Capítulo 12
Sayer
Simon me está evitando y le he dejado hacerlo. Pero, en cuanto mi hermana me ha dicho que iba a venir al parque con Sasha, mientras ella se iba con Ginette y una antigua compañera de patinaje artístico de esta, le informé que me pasaría.
Y aquí estoy. Buscando a Simon con mi sobrino.
Los veo enseguida. Sasha corre mientras Simon le pide que se pare y este se detiene hasta que le dice que adelante. Sasha no hace caso a casi nadie, pero a Simon sí. Ahora le está enseñando a hacer figuras de papel sencillas.
Simon es el primero en verme. Se gira y entonces nuestras miradas se encuentran.
Sus ojos azules y su pelo despeinado me llevan a esa noche. A esa noche que ronda en mi mente con fuerza. Que quiero olvidar como sea, y por eso he empezado a salir con una mujer. El problema es que sus besos no me llenan y no tengo ganas de llevarla a la cama.
—¡Tío! —Sasha se me acerca y se tira a mis brazos.
Lo abrazo con fuerza. Lo quiero mucho y estoy deseando un día ser padre. A todos les digo que no, pero siempre he soñado con tener hijos. Con ser mejor que ellos, que mis padres.
—¡Me miras cómo juego con los otros niños! —Le respondo que sí y voy hasta un banco.
Simon me saluda y luego se sienta a mi lado.
—Sasha te quiere mucho —confirmo lo evidente, en vez de preguntarle cómo está o qué tal su vida. Joder, no quiero saber de él más y, sin embargo, lo he echado de menos.
—Sí, los niños se me dan bien.
—¿Y no quieres hijos propios? —Me observa y luego gira la cabeza para cortar todo contacto visual.
—Sí, pero acepté hace años que eso no podría ser. —Noto dolor en su mirada—. Pero, cuando Gin tenga hijos, seré el mejor tío.
—No tengo dudas. —Sasha nos saluda feliz—. Yo espero ser padre algún día. —Contemplo a Sasha, tras confesar eso—. Siempre digo que no, pero sí, me gustaría.
—Y tener una mujer perfecta en tu casa. Ya lo sé.
—Solo quiero ser feliz.
—Lo mereces, Sayer. Nadie te ha dicho lo contrario. Y seguro que lo lograrás. Se rumorea que estás saliendo con una morena muy guapa. —Asiento. Toma aire y aparta la mirada—. Ojalá te vaya bien y tengas esa familia perfecta que sueñas.
—Ojalá. —Todo sería más fácil si no pensara en ti a cada segundo. O si no me preocupara por si estás bien, por si alguien cuida de ti… No lo digo. Meto las manos en los bolsillos y callo. Callo lo que siento, como llevo haciendo toda mi vida, desde que me besé con un compañero y me gustó.
—¿Has salido con alguien? —Me mira con sus ojos azules echando chispas divertidas. Sé qué piensa: eres un celoso.
—Sí, nada serio.
Miro a mi sobrino agitado. No me gusta pensar en otros besándolo o follándolo.
Joder, no me gusta nada, pero es mejor así.
Es mucho mejor. Tomo aire, agitado. Sasha le llama y se va con él.
Acaban los dos llenos de arena. Disfruto de esta imagen, de los dos juntos.
De Simon jugando con Sasha, feliz, sin importarle quién lo mire.
O quien lo juzgue. Sé que para él no ha sido fácil llegar a este punto.
A este punto donde nada te importa, salvo lo que tú quieras.
Yo nunca llegaré a eso, porque me aterra.
Me aterra demasiado ser señalado con el dedo.
—Hola. —Amanda viene con Ginette y se sientan a mi lado.
Mi hermana me cuenta qué tal su tarde y parece tan feliz. Está más guapa que nunca y sé que es por sus amigos. Sasha corre a saludar a su madre. Se abrazan felices. Nos está costando, pero lo estamos logrando. Salir adelante, lejos del foco de nuestros padres.
Antes de despedirme de Simon, lo devoro con la mirada, sin que nadie lo note. Es lo único que puedo hacer.