Cada paso me condujo a ti Capítulo 20 - El peso de las palabras
42%

Capítulo 20 - El peso de las palabras

M ili permanecía de pie en el amplio recibidor, todavía con la sudadera puesta. Ni bien cruzaron la puerta, una de las empleadas de la casa se acercó para recibirlos. En ese mismo instante sonó el teléfono de Francis.

—Sí, Sara.

Se apartó apenas unos pasos mientras escuchaba a su asistente personal.

Mili alcanzó a entender que hablaban del artículo, de los asesores y de una reunión con los abogados.

Francis le dedicó una mirada rápida y señaló con un gesto cálido una de las butacas dispuestas junto a una mesa de mármol, indicando que podía tomar asiento. Ella asintió.

Poco después, otra empleada se acercó discretamente.

—¿Le traigo un vaso de agua?

—Gracias.

Mientras esperaba, observó el lugar.

El espacio, que en cualquier otra casa habría sido una antesala, allí parecía una sala en sí misma.

Techos altos, molduras antiguas perfectamente conservadas, una gran escalera de madera oscura que ascendía hacia el piso superior.

Cuadros, esculturas y muebles que parecían haber ocupado ese lugar durante generaciones.

Nada resultaba llamativo por sí mismo y, sin embargo, todo transmitía una riqueza difícil de dimensionar.

No parecía una casa decorada para impresionar a nadie. Parecía una casa que había ido creciendo durante siglos.

Se sintió pequeña en aquel espacio desmesurado.

Afuera el mundo gritaba. Allí dentro, nada parecía fuera de lugar. Intentó respirar con más calma, ya sosteniendo el vaso entre las manos.

—Perfecto. Que me mantengan informado. En cuanto termine aquí, me pondré en contacto con ellos.

Guardó el teléfono y se acercó a ella de inmediato. Le apoyó la mano en el hombro suavemente y le buscó la mirada.

—¿Estás bien?

Mili asintió apenas. Él la observó un segundo, como si intentara determinar cuánto de verdad había en esa respuesta.

—Necesito hablar con mi padre… ¿Podrías esperarme?

—Sí.

Francis le sostuvo la mirada un instante más. Y la invitó a pasar al salón.

Fue cuando vio acercarse al señor Brixton.

Su porte era solemne como la casa misma, pero sus palabras no fueron frías.

—Gracias por venir. Es bueno tenerlos aquí y no imaginarlos atrapados en medio del caos —dijo con voz grave.

Mili hizo una leve mueca que no llegó a ser sonrisa. Sentía el pulso en la garganta.

Francis miró a una de las empleadas.

—Por favor, asegúrate de que esté cómoda.

—Por supuesto, señor.

Francis volvió la mirada a ella, Mili se había acomodado en uno de los sillones que daban al jardín. Ella le sostuvo la mirada un segundo, como si buscara algo que la estabilizara. Luego hizo un leve movimiento de cabeza que bastó para decirle que podía irse, que estaría bien.

Francis lo entendió.

—¿Podemos hablar? —dijo a su padre.

Christopher le señaló la puerta con la mano. Ambos caminaron hacia el despacho contiguo. La puerta se cerró con un sonido seco.

El ambiente era más oscuro allí dentro. Olor a cuero envejecido, a libros antiguos. Una lámpara encendida sobre el escritorio proyectaba sombras largas.

Francis no esperó.

—Sé lo que estás pensando —soltó, antes de que su padre hablara, tomando asiento sin relajarse del todo—. Pero te aseguro que te equivocas.

Christopher no respondió de inmediato. Lo observó.

—Estás a la defensiva —dijo finalmente— porque no me dejaste decir ni una sola palabra.

—Tu mirada lo dijo todo.

Un leve silencio.

—Puede que la hayas malinterpretado. Estoy preocupado, sí. Y sorprendido. La versión que estoy viendo de ti no coincide con el caos que se acaba de desatar otra vez. —Hizo una pausa, evaluándolo—. ¿Qué fue lo que ocurrió?

Francis soltó el aire despacio.

—No pasó nada inapropiado. Estoy tan sorprendido como tú. El viernes, en la gala, me crucé brevemente con Lora y con Stephanie. Encuentros fugaces. Nada más.

Christopher sostuvo la mirada un segundo más, como si midiera la verdad en el tono. Luego desplegó sobre la mesa una hoja impresa de un artículo firmado por Lora Bosch y la giró hacia su hijo.

—Entonces supongo que no leíste la nota.

"¿Traición en la pareja dorada? La nueva mujer de Francis Brixton sacude Londres"

Aunque en los últimos meses habían circulado rumores de crisis entre Francis Brixton y Stephanie Ashford, ambos habían sido vistos juntos nuevamente en la gala benéfica del viernes por la noche, alimentando las versiones de reconciliación.

Una de las fotografías más comentadas muestra a Brixton abriéndole la puerta del coche a Ashford mientras ella le sostiene la mano y lo mira con visible devoción. Y fuentes cercanas confirman que pasaron la noche juntos.

Sin embargo, horas después salieron a la luz nuevas imágenes del empresario junto a una misteriosa joven fuera de un exclusivo gimnasio londinense.

Bajo la lluvia y en una escena de evidente intimidad, Francis aparece sosteniéndola de la cintura mientras ambos sonríen completamente ajenos a la cámara.

Las imágenes encendieron inmediatamente rumores de infidelidad y ya hay quienes señalan a la misteriosa rubia como la posible responsable de la nueva crisis entre Brixton y Ashford.

Aunque Francis Brixton ha sido relacionado con distintas mujeres a lo largo de los años, en esta ocasión las especulaciones son diferentes.

Personas de su ámbito aseguran que la joven forma parte de su entorno desde hace varios meses, alimentando las versiones de que no se trataría de una aventura pasajera, sino de un vínculo más significativo.

¿Es ella la mujer que finalmente puso fin a una historia que parecía inevitable? ¿O simplemente la primera en quedar expuesta en medio de una ruptura que ya estaba en marcha? Sea cual sea la respuesta, todas las miradas están puestas sobre la misteriosa rubia que hoy ocupa el centro de la escena.

Francis volvió a mirar la fotografía.

Se quedó quieto apenas un segundo.

—Esa foto fue el día de la tormenta… —murmuró.

Christopher levantó la vista.

—¿Qué?

—Steph estaba en el gimnasio. Recuerdo que Mili lo mencionó.

El silencio cayó pesado.

Francis soltó una risa seca, sin humor.

—No puedo creerlo… Son unas cínicas. Lora sabe perfectamente cómo funciona esto. Y Steph está furiosa conmigo hace meses. —Se pasó las manos por la cara—. No es azaroso.

Se levantó de golpe y comenzó a caminar de un lado a otro.

—Esto no es solo prensa basura… —murmuró—. Ella jamás tendría por qué estar expuesta a algo así.

Se frenó.

—Dios… esto la va a destrozar.

Christopher lo observó con atención distinta ahora.

—Francis… —dijo con calma— no veo en ti lo mismo que antes. Lo sé. Has cambiado. Pero dime algo: ¿cómo pudiste exponerte de nuevo? Sabías perfectamente lo que podía ocurrir.

Francis apretó la mandíbula.

—No me estoy relacionando con ninguna. A Steph solo la acompañé porque estaba bebida y no quería que le ocurriera nada. A Lora le dejé claro que no me interesa. Pero sí… Debí preverlo. Debí saber que incluso un gesto correcto podía usarse en mi contra.

Christopher inclinó la cabeza lentamente y lo miró con cierta preocupación.

—Aquí no bastaba con ser correcto. Hacía falta criterio.

Francis lo miró sin bajar la cabeza.

—Lo sé. —Cambió a un tono más determinante— Te puedo asegurar que no me volverá a ocurrir.

—Confío que así será.

Francis tomó de nuevo el artículo.

—Ella está asustada… pero no tiene idea del tamaño del problema.

Nunca hablamos de mi pasado. Tal vez pudo haber visto algo por sus propios medios, pero jamás lo mencionó.

Y yo… —tragó saliva— sinceramente no quise abrir ese tema con ella.

Quizás porque asumí que, si hacía las cosas bien, nunca tendría que volver a enfrentar todo esto.

—Que ella no conozca realmente tu pasado complejiza bastante las cosas. —Hizo una pausa breve—. No parece una mujer acostumbrada a este tipo de exposición. Y recibir todo esto de golpe puede ser abrumador.

El silencio cayó un instante.

—Habrá que manejarlo bien, Francis.

Cerró los ojos un momento.

—Me pondré en contacto con los abogados. ¿Podrías adelantarle algo? Ponerla en contexto. Quizás hasta sea mejor. Yo no sé bien ni qué contarle. —movió los dedos en el papel— Si no leyó el artículo, no hagas alusión. Quiero explicárselo yo.

—La pondré en situación. ¿Hay algo más que prefieras que no mencione?

—No, supongo que omitir información no mejorará nada.

◆◆◆

La puerta del despacho quedó cerrada.

Mili seguía en el mismo sillón donde la habían dejado, con el vaso de agua intacto entre las manos y la mirada fija en ningún punto concreto.

Su mente seguía atrapada en el coche.

"Yo te quiero."

Nunca antes lo había dicho. Le había salido así, sin cálculo y sobre todo sin protección.

Se reprochaba el momento. Y aun cuando había querido vestirlo de amistad, sabía que Francis lo había escuchado distinto. Lo vio en sus ojos. No fue una reacción pasajera. Fue algo que se abrió y no volvió a cerrarse.

Y todavía resonaba su frase final:

"Nada es obvio entre nosotros."

Quizás tenía razón. Tal vez nada lo era. Ni ella lo tenía claro en ese momento.

La puerta del despacho se abrió. Christopher apareció y caminó hacia ella con paso medido. Se sentó frente a Mili, no demasiado cerca.

—Señorita Duhan, Francis me pidió que le hiciera compañía mientras contacta a los abogados. ¿Cómo se encuentra?

—Nerviosa… pero bien.

Christopher inclinó la cabeza.

—Me pidió que le diera algo de contexto.

Ella lo miró sin apartar los ojos.

—Se lo agradezco.

—Según lo que Francis me comentó, usted no tiene mucha información de los años anteriores. Por lo que es importante que sepa que vendrán meses complejos. Usted no está acostumbrada a este mundo.

Milagros se movió incómoda en el sillón. Él lo vio.

—Pero nosotros tampoco lo estábamos. Fuimos una familia anónima hasta que Francis cumplió veinte años.

De ahí en adelante, llegaron los momentos tormentosos.

Hubo situaciones muy duras: titulares despiadados y juicio público.

Y aunque hubo mentiras, también hubo errores, excesos, imprudencias.

Francis los cometió, y pagamos el precio todos.

Mili escuchaba en silencio, con los ojos bien abiertos, absorbiendo más de lo que mostraba.