Capítulo 3
MIENTRAS EL TINTINEO melódico de una cuchara de plata contra cristal de Waterford hacía callar a los cincuenta invitados del banquete y detenía al trío de jazz que tocaba en el rincón, Achilles se inclinó hacia su hermano y susurró:
—¿Quién es el orador?
Colin se tragó el último bocado de filete.
—A veces olvido que vienes de otro mundo. Ese es Vaughn Vondreesen. Es el capitalista de riesgo que fichó a papá para Vitalis.
«Achilles venía de un mundo completamente diferente» , reflexionó Colin. Mientras Colin y su padre eran médicos emprendedores, Achilles era espía. Bueno, lo había sido. Ahora estaba en el paro. Qué idea tan curiosa. Un espía en el paro. «¿Cómo conseguían trabajo los espías?»
—Se parece a George Clooney —dijo Achilles.
—Y es igual de encantador. Hasta tiene acento británico de sus tiempos en Oxford —Colin le lanzó a su hermano menor una de esas miradas de hay-tipos-con-suerte—. Dicen que Vondreesen es tan poderoso en Silicon Valley como Clooney en Hollywood.
Los hermanos ocupaban una mesa para cuatro al fondo de un elegante restaurante de Santa Bárbara llamado Bouchon.
Colin estaba sentado junto a su novia, Katya.
Achilles tenía a su lado una silla vacía.
Como familia directa del homenajeado, el protocolo los habría situado en la mesa principal, pero habían cedido sus asientos a los colegas favoritos de su padre.
Los empresarios habían venido en coche desde Silicon Valley para la ocasión, mientras que la familia seguiría cenando junta durante otra semana.
Como si fuera una señal, Vondreesen tomó la palabra, y su entonación regia silenció a la concurrencia al instante.
—Estamos aquí esta noche en el mejor restaurante de Santa Bárbara, con los mejores ejecutivos de Silicon Valley, para celebrar el sexagésimo cumpleaños del mejor hombre que he conocido y, por desgracia, su jubilación.
Estallaron los aplausos y todos se pusieron de pie. Tras un minuto de ovación sentida, los invitados volvieron a sus asientos y Vondreesen continuó:
—Permítanme contarles algunas cosas que quizá no sepan sobre John...
Achilles volvió a inclinarse hacia su hermano.
—¿Qué pasa?
—¿A qué te refieres? —preguntó Colin, que sabía perfectamente a qué se refería.
—Estás nervioso por algo.
Los hermanos no tenían secretos. Achilles era solo dieciocho meses menor, pero su rivalidad de niños había dado paso hacía mucho al cariño fraternal.
Al crecer, sus carreras y personalidades habían evolucionado de forma tan distinta como la flor y la hoja.
Pero con raíces y semilla comunes, solían pensar igual.
—Tranquilo. Te lo cuento luego.
—Y eso que dicen que el misterioso soy yo —replicó Achilles.
—¿Qué hay de misterioso? —preguntó Katya, más interesada en la conversación de ellos que en el discurso de Vondreesen.
Colin le lanzó a Achilles una mirada de advertencia, quizá confirmando así una sospecha, pero pensando que era mejor eso que la alternativa.
—Desde mi punto de vista —continuó Katya—, el único misterio de esta noche es por qué Achilles no le ha tirado los tejos a Sophie.
—¿Quién es Sophie? —preguntó Colin.
—Nuestra camarera —dijo Katya—. No le ha quitado ojo a Achilles en toda la noche.
—Es por la ropa —dijo Achilles—. Se cree que soy un rebelde.
—No es por el look James Dean —dijo Katya—. Créeme.
Mientras hablaba, le hizo una seña a Sophie para que se acercara.
Katya era el amor de su vida. Colin se había enamorado de ella a primera vista, y un año después seguía electrizándolo cada vez que entraba en una habitación.
Era hermosa y brillante, audaz y valiente, compasiva y amable.
Estaba total y absolutamente hechizado. En otras palabras, la quería con locura.
Cuando llegó la camarera, Katya le sostuvo la mirada.
—Aquí Achilles se preguntaba dónde estudias.
El rostro de Sophie adoptó una graciosa mezcla de timidez y confusión.
—¿Te ha llamado por el apellido?
—Así es. Siempre me han llamado Achilles.
—¿Y cuál es tu nombre de pila?
—Es un secreto.
La expresión de Sophie dejaba claro que no sabía si Achilles bromeaba o no, pero siguió adelante.
—Vale. Ahora que más o menos hemos aclarado eso, ¿qué te hace pensar que soy estudiante?
—En realidad, esa fue pregunta de Katya.
—Ah —dijo Sophie, con un deje de decepción.
—Ya sé que estudias biología marina en la UCSB —dijo Achilles.
Sophie y Katya se quedaron de piedra. Colin sonrió.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Sophie.
—¿Ha acertado? —preguntó Katya.
—Ha acertado —dijo Colin—. No sé cómo lo sabe, pero créeme, lo sabe.
Colin le hizo una seña a Sophie para que se acercara. Le tocaba susurrar a él.
—Achilles trabajaba para la CIA.
Recibió su mirada atónita con un gesto tranquilizador.
Una salva de aplausos rompió el momento. Vondreesen había terminado su brindis. Mientras un invitado con pinta de abogado comenzaba con sus elogios, Sophie ocupó la silla vacía junto a Achilles y preguntó:
—¿Cómo has sabido eso de mí? ¿Tienes alguna aplicación de reconocimiento facial en el móvil? ¿Estabas «practicando técnicas de espionaje» conmigo?
—¿Practicando técnicas de espionaje? —Achilles enarcó las cejas.
—Leo a Ludlum y a Flynn —respondió ella con tono de desafío burlón.
—Bueno, Sophie, ya que lees a Ludlum y a Flynn, entenderás que estaba haciendo una evaluación básica de amenazas.
Sophie se llevó las manos al pecho con gesto teatral, los dedos extendidos.
—No tengo pinta de ser una amenaza, ¿no?
—Era evidente que escondías algo en la mesa auxiliar, entre las cartas.
Por cómo volvías a ello en cuanto tenías un minuto libre, supuse que era un libro y no una bomba.
Algún thriller de Ludlum o Flynn, o quizá un libro de texto, pero he aprendido a no dar nada por sentado. Así que fui a comprobarlo.
A Colin le agradó ver la reacción coqueta de Sophie. Se alegraba de haber dejado atrás el mundo de las citas, aunque seguía disfrutándolo como espectador. Y a su hermano le vendría bien divertirse un poco.
—Tengo un examen de química el lunes —dijo Sophie—. Es un libro de química. ¿Cómo supiste que estudio biología marina?
Achilles levantó ambas manos. Eran grandes como las de un quarterback, con callos de miles de horas de escalada. Muy masculinas. Separó los dedos y luego los juntó como los círculos de un diagrama de Venn.
—Las clases de química de posgrado y el buceo tienen muy poco en común.
—¿Buceo? ¿Qué te hace pensar que soy buceadora?
—Las marcas de bronceado en la cara y las muñecas indican que llevas a menudo un traje de neopreno con capucha.
—Tal vez hago surf, o buceo como pasatiempo —Sophie disfrutaba claramente del duelo mental—. Al fin y al cabo, esto es Santa Bárbara.
—Es buceo. Los surfistas no suelen usar capuchas de neopreno.
Y lo del pasatiempo tampoco cuadra. Te estás pagando el posgrado trabajando de camarera, y eres tan aplicada que te arriesgas a traer un libro de texto al trabajo un sábado por la noche, así que no tienes el tiempo libre que esas marcas de bronceado sugerirían si fueran de un hobby.
En lugar de responder, Sophie lo observó un momento.
—¿Vas a salir a navegar esta noche o por la mañana?
—A media mañana. Después del brunch.
Colin miró a Sophie y carraspeó. Ella consultó el reloj y se levantó.
—Hora del postre.
Katya le lanzó a Achilles una mirada de «de nada», seguida de una amplia sonrisa.
Tenía una boca grande y hermosa que a Colin siempre le había recordado a la actriz Anne Hathaway.
Ahora era la sonrisa de Anne la que le recordaba a Katya.
Por lo visto, Katya estaba muy satisfecha con su buena obra.
O quizá quería que Achilles pasara la noche fuera del yate. Tal vez presentía lo que se avecinaba.