Breathe Out (Silver Springs 1) 35. Pasado, presente y futuro. Keyla Blake
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35. Pasado, presente y futuro. Keyla Blake

Keyla Blake

—Vuelve a tu espacio seguro, Keyla.

Inspiro por la nariz.

Uno, dos, tres, cuatro.

El aire huele a tabaco.

Uno, dos, tres, cuatro.

Empieza a oler a césped.

Uno, dos, tres, cuatro.

El viento me revuelve el pelo.

Estoy de vuelta.

Ellie espera a que mi respiración se estabilice y abre las ventanas para que entre el olor del mar.

—Lo has hecho muy bien —me dice con voz suave—. Lo que ha salido hoy nos da mucha información.

Asiento, pero estoy muy confundida.

¿Qué hacía una niña tan pequeña en un sitio así? Parecía sacado de una película de terror.

Todavía siento su miedo en el cuerpo, su ansiedad. Ningún niño tan pequeño debería ser capaz de sentir algo así.

—¿Crees que es suficiente?

—Oh, ya lo creo que lo es. La mayoría de los pacientes ni siquiera son capaces de generar ninguna imagen en su primera sesión.

—Es que siento como si me hubiese quedado a medias, ¿sabes? Como a las puertas de algo.

—Quedarte en la puerta también es un lugar. Y hoy has llegado al picaporte, y eso es mucho.

—Casi prefería no haberlo hecho.

—Tu cuerpo no estará muy de acuerdo con eso. Hoy has hecho mucho por él. Tenemos que cuidarlo todo lo posible para que nos siga recordando esa historia de la que solo tenemos algunos capítulos, pero no tenerlos todos suele salir más caro.

Recuerdo con bastante nitidez todos mis malos días en el instituto, pero lo de hoy ha sido algo diferente. Siento que me duele la cabeza al querer acceder a un recuerdo y ser incapaz de hacerlo.

—Nos quedan diez minutitos, así que ¿te parece que me cuentes qué ha sido lo mejor de tu semana?

Le cuento acaloradamente mi cita con Nate en la librería y su efusividad hace que le confiese todos los detalles.

—¿Y sabes ya qué te vas a poner para la gala? —pregunta con una sonrisa.

—La verdad es que no. Se me había ocurrido llamar a una especie de… amiga en común con Avery para ver si se le ocurre algo.

—¡Oh! Háblame de ella.

—Sienna es una de esas personas que parecen tener mucho carácter, pero que, al menos conmigo, siempre se ha mostrado muy buena. Por lo poco que sé, también ha tenido malas épocas. Quizá por eso parezca una persona tan inaccesible con los demás.

—Sabes que es un reto para ti, ¿verdad? ¿Te das cuenta de todo lo que has avanzado en este tiempo?

—Ya, la verdad es que hace un tiempo no me habría atrevido…, aunque tampoco estoy muy convencida de ir ¿eh?

Ellie estalla en carcajadas y eso hace que yo me ría con ella también. No recuerdo haberme reído tanto como en el poco tiempo que llevo aquí.

—Yo te veo más que convencida, y creo que ese tal… Nate te está ayudando mucho. —Me da dos palmadas en las rodillas—. Confía en las personas, Keyla. Hay mucha gente buena.

Lo repito mentalmente: hay-gente-buena.

Las personas no son un peligro, por mucho que mi cuerpo reaccione como si todas tuviesen la cabeza de un león.

Ellie me ayuda a elaborar una especie de kit de supervivencia para el plan del sábado: llegar cinco minutos antes con Nate para poder hacer unas respiraciones, decidir juntos una zona de descanso —el patio, una esquina poco concurrida, algún pasillo— y pactar una señal simple entre nosotros.

Eso ya lo haremos de camino en el coche.

—Y, si en estos días sientes algo de picor, calor o una ansiedad más elevada de lo habitual, no pelees contra ella —añade—.

Lo percibes, lo nombras y vuelves a tu espacio seguro.

Normalmente se tienen sueños intensos pasadas las cuarenta y ocho horas de la sesión.

Piensa que es para que la adulta que eres ahora pueda procesar a esa niña asustada y todas las emociones que sentía. Vas genial, Keyla, ya lo creo que sí.

Se me aflojan los hombros y pienso en Nate. En cómo me escucha sin hacerme demasiadas preguntas, en cómo respeta mi espacio sin invadirlo.

Pienso en la tía Maggie, en que es esa persona que siempre me esperaría despierta, aunque yo llegase tarde, para ir juntas a mi jardín.

—¿Cuánta ansiedad tienes ahora de cero a diez? —pregunta Ellie, haciendo una maraña con las manos en dirección a su pecho.

—Cuatro —respondo—. Y no sé si esto contará, pero… dos son de orgullo. Gracias, Ellie.

—Yo también estoy orgullosa, cariño. Has hecho un trabajo importante. La próxima vez podemos retomarlo desde ahí, así que solo recuerda que, si aparece una ola de malestar, no debes luchar contra ella. Solo surféala y espera a que baje.

—¿Y si… me sigo acordando de más cosas?

—Podrás con lo que venga porque no vas a estar sola —dice acompañándome hasta la puerta—. Y porque tú no eres tu pasado, sino quien vuelve de él.