5
La mano de Blake ya estaba en el pelo de Jordan antes de que sus bocas terminaran de juntarse.
Le echó la cabeza hacia atrás, tomando el control como si hubiera estado esperando permiso. Su otra mano se abrió sobre la parte baja de la espalda de Jordan —tan grande que la palma le cubría la mitad— y lo atrajo hacia sí.
Jordan soltó un sonido del que se avergonzaría más tarde. Algo necesitado y desesperado que vibró contra la boca de Blake. Blake era mucho más grande que él —más alto, más ancho, sólido de un modo que hacía sentir a Jordan casi frágil.
Este es el padre de Alex. Este es el padre de Alex y tengo la lengua en su boca. El pensamiento debería haber matado el momento. En cambio, el calor le bajó directo a la polla.
Blake lo besaba como si estuviera muerto de ganas. Como si hubiera estado pensando en esto. Y Jordan podía sentirlo —todo él— a través de la ropa. El calor de su pecho. La fuerza de sus brazos.
La línea gruesa e inconfundible de su polla apretada contra la cadera de Jordan.
Oh, Dios. Oh, joder.
A Jordan se le fueron los pensamientos. Esa era la polla de Blake. La polla de Blake, dura, por él, y se sentía grande, se sentía gruesa incluso a través de dos capas de tela, y Jordan iba a perder la cabeza.
Se oyó gemir. Gemir de verdad, como algo desesperado, y debería estar mortificado pero no lo estaba porque la mano de Blake le había agarrado el pelo con fuerza y Blake estaba soltando un sonido grave contra su boca que Jordan sintió en los huesos.
El fuego se había consumido hasta las brasas, bañándolo todo en una luz naranja parpadeante.
La cabaña estaba fría —Jordan sentía el frío en la nuca, el contraste entre el aire helado y el calor del cuerpo de Blake en cada punto donde se tocaban.
Afuera, el viento había arreciado y la nieve golpeaba contra las ventanas.
Las manos de Jordan se aferraron al jersey de Blake, agarrándose como si fuera a ahogarse si lo soltaba.
Le devolvió el beso torpe y sin gracia, sin técnica, solo deseo —años de deseo que por fin se desbordaban.
Blake sabía a whisky. Olía a cedro y a algo cálido debajo, algo que era solo él, y Jordan quería enterrar la cara en el cuello de Blake y respirarlo.
Estaba tan duro que dolía. Le palpitaba dentro de los vaqueros, desesperado por fricción, por presión, por lo que fuera.
Las caderas se le movieron antes de que pudiera detenerlas —empujando hacia delante, restregándose contra el muslo de Blake como si no tuviera control sobre su propio cuerpo.
La presión le arrancó un jadeo contra la boca de Blake.
Joder. Joder. Se estaba restregando contra el padre de su mejor amigo como un adolescente desesperado. Confirmando su fama de tomar buenas decisiones.
—Cuidado —murmuró Blake contra sus labios.
A Jordan le ardió la cara. Debería parar. Debería echarse atrás, disculparse, fingir que le quedaba algo de dignidad.
Pero las manos de Blake seguían sobre él. Blake seguía duro contra su cadera —tan duro, Dios. Algo temerario tomó el control de la boca de Jordan.
—¿Por qué? —Le salió la voz ronca. Rota—. ¿Qué pasa si no tengo cuidado?
Blake se echó hacia atrás lo justo para mirarlo. Tenía los ojos oscuros, la respiración irregular, y había algo en su expresión que le dio un vuelco al estómago a Jordan. Hambriento. Aprobador.
—¿De verdad quieres averiguarlo?
Jordan debería decir que no. Debería aprovechar la escapatoria, reírse, ir a su habitación y hacerse una paja como una persona normal en lugar de lo que fuera esto.
—Sí —La palabra apenas le salió—. De verdad quiero.
La mano de Blake bajó entre ellos y le agarró la polla por encima de los vaqueros.
Jordan dejó de respirar.
No fue un roce. No fue tentativo. La mano de Blake simplemente lo cubrió, abarcándole la polla a través de la tela vaquera, firme y segura, y todo el cuerpo de Jordan se encendió.
Las caderas se le sacudieron hacia delante antes de que pudiera detenerlas, empujando contra la palma de Blake, buscando presión.
—Oh... —El sonido se le escapó—. Oh, joder...
La mano de Blake. La mano de Blake estaba sobre su polla. Veinte años mayor, el padre de Alex, y tenía la mano cerrada sobre él a través de los vaqueros como si tuviera todo el derecho a tocarlo.
La polla de Jordan palpitó. Estaba tan duro que era casi doloroso, tensa contra la cremallera, y Blake solo lo estaba sujetando —sin acariciar, sin moverse, solo dejando que Jordan sintiera la presión de su palma.
No era suficiente. Las caderas de Jordan se movieron solas, empujando hacia delante contra la mano de Blake, buscando fricción como si no pudiera evitarlo. Porque no podía. Se estaba restregando contra la palma de Blake como algo desesperado y no podía parar.
—Llevo pensando en esto —dijo Blake, bajo y ronco— desde que me enseñaste ese vídeo.
Dios, qué humillante. Blake probablemente pensaba que era un veinteañero triste con complejo de Edipo.
Lo cual... bueno, no iba desencaminado.
—¿Qué pasa en él? —El pulgar de Blake le recorrió el contorno de la polla por encima de la tela—. Cuéntamelo.
A Jordan se le trabó el cerebro.
—¿Quieres que... qué?
—Dime qué pasa. En el vídeo —Blake tenía los ojos oscuros, intensos—. Quiero oírtelo decir.
Aquello parecía una trampa de algún modo. Pero la mano de Blake estaba sobre su polla, Blake lo estaba mirando así, y las palabras le salieron a borbotones.
—Él, eh... El tío mayor. Lo desnuda.
La mano libre de Blake fue al cinturón de Jordan. Empezó a abrirlo, lento y deliberado, y a Jordan se le cortó la respiración.
—¿Sí? ¿Cómo?
—Despacio —Jordan tragó saliva mientras Blake le soltaba la hebilla. El sonido del metal resonó obscenamente fuerte en la cabaña silenciosa—. Como si estuviera... como si estuviera desenvolviendo algo.
—Mm —Blake le abrió el botón. Le bajó la cremallera, diente a diente—. ¿Qué más?
—Lo toca —A Jordan le temblaba la voz—. Por todas partes. Se toma su tiempo. Como si llevara tiempo pensando en ello.
—Lo he estado.
Blake enganchó los dedos en la cinturilla de Jordan —vaqueros y bóxers a la vez— y tiró hacia abajo lo justo.
La polla de Jordan quedó libre, enrojecida, dura, goteando por la punta. Primero lo azotó el aire frío y siseó entre dientes; después, la mano de Blake se cerró en torno a él.
Jordan bajó la mirada. No pudo evitarlo.
La mano de Blake resultaba obscena sobre él.
Dedos bronceados rodeando la polla enrojecida de Jordan, el agarre firme y seguro, y solo con verlo casi se corrió.
La palma de Blake era cálida, áspera, grande; sus dedos lo envolvían por completo.
Jordan tuvo que morderse el labio para no correrse en el acto.
—Joder... —Su voz se quebró—. Blake...
La mano de Blake se limitó a sostenerlo. Sin moverse. Dejó que Jordan sintiera el calor de su palma, los callos de sus dedos, cómo lo agarraba con la firmeza justa para que no pudiera retorcerse aunque quisiera.
Cosa que no quería en absoluto.
—¿Qué más hace? —preguntó Blake, como si Jordan fuera capaz de formar frases en ese momento. Como si su mano no estuviera cerrada en torno a la polla desnuda de Jordan mientras este se desmoronaba.
—Él... joder... —Jordan intentó concentrarse. Sus caderas se sacudieron en busca de fricción—. Le dice que lo ha estado deseando. Le habla todo el rato.
—¿Sobre qué?
—Sobre... —La voz de Jordan se quebró cuando el pulgar de Blake le recorrió la punta, extendiendo la humedad—. Sobre lo que va a hacerle. Lo que quiere.
Blake empezó a acariciarlo. Lento, deliberado, enloquecedor. Lo justo para que a Jordan se le encogieran los dedos de los pies, pero no lo bastante para llevarlo a ningún sitio. —¿Qué quiere?
—Hacerle sentir bien. —Jordan jadeaba—. Cuidar de él. Y... —Se cortó, con la cara ardiendo.
—¿Y qué?
Dios. —Le hace esperar. El mayor tiene todo el control y el joven simplemente... se deja. Confía en él. Y es... —No sabía cómo terminar esa frase sin sonar como un caso clínico.
La mano libre de Blake le agarró la cadera para inmovilizarlo. Su pulgar trazó un círculo lento sobre el hueso de la cadera, casi reconfortante. —¿Qué pasa si hago eso? ¿Si te hago esperar?
Todo el cuerpo de Jordan palpitó. —Blake...
Blake volvió a acariciarlo.
Jordan gimió —por fin, por fin—, pero era lento, tan jodidamente lento, y cuando intentó embestir contra el puño de Blake, la otra mano le presionó firme la cadera, clavándolo en el sitio.
—Quieto.
La orden le bajó directa a la polla. Soltó un sonido frustrado, clavando los dedos en los brazos de Blake. Quería más. Quería más rápido. Pero el agarre de Blake lo retenía y lo único que podía hacer era quedarse allí y aceptar lo que Blake le diera.
Lo cual era enloquecedor. Y también, si era sincero consigo mismo, exactamente lo que había fantaseado mientras se masturbaba cien veces.
La mano de Blake era perfecta: cálida y segura, con un agarre lo bastante firme para que cada caricia le arrastrara oleadas de sensación por la columna. El sonido obsceno y húmedo llenaba la cabaña en silencio. Jordan goteaba sin parar, poniéndole el puño perdido a Blake, y le daba igual.
La voz de Blake sonó grave. Ronca. —Tan jodidamente desesperado.
A Jordan le ardió la cara. Estaba desesperado. Ahí plantado con los vaqueros bajados, la polla fuera, goteando sobre la mano de Blake mientras este lo tocaba como si le perteneciera. Como si Jordan fuera un juguete.
Solo pensarlo hizo que la polla le diera un tirón en el agarre de Blake.
La presión se acumulaba en la base de la columna —esa tensión familiar—, el calor propagándose por los muslos. Iba a correrse vergonzosamente rápido y ni siquiera le importaba...
Blake aflojó el ritmo.
—No... —La palabra salió estrangulada—. No pares, estaba a punto...
—Lo sé. —Blake sonaba tranquilo. Sin prisa. Como si tuviera todo el tiempo del mundo mientras Jordan se deshacía—. De eso se trata.