Brillantez extrema (Kyle Achilles 1) Capítulo 73
59%

Capítulo 73

La gran pregunta

NO QUERRÁS VIVIR SIN ÉL . Me pregunté si era solo una forma de hablar. Decidí que sí. Rita parecía realmente entusiasmada con el producto, y Max y Saba se habían llevado un disgusto al perder su suministro, pero no hasta el punto del suicidio.

—¿Quién lo inventó?

Mi pregunta agrió la dulce expresión de Rita, aunque solo por un segundo.

—No lo sé. Seré franca con vosotros: esta experiencia es como unirse al Proyecto Manhattan.

Me refiero al nivel de secretismo. Trabajamos en un campo muy regulado sin un producto aprobado, así que tenemos que actuar con discreción.

Además, y de nuevo como el Proyecto Manhattan, trabajamos con un arma secreta.

—¿Un arma secreta? —repitió Katya.

—Brillyanc te da el poder de aplastar a tu competencia.

Así que guardarás ese secreto como si fuera un billete de lotería premiado.

Ahora bien, igual que con la bomba atómica, hay cuestiones éticas.

Podría considerarse trampa, o algo peor.

Así que Brillyanc no es para pusilánimes.

Es para personas dispuestas a hacer lo que haga falta para triunfar.

Verdaderos líderes, como Truman. La élite del planeta.

Rita apuró su copa y la dejó sobre la mesa.

—Ese es mi discurso. Sé que es mucho que asimilar.

—En realidad no —dije—. Cuando intentas ascender por una escalera tan resbaladiza como la nuestra, es lo único en lo que piensas. Trabajas duro. Trabajas con cabeza. Haces sacrificios. Y aprovechas cada ventaja que puedas conseguir.

—Exacto —dijo Katya.

Rita nos miró a uno y a otro.

—Muy bien, entonces. La muestra no requiere una infusión de seis horas.

Es una inyección. Os hará Brillyant durante unos cuatro días, pero os daré una semana para decidir si queréis seguir adelante.

Así también tendréis unos días para empezar a echar de menos vuestro nuevo superpoder cuando desaparezca.

Os llamaré exactamente dentro de siete días, y entonces me diréis sí o no .

Si es sí , os daré un número de cuenta bancaria y tendréis 48 horas para depositar vuestro primer pago.

Si es no , o si los fondos no llegan, no volveréis a saber de mí y la oportunidad se habrá perdido para siempre. ¿Os parece justo?

—Parece justo —dijimos los dos.

—Excelente. Bueno, me enseñaron a dejar de hablar en cuanto cierro una venta, así que eso haré. Tengo una habitación arriba si queréis...

Rita había empezado a levantarse, pero se interrumpió y volvió a dejarse caer en el asiento.

—Solo llevo una muestra encima.

—¿Podemos dividirla? —pregunté—. ¿Nos dará a cada uno un par de días de Brillyanc?

Rita se llevó el índice a la barbilla.

—Creo que la curva de titulación es más o menos lineal, así que debería funcionar. Hay un periodo de subida y bajada, así que puede que solo obtengáis el efecto completo durante un día, pero en mi experiencia, con eso basta para cerrar el trato. ¿Creéis que un día será suficiente para convenceros?

—Procesamos los datos bastante rápido —dijo Katya—. Lo que me lleva a una pregunta: ¿por qué no dar inyecciones semanales en lugar de una infusión trimestral?

Rita estaba preparada para esa.

—La logística no funciona, con el nivel de confidencialidad y control que se requiere. ¿Vamos?

Se levantó, le dio a nuestra camarera un fajo de billetes de cien y se dirigió hacia la puerta. No era la primera vez que hacía esto.

Mientras cruzaba el vestíbulo del Hay Adams hacia los ascensores con dos de las mujeres más hermosas del planeta, me invadió una sensación que sabía que nunca olvidaría.

Durante esos treinta segundos más o menos fui ese tipo .

El hombre al que todos los demás envidiaban.

O eso parecía. Al pasar junto a un gran espejo de pared, tomé fotos mentales para mi álbum.

Aprovechando el momento mientras pudiera.

Si iba a pasar el resto de mi vida entre rejas, bueno, este era un recuerdo que iba a revivir muchas veces.

El Hay Adams era, sencillamente, el pináculo de la elegancia.

Es imposible superar a un hotel con vistas a la Casa Blanca en cuestión de glamour o prestigio.

La habitación de Rita no era ni glamurosa ni prestigiosa, ya que sus grandes ventanas del tercer piso daban a un patio con otras ventanas, pero era bastante elegante.

Decoración tradicional en tonos espresso, con techo moldurado y una cama grande cubierta con suficientes sábanas gruesas y almohadas mullidas como para dar ganas de saltar y rebotar.

A los pies de la cama había un sofá. Delante de él, la única luz de la habitación iluminaba una mesa de centro de cristal. Rita nos condujo directamente hacia ella.

Me senté en el medio, que no era lo mejor para conversar. Mi tamaño me convertía en una especie de muro entre las dos mujeres, que era justo lo que pretendía. A pesar de sus encantos, Rita era la enemiga, y quería proteger a Katya.

Rita dejó su pequeño bolso de tono calabaza sobre la mesa, donde parecía brillar como un tronco en el fuego. Abrió el cierre dorado y sacó un par de toallitas con alcohol y un tubo de puros Romeo & Julieta. Al notar cómo lo examinaba, dijo:

—Camuflaje, siempre camuflaje.

Desenroscó la pequeña tapa de aluminio y dejó caer una jeringuilla llena sobre su palma, donde parecía tan inofensiva como una vacuna infantil. Entonces hizo la gran pregunta.

—¿Estáis listos para pasar al siguiente nivel? ¿Listos para convertiros en uno entre un millón?