Brillantez extrema (Kyle Achilles 1) Capítulo 98
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Capítulo 98

Hábito mortal

CASEY Y MELANIE acordaron mantener la apariencia de que el gran Vaughn Vondreesen seguía vivo. No me cabía duda de que trabajarían sin descanso y con suma atención. Les iba la vida en ello.

Con el iPad de Vondreesen y su profundo conocimiento de su estilo, Melanie sería una suplantadora convincente en el mundo digital. Casey, como abogado y consejero de Vondreesen, se ocuparía de su teléfono.

Solo tenían que mantener la farsa durante una semana.

Mi juicio comenzaba el lunes siguiente, y para entonces pensaba haber acabado con Grigori Barsukov. Cómo hacerlo, ni idea.

Para contribuir a mantener la farsa, Katya y yo pasamos el resto de la noche en nuestras cápsulas asignadas, tirando el Brillyanc por el inodoro en vez de inyectárnoslo.

Pasé buena parte del tiempo con la tableta de Vaughn, revisando su correo electrónico.

Encontré uno que había ido a la papelera pero no se había eliminado en la purga diaria automática.

Era de alguien llamado Arcángel , con una cuenta en un proveedor ruso popular.

Había llegado apenas unas horas antes y decía simplemente: «Avísame cómo va el reclutamiento».

Respondí en nombre de Vaughn: «Achilles está a bordo, pero perdimos a Boris e Ivan».

Con suerte, eso nos daría tiempo. Siempre que Arcángel fuera Grigori.

Si no lo era, Arcángel supondría que Vaughn estaba confundido.

En el registro del teléfono de Vondreesen no había llamadas de números rusos. Era decepcionante, pero dado el pasado de Grigori en la KGB, sabía que probablemente usaría un sistema de enmascaramiento, así que no me desanimé.

Por la mañana, abandonamos la fiesta como los números 204 y 205 y volvimos a SFO en la misma limusina en la que habíamos llegado. Recogimos nuestros documentos y móviles de la consigna y tomamos un taxi hacia la ciudad.

Ahora estábamos encerrados en una suite de un gran hotel, planeando mi ataque contra Grigori Barsukov. La cosa no iba como esperaba.

Por mucho que intentara concentrarme, no podía dejar de pensar en Katya.

Me había besado justo antes de nuestra última reunión con Vaughn, y aunque soy hombre, me di cuenta de que aquel beso significaba algo.

Después habíamos pasado la noche en las cápsulas y dormido durante todo el trayecto en limusina.

Pero esta noche iba a ser muy diferente.

Nos encontrábamos ante una encrucijada. O dormíamos juntos, o cada uno por su lado.

Había aplazado la decisión, en la medida en que dependía de mí, reservando una suite de dos habitaciones.

Ya teníamos ese precedente desde nuestra estancia en Washington, así que la elección no había resultado demasiado incómoda.

Eso esperaba. Aunque quizá había percibido un leve gesto de incomodidad.

—Hay bastante información sobre él en internet, tanto en prensa tradicional como en blogs —dijo Katya.

Ella estudiaba al hombre mientras yo averiguaba lo que podía sobre su oficina de GasEx.

—Hasta ahora solo he encontrado una referencia a sus costumbres. Está en un artículo sobre un club de moda llamado, escucha esto, Angels on Fire. Es un club de striptease en el Anillo de los Jardines. Escriben sobre él porque al parecer va cada semana en helicóptero. Ven a ver esto.

Katya señaló su pantalla.

Me acerqué a su lado de la mesa. Habíamos comprado un par de MacBooks para facilitar la investigación continua, y los teníamos abiertos uno frente al otro, como si estuviéramos jugando a Hundir la Flota.

Casey había transferido un cuarto de millón de dólares a mi cuenta para dotar a la expedición de caza de recursos prácticamente ilimitados.

También nos había fletado un jet privado, más para la salida de Rusia que para la entrada.

Si no me presentaba en el juzgado del condado de Santa Bárbara a las nueve de la mañana del lunes siguiente, perdería mi fianza de diez millones de dólares.

Con una misión tan ajustada como iba a ser esta, las horas que ahorrásemos volando en privado podrían marcar la diferencia.

Los controles de seguridad más laxos de los vuelos privados también serían una bendición.

Si llegaba el momento de elegir entre completar la misión o presentarme en el juzgado, no sabía qué elegiría. Estaba decidido a que no llegara a eso. Por tanto, a Grigori le quedaba como mucho una semana de vida. Su próximo viaje a Angels on Fire sería el último.