo que confíes a ciegas ni que ignores lo que sientes.

Pero tú dices que te estás protegiendo… y lo respeto.

Pero yo también estoy aquí, ¿sabes? Y estoy dando pasos, Mili.

Sin saber muy bien qué va a pasar. Sin saber hasta dónde vas a dejar que esto crezca.

Levantó apenas las manos.

—Y eso también me deja en un lugar bastante expuesto.

Porque siento que tú decides en cada momento cuánto avanzar…

y yo voy detrás, adaptándome. Y sí, es una elección.

Pero mírame: estoy aquí, aceptando las migajas de tu confianza, conformándome con lo que decides entregarme de tu mundo solo porque espero el día en que creas en mí.

Mili tragó saliva. Una lágrima cayó por su mejilla que rápidamente limpió.

—Yo también necesito entender si realmente quieres esto… o si en el fondo sigues protegiéndote de algo que ya no está pasando.

Eso la golpeó.

—No te lo digo para presionarte. Te lo digo porque también tengo derecho a saber dónde estoy parado. Porque si esto va a seguir así… yo también voy a tener que aprender a cuidarme.

No había enojo en el tono. Había verdad.

—No quiero alejarme… pero voy a ciegas, Mili. Y ahora siento que voy a estrellarme.

Francis dio un paso corto, acortando la distancia, pero sin tocarla.

—Me gustaría darte una respuesta ahora… pero no la tengo. Necesito distancia para poder entender todo esto.

Ninguno dijo nada por unos segundos.

—Lo siento, pero ya lo decidí. Me voy a ir con Caroline y Vince esta noche.

Él exhaló. Giró levemente el cuerpo. Por primera vez, algo en él se tensó más de lo que podía disimular.

—Está bien, Mili… cuando tengas claro lo que quieres hacer con esto, me llamas.

Y salió.