Brillantez extrema (Kyle Achilles 1) Capítulo 99
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Capítulo 99

Ráfagas y corrientes térmicas

LA DRAMÁTICA IMAGEN en la pantalla de Katya mostraba a un hombre enjuto con traje formal bajando de un helicóptero bajo un letrero de neón rojo que decía Angels on Fire. El pie de foto rezaba: «Echando gasolina al fuego. La secreta debilidad del presidente de GasEx, Grigori Barsukov».

Katya resumió la historia.

—Todos los sábados, Angels on Fire celebra una subasta en su Rainbow Room. Al parecer se ha vuelto bastante famosa. Un evento muy codiciado. Cada semana se selecciona a siete mujeres para participar, y el dueño del club jura que ninguna de ellas es profesional. De ahí la emoción.

—Algo así como American Idol, pero para strippers en vez de cantantes —dije.

—Hay más —Katya bajó por la página—. Los asistentes pujan mientras las concursantes bailan. El ganador consigue una cita para esa noche, mientras que la estudiante —al parecer eso es lo que la mayoría de las bailarinas dicen ser— se queda con lo recaudado para financiar sus estudios.

—Aquí también hacemos eso. En eventos benéficos. Que yo sepa, las que se subastan son damas de la alta sociedad en lugar de estudiantes, pero ¿qué sé yo?

Katya hizo clic en un enlace que desplegó una imagen sugerente.

—¿Las damas de la alta sociedad bailan la Danza de los Siete Velos?

Porque al parecer eso es lo que hacen durante la subasta.

Dice que a cada concursante se le asigna uno de los colores del arcoíris y se le entrega un atuendo de velos de ese color con un tanga a juego.

Parece que la puja continúa hasta que solo queda el tanga.

Supongo que el ganador tiene el honor de quitárselo. Si la cita sale según lo planeado.

Volví a mi silla.

—Estoy bastante seguro de que aquí en Estados Unidos, las participantes no hacen nada que no quieran ver publicado en la página de sociedad.

—Dice que no se usan nombres, solo colores, pero el subastador lee una biografía de cada una para darle cuerpo a la fantasía. ¡Vaya, mira esto! Registrarse como postor cuesta el equivalente en rublos a mil dólares. Y eso además de los cien dólares de entrada al club.

—Marketing inteligente. Así es como le dan caché.

Hacen que sea un símbolo de estatus tener una paleta de postor.

Y puedes apostar a que las mujeres que van al club lo saben perfectamente.

La mayoría no verá si llegas en un Ferrari, pero una paleta dice lo mismo, y está a la vista toda la noche. Dice mucho sobre Grigori.

—¿Crees que es un buen sitio para pillarlo?

Me encogí de hombros y apuré mi tercera taza de café.

—¿Primera reacción? Podría serlo. No me gusta lo del helicóptero.

Eso limita mucho nuestras opciones. Seguro que el club tiene seguridad hasta en la sopa, además del contingente de guardaespaldas de Grigori, así que eliminarlo dentro del club sería arriesgado tanto para nosotros como para los presentes.

El Mando de Operaciones Especiales jamás daría luz verde a una misión con ese perfil.

Y no vamos a ir equipados para un asalto aéreo.

Así que solo quedan el aterrizaje y el despegue.

Eso podría funcionar si pudiéramos estudiarlo durante unas semanas e identificar un fallo en la seguridad. Pero vamos a ir a ciegas.

Cuanto más hablaba, menos animado me sentía.

—Además, tengo que estar en el Tribunal Superior de Santa Bárbara el lunes a las nueve de la mañana. Incluso con la diferencia horaria de diez horas, una operación el sábado por la noche iría muy justa. Así que creo que Angels on Fire debería ser la última opción.

Me sorprendió darme cuenta de que usaba «nosotros» con toda naturalidad al hablar de una operación de asalto con Katya.

Ella parecía encantada con ello.

—¿Tienes una alternativa? ¿Un primer recurso? —preguntó.

—Creo que tendré que plantearlo como una misión de francotirador.

—¿Qué significa eso? ¿Vas a dispararle desde un kilómetro y medio con un rifle?

—¿Dispararle? Sí. ¿Con un rifle? Quizás. ¿Desde un kilómetro y medio? No. Lo que quise decir es que me apostaría al acecho en un lugar que frecuenta y lo eliminaría cuando aparezca.

—¿En Angels on Fire?

—No. La arquitectura no es adecuada —giré el portátil y señalé una imagen de Google Earth—.

La distancia entre el helipuerto y la puerta es de menos de diez metros, así que solo tendría unos segundos, durante los cuales la turbulencia del rotor desviaría la bala en cualquier dirección.

Y eso sin contar las ráfagas y corrientes térmicas que rodean cualquier edificio en el corazón de una gran ciudad.

Además, no hay ningún punto de observación decente por encima del club, salvo el Ministerio de Asuntos Exteriores, y no puedo atrincherarme allí con un rifle de francotirador.

—¿Entonces dónde?

—En su oficina.

Katya ladeó la cabeza y entrecerró los ojos como si estuviera estudiando un problema de cálculo en una pizarra. Movió el ratón de Angels on Fire al complejo de GasEx.

—Estoy confundida. Puede que no entienda bien lo del francotirador, pero su edificio es el más alto en kilómetros a la redonda. ¿Cómo haces que funcione la trigonometría? ¿Cómo vas a dispararle allá arriba? ¿Vas a esperar a que salga a pasear por el borde, como hizo con Casey y Vondreesen?

—No, no puedo contar con eso, y además las corrientes térmicas harían imposible el disparo. Voy a escalar el edificio y esperarlo arriba.