Brillantez extrema (Kyle Achilles 1) Capítulo 88
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Capítulo 88

Misión cumplida

VONDREESEN SE INCLINÓ hacia adelante y sirvió más Louis XIII en todas nuestras copas, aunque había sido el único en beber. Tomó un sorbo lento con los ojos cerrados antes de hablar.

—Una vez que acepté la nueva estrategia de marketing, cerramos Vitalis, tal como habríamos hecho de todas formas. Tu padre y tu hermano no sospecharon nada.

Hizo girar el brandy en su copa, con la mirada fija en él mientras hablaba.

—No tenía ni idea de que el ruso iba a matarlos. No había razón para eso, más allá de la paranoia. Pero como las reglas te han dejado muy claro, estamos tratando con una personalidad paranoica. Un megalómano con una crueldad sin límites.

Se detuvo un instante y finalmente me miró a los ojos.

Sabía que se acercaba la gran revelación.

—Me llamó la mañana después del accidente, cuando aún dormías. Me dijo lo que había hecho. Me dijo que pusiera a Casey en el caso. Me dijo que impondría la pena de muerte si no te condenaban en el tribunal. Sin demoras. Sin apelaciones.

Me tomé un segundo para digerir ese giro.

—¿Estás intentando decirme que al conseguir que me condenaran por un triple homicidio, Casey en realidad estaba actuando por mi bien?

—Sí, exactamente. En ese contexto, puedes ver que hizo un gran trabajo. Consiguió que la pena de muerte se redujera a seis años, por el amor de Dios. Fue un trato increíble. Pero tú lo rechazaste.

Vondreesen se encogió de hombros.

—Así que Rusia ordenó el golpe.

Miré a Casey, esperando verlo asentir con aire de satisfacción.

No fue así.

Solo parecía preocupado. Ausente.

Me volví hacia Vondreesen.

—Llamaste al detective Frost después de nuestra última visita, ¿verdad? En cuanto salimos por la puerta, ya estabas al teléfono.

—En realidad, llamé a Frost en cuanto llegaste. Le di un soplo anónimo, por tu bien. Desde tu fuga hemos estado intentando devolverte a la prisión, donde al menos tu esperanza de vida se contaría en años y no en días. Pero eso tampoco ha funcionado. Así que aquí estamos.

—¿Dónde, exactamente, estamos?

Vondreesen dejó la copa.

—Voy a daros a ti y a Katya la misma opción que él nos dio a Casey y a mí. Pero voy a ofreceros una experiencia muy diferente para que os decidáis.

—¿Cuál es la opción?

—¿Qué haces si no puedes vencerlos?

—¿Me estás tomando el pelo? ¿Quieres que nos unamos a vosotros? ¿Aliarme con la gente que mató a mi familia? ¿Estás loco?

—El que perderá la cabeza serás tú si no aceptas mi oferta. Literalmente. Chasqueo los dedos y en tres segundos Iván o Boris os habrán volado los sesos. ¡Así que escucha!

Vondreesen dejó que sus palabras flotaran en el aire un momento. Luego hizo un gesto apaciguador con la mano, esparciendo ceniza de cigarro sobre la alfombra.

—Primero, pongamos las cosas en perspectiva.

De lo que estamos hablando, en el peor de los casos, es de llevar a los osos malayos a la extinción.

¿Correcto? Dejando a un lado lo que ya no tiene remedio, ese es el problema.

Ahora bien, nunca he visto un oso malayo, y no espero verlo nunca, pero aun así reconocería que su extinción no es algo bueno.

Sin embargo, te pediré que reflexiones sobre esto: ¿es necesariamente algo malo?

¿Realmente importa? ¿Sabías que veinte mil especies están al borde de la extinción y que cada día docenas desaparecen para siempre?

De acuerdo, la mayoría son plantas, y el oso malayo es un mamífero, pero a fin de cuentas, ¿no se reduce todo a la supervivencia del más apto?

Quería acabar con él allí mismo. Demostrarle quién era el más apto. Pero me contuve. La bestia saldría pronto.

—Los supervivientes hacen lo que sea necesario para sobrevivir.

¿Estáis dispuestos a ocupar vuestro lugar como pri mates?

¿Estáis dispuestos a hacer lo que haga falta para sobrevivir?

Uniros a nosotros y podréis formar parte de uno de los mayores avances médicos en la historia de la humanidad, uno que impulsará a la raza humana hacia adelante.

Uno que, por lo que sabemos, está tan destinado a formar parte de nuestra evolución como la imprenta, la bombilla y el automóvil.

O podéis llorar sobre lo que ya no tiene remedio y uniros a los osos malayos.

Vondreesen extendió las manos como una balanza. Izquierda o derecha. La píldora azul o la roja.

Parecía creerse de verdad la mierda de los osos malayos.

Estudié el extremo encendido de mi cigarro y soplé hasta que la ceniza gris se dispersó y la punta brilló en rojo.

La rama superficial del nervio radial se ramifica desde la base del pulgar, justo bajo la superficie de la piel.

Si conseguía acercarme lo suficiente a la mano de Casey, podría inutilizarle el dedo del gatillo en un solo segundo.

Unos segundos más y podría reventarles el cráneo a ambos con la roca lunar.

Di una calada y miré a Vaughn a los ojos.

—Mataste a mi familia. ¿Qué te hace pensar que alguna vez podré superarlo?

—Dos verdades simples. En primer lugar, Casey y yo no teníamos ni idea de que eso iba a suceder.

Fue una decisión empresarial tomada y ejecutada por una mente paranoica.

Una mente que ha cambiado. Has vencido a cinco de sus hombres desde entonces.

Los aplastaste como críos de instituto que se meten en un campo de fútbol americano profesional.

Él reconoce tu talento. Lo aprecia. Por eso ha autorizado esta oferta.

Miré a Katya para ver cómo lo llevaba. Su expresión era de puro horror.

—¿Cuál es la segunda verdad simple?

Vondreesen se iluminó ante mis ojos. Su rostro recuperó el color y su voz resonó con brío.

—Ya se ha hecho justicia. Los dos tipos que eliminaste en el apartamento de Katya eran los mismos hombres que te tendieron la trampa. Fueron ellos quienes manipularon el sistema de escape del Emerging Sea para matar a tu familia. Tu misión está cumplida.