Capítulo 31
El Cohete
LIbrES DE LA MULTITUD de curiosos, seguimos caminando a paso rápido, digiriendo en silencio el último giro de los acontecimientos, sin saber adónde ir. Al acercarnos a la avenida Komsomolskiy, Katya habló con voz tensa:
—¿Estás seguro de que la mujer muerta era Tarasova?
—Echa cuentas. ¿Cuántos apellidos empiezan por Tar?
—¿Cabe la posibilidad de que fuera un suicidio? Quizás por sentirse cómplice de lo que mató a Colin. Tal vez mi llamada lo provocó.
Quería tranquilizar a Katya, pero el ruido de la ambulancia que se acercaba dificultaba la conversación.
Mientras la sirena pasaba a toda velocidad junto a nosotros camino de la escena, y el efecto Doppler cambiaba el ah ah a oh oh , una furgoneta blanca pasó en sentido contrario, con el logotipo azul de GasEx en el lateral.
Nuestra furgoneta todavía estaba a un kilómetro, así que solté la mano de Katya y me di la vuelta de cara al tráfico. Levanté el brazo para hacer señas a cualquier conductor dispuesto a hacer de taxi y empecé a agitarlo. Para mi gran alivio, un Lada 5 granate se detuvo de inmediato.
—¿Cambio de planes? —preguntó Katya mientras la ayudaba a subir—. ¿Cansado de caminar?
En ruso rápido, le dije al joven conductor del Lada:
—Estamos siguiendo la furgoneta blanca que acaba de girar a la derecha en Komsomolskiy. Tengo cien dólares para ti si consigues no perderla de vista.
—¡Hecho! —dijo, acelerando tras su objetivo—. ¿Adónde va?
—Eso es lo que quiero averiguar —saqué un billete de cien de la cartera para que viera que iba en serio—. Pero no quiero que el conductor de la furgoneta sepa que lo siguen. ¿Crees que puedes conseguirlo?
—Depende de adónde vaya —el conductor ajustó el retrovisor para observarnos a Katya y a mí—. Este coche pasa totalmente desapercibido. No tendremos problemas mientras siga por calles con tráfico. Y a esta hora todas lo tienen.
Mientras cruzábamos el río Moscova por el mismo puente largo por el que habíamos pasado la noche anterior, me volví hacia Katya y hablé en inglés:
—Ninguna en absoluto.
Tardó un segundo en relacionar la respuesta con su pregunta sobre el suicidio.
—¿Cómo puedes estar seguro?
—Primero, una furgoneta de GasEx acaba de salir de la escena. Segundo, vi al pasajero y al conductor.
Su rostro pasó por toda una gama de emociones hasta detenerse en el miedo.
—¿Trajes negros?
—Con camisetas negras y gafas de sol.
—Parece que vamos hacia GasEx —dijo el conductor en inglés, señalando el inconfundible rascacielos que ya se veía en el horizonte.
La sede de GasEx en Moscú parecía el Monumento a Washington, pero de cristal azul y con torres auxiliares en cada una de las cuatro esquinas, lo que le daba una planta en forma de X.
La pirámide de cristal en lo alto me recordó a la entrada del Museo del Louvre.
—Lo llaman el Cohete de Barsukov —dijo el conductor.
—Lo del cohete lo entiendo. Pero ¿quién es Barsukov?
—El nuevo presidente de GasEx —respondieron Katya y el conductor al unísono.
—¿Cómo es que no lo sabía? El nombre no me suena.
—Se mantiene entre bastidores —dijo Katya—. El director general, Antipin, es la cara visible. Es mucho más presentable. Seguro que has oído hablar de él.
—Arkady Antipin, claro. Parece una mezcla de abuelo entrañable y veterano estadista. Fiable y competente. ¿Y qué tiene Barsukov de impresentable?
El conductor se lanzó a responder:
—Tiene los ojos oscuros y hundidos, y una cara que, según dicen, es alérgica a las sonrisas.
Katya asintió.
—Puedo confirmarlo. Dio una charla en la MSU el año pasado.
Parte de su vuelta de honor tras conseguir la presidencia.
Después organizó una cena de captación para doctorandos en disciplinas STEM, y a mí me sentaron en su mesa.
Es increíblemente inteligente y muy refinado, pero inquietante por naturaleza.
Cuando lo miras a los ojos, ves el alma de un cocodrilo.
Mi curiosidad aumentaba a medida que nos acercábamos a su monumental sede.
—Parece una elección extraña para la presidencia.
—Dicen que es viejo amigo del presidente Korovin, de los tiempos de la KGB —dijo el conductor—. ¿Quieres que intente seguir a la furgoneta hasta el complejo de GasEx si entra?
Un amigo del presidente .
—Desde luego.