Brillantez extrema (Kyle Achilles 1) Capítulo 48
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Capítulo 48

Acto de equilibrio

Estaba agotado hasta los huesos, pero tenía que hacer una llamada.

El fiscal adjunto Kilpatrick esperaba noticias mías, y no quería decepcionarlo.

Sopesé los pros y los contras y decidí quedarme en nuestro compartimento para la llamada.

El traqueteo del tren servía de buena cobertura, añadía un toque de intriga, y pensaba hablar lo bastante bajo para que Katya siguiera durmiendo.

—Señor Kilpatrick. Soy Kyle Achilles.

—Kyle Achilles. Diría buenas tardes, pero eso supondría que sé en qué zona horaria te encuentras. Y no lo sé. Lo cual supongo que tiene que ver con el motivo de tu llamada.

—¿Hablaste de mi propuesta con el fiscal del distrito?

—Sí. Fue una conversación interesante, por decirlo suavemente.

Esperé a que Kilpatrick continuara, pero iba a obligarme a preguntar. Quizás quería hacerme sudar un poco. Si él supiera...

—¿A qué conclusión llegaron?

—Concluimos que la fianza era una propuesta arriesgada.

Si no te presentas al juicio, la gente preguntará por qué se te concedió la fianza en primer lugar, habiendo sido arrestado por un triple homicidio y todo lo demás: pruebas físicas contundentes, el móvil más viejo del mundo y un historial profesional de lo más pintoresco.

La conversación se pone especialmente incómoda en ese punto, porque, por supuesto, no concedimos la fianza.

No inicialmente. Eso salió en la prensa local.

Así que si alguien pregunta, saldremos perdiendo en una noticia sobre una fuga de la cárcel y un encubrimiento.

El fiscal del distrito me pidió que te dijera: «Gracias, pero no».

Kilpatrick tenía buenos argumentos. Cada uno era como un picahielos clavándose en mi oído. O quizás un Bic.

Respiré hondo y me dije que los fiscales adjuntos pasaban toda su carrera negociando. No había dicho que sí , pero tampoco me había dado un no rotundo.

Quería algo.

Tenía una idea bastante clara de qué sería. Antes de ir por ahí, quería equilibrar el marcador.

—Eso no es ni de lejos tan jugoso ni escandaloso como la torpeza e incompetencia que supuso dejarme salir por la puerta principal como si nada.

—Tuviste cómplices. Cómplices que se hicieron pasar por agentes federales. Estarán en casi tantos problemas como tú cuando los atrapemos.

—No sé de qué me hablas, Kilpatrick. Esos eran agentes legítimos del FBI, que yo sepa.

De cualquier modo, si la historia sale a la luz, será noticia nacional.

Y dejará en mal lugar al FBI. Por supuesto, los maestros de la política en el Edificio Hoover no van a permitir que esa historia se vuelva en su contra.

Ni de broma. Usarán tu pequeño departamento como escudo.

Tu jefe se convertirá en chivo expiatorio, en parachoques.

Además, tendrás a los del FBI metidos en tus asuntos en el futuro inmediato.

Sin duda durante el próximo ciclo electoral.

Kilpatrick no respondió de inmediato. Eso me hizo pensar que tenía al fiscal del distrito en la habitación con él y que me habían silenciado. Pasó un minuto largo antes de que volviera a ponerse.

—Supongo que tienes en mente un escenario menos controvertido.

—La mañana del día en que me soltaron de la cárcel, hubo un intento contra mi vida.

Un intento serio, organizado, en el que participaron otros tres reclusos y un oficial correccional de rango superior.

Los reclusos me atacaron en la ducha mientras el guardia vigilaba.

Dada la naturaleza del ataque y la amenaza inminente contra mi vida, no tuviste más alternativa que sacarme de SBCJ, momento en el cual conceder la fianza parecía la opción más sensata.

—¿Hay alguna prueba de ese supuesto intento contra tu vida?

—Los tres reclusos necesitaron atención médica después. El guardia se llama Grissel. Estoy seguro de que le pagaron. Y estoy convencido de que no fue la primera vez. Eso sirve tanto de justificación para mi traslado como de cuatro tantos a favor del fiscal del distrito.

De nuevo hubo una pausa.

—Incluso en ese escenario, sería difícil justificar la fianza.

—Pero ¿lo hablarás con el fiscal del distrito?

—Sí. Lo hablaré con el fiscal del distrito.

—Te llamo mañana.