40. La luz de nuestros días
La luz de nuestros días
Meses más tarde, cuando creyó sentirse lo suficientemente preparado tanto física como emocionalmente, quiso regresar al lugar en el cual pereció tanta gente anónima y tantos compañeros suyos.
En parte entendí esa necesidad suya de ir cerrando heridas para lograr sanar por dentro ese dolor. En ocasiones es preferible enfrentarte a tus propios demonios cara a cara que ignorarlos y cargar con ellos a cuestas para siempre.
—¿Estás seguro?
—Sí, lo estoy. Es algo que necesito hacer desde hace un tiempo.
Ryan me miró a los ojos con tristeza, me besó en el pelo y cogió a Shera, nuestra pequeña, en brazos antes de salir del taxi.
Sentí preocupación por el hecho de que, acudir a la Zona 0, pudiera remover esos amargos sentimientos que parecía haber encerrado bajo llave... pero entonces me dijo algo que me calmó, dando respuesta a mis pensamientos, y me contrajo el corazón.
—Necesito dar paz a mi alma.
Asentí, conmocionada, y sellé sus palabras con un beso para que supiera que lo comprendía y que iba a estar a su lado en todo momento.
Caminamos en silencio, bajo el manto de una noche teñida de negro y una majestuosa luna de plata, hacia la Tribute in ligth, en dirección a los ochenta y ocho reflectores que se instalaron en marzo del 2002, que formaban dos columnas verticales de luz en el cielo, en memoria de todos los fallecidos.
Sólo el eco de nuestras pisadas fue testigo directo de nuestro penar.
Aún recuerdo su rostro desencajado al acuclillarse ante la emotiva estampa de un inmenso y desolador solar en el que un día se alzaron orgullosas las Torres Gemelas, depositar con sumo respeto una rosa roja y cerrar los ojos durante varios minutos.
Permití que esos instantes fueran sólo suyos y jamás osé preguntarle qué palabras brotaron de su corazón hacia ese lugar.
En vez de eso, cuando acabó, me acerqué para abrazarlo en el más absoluto de los silencios, respetando ese momento y haciéndole saber que estaba a su lado y que, pasara lo que pasase, siempre lo estaría.
Años más tarde, en 2011, se construyó en la Zona 0 el 9/11 National Memorial (monumento conmemorativo a las víctimas del 11-S) en honor a los que perecieron en los atentados del World Trade Center en 2001.
Los nombres de las víctimas se grabaron en bronce en las dos fuentes que conforman el centro neurálgico del monumento. La fuente norte y la sur se construyeron exactamente en el mismo lugar donde antes se erigían las emblemáticas Torres Gemelas.