Brooklyn (Skyline 1) 35. Polvo y oscuridad
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35. Polvo y oscuridad

Polvo y oscuridad

Brooklyn Steinfield

—¡Por favor, despejen la zona! ¡Salgan!

Un agente de la autoridad nos alertaba de un peligro que desconocíamos dentro de la confusión. Instintivamente, a modo de protección, me llevé la mano al vientre y seguí sus instrucciones, siguiendo la marea humana que, horrorizada, deambulaba como ida hacia la calle.

Abandoné el edificio y alcé la vista, pues algo terrible había ocurrido.

La Torre Norte, aquella que siempre se había alzado soberbia, estaba en llamas.

—Dios mío, Ryan...

Me apresuré a intentar ponerme en contacto con él, pues sabía que aún seguía en el interior del edificio, pero me resultó imposible.

Temblorosa y con el pulso descontrolado, tecleé un escueto mensaje de texto.

Cariño, ¿estás bien? 8.54

No respondió. Esperé un tiempo prudencial, por si no estaba atento al móvil, y le envié el segundo mensaje.

Por favor, dime que estás bien... Te quiero. 8.55

No tardé mucho en mandar el tercero.

Ryan, ¡responde, por Dios! 9.01

Nunca respondió a ninguno de mis mensajes, ni siquiera los leyó.

Aquella soleada mañana del mes de septiembre, a las 8.46, un Boing de American Airlines impactó entre las plantas 93 y 99 de la Torre Norte del Word Trade Center.

A las 9.03, un segundo avión colisionó, en esa ocasión contra la Torre Sur, entre los pisos 77 y 85.

A consecuencia de los macabros atentados de ese día, perdieron la vida 2.

996 personas (incluyendo a los diecinueve terroristas y a los veinticuatro desaparecidos), entre las Torres Gemelas, el Capitolio y el Pentágono.

Esos hechos marcaron un antes y un después en la historia de Estados Unidos y en nuestras propias vidas.

Vi arder ambas torres ante mis ojos, desde lo lejos y sin poder hacer nada por impedirlo. Fui testigo de cómo decenas, cientos de personas, se lanzaban al vacío, como si de un mal menor se tratara... a sabiendas de que les esperaba un irremediable final, eligieron eso a morir calcinados vivos.

Ante mi horror y estupor, las aceras se colmaron de cadáveres..., cuerpos que se estrellaban contra el pavimento, esparciéndose por todas partes, como simples despojos humanos, dejando un desolador panorama de sangre, polvo y ceniza.

Dicen que, cuando saltas al vacío, el tiempo se prolonga, que los segundos parecen horas y que tu vida pasa por delante de ti, hasta que tu cuerpo impacta contra el suelo y todo se vuelve oscuridad.

Los semáforos titilantes y las sirenas a su paso alertaban del caos.

Fuego, humo, acero y polvo. En eso se convirtieron aquellos gigantes de hormigón que todo el mundo creía invulnerables.

Tal fue la violencia del impacto al caer la Torre Sur que las autoridades jamás lograron hallar el ADN de algunas víctimas.

Al pasar las horas sin noticias de Ryan, mis esperanzas se vinieron abajo.

A medida que transcurría el tiempo, las posibilidades de encontrarlo con vida se veían mermadas.

.. Todo apuntaba hacia una misma realidad, la de que no había logado sobrevivir.

Sin embargo, a pesar de la evidencia y de que mi mundo se inundara de recuerdos y de promesas incumplidas, aún lo seguía sintiendo conmigo.