Bourbon Runaway (Serie Bourbon Canyon 2) Capítulo 16
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Capítulo 16

Summer

Era la noche que mejor había dormido en meses; ese cálido muro estaba de nuevo a mi espalda y me acurruqué contra él, y un brazo fuerte me rodeó y me estrechó con más fuerza.

—¿Qué hora es? —murmuré sin abrir los ojos.

—Tarde —dijo con voz ronca.

—Mmm. —Habíamos practicado sexo sin parar. A ese hombre la noche le daba fuerzas.

Entreabrí los ojos y vi la luz que se colaba por las persianas. A juzgar por la erección que se apoyaba contra mi espalda, el sol también le daba fuerzas a Jonah. Me contoneé contra su miembro.

Gimió y me abrazó con más fuerza.

—Eres un problema.

—Lo soy. —Estaba pensando en darme la vuelta cuando el estómago me gruñó durante cinco segundos seguidos.

Se le escapó una risa.

—Parece que tengo que darte de comer.

Me reí y me moví hacia el borde de la cama.

—Supongo que necesitamos combustible.

Justo cuando me incorporaba, sin molestarme en taparme —los dos estábamos desnudos—, mi teléfono vibró. Lo cogí. Era Wynter.

Se me revolvió el estómago. ¿El bebé estaba en camino? No llegaría a tiempo al hospital, pero quería ser una de las primeras tías disponibles cuando Wynter y Myles estuvieran listos para presumir de su hijo.

—Tengo que contestar —le dije a Jonah antes de descolgar.

No llegué a pronunciar un saludo antes de que Wynter hablara.

—No. El bebé aún no ha nacido.

—¿Myles ha terminado de quitar la nieve de la carretera? —Cogí la sábana para taparme el pecho y me senté en la cabecera de la cama. Jonah me rodeó los muslos con uno de sus fuertes brazos y hundió la cara en el costado de mi pierna. El roce de la barba incipiente me resultaba agradable.

—Casi. Es como si nunca hubiera pasado un invierno en Montana.

—¿Acaso en Denver no hay tormentas de nieve?

—Pero no había un bebé en camino —refunfuñó Myles desde el fondo.

—No tienes que preocuparte hasta que te diga que cojas las cadenas —replicó ella.

—No me tomes el pelo así, copito de nieve —masculló él.

Wynter suspiró.

—Está muy tenso… —murmuró al teléfono—. Y se supone que yo soy la nerviosa. En fin, he estado muy ocupada preparando la casa y voy a redecorar la habitación del bebé por tercera vez si no me distraigo. ¿Cómo va todo por ahí?

Le eché un vistazo a Jonah. Probablemente lo estaba oyendo todo.

—Todavía tenemos luz.

—Mmm. ¿Y?

Estaba tanteando el terreno. Una parte de mí quería contárselo, sentirme eufórica por haber traspasado la coraza de Jonah, pero una parte mayor me decía que tenía que ir poco a poco.

A Jonah le costaba mucho lidiar con sus sentimientos hacia mí y, aparte de la lujuria, no sabía qué más tenía en su interior.

Estaba acurrucado contra mí, pero también tenía una enorme erección matutina. Sus motivaciones eran confusas.

La tensión era apenas perceptible, pero la capté. Le pasé los dedos por el pelo. No me vuelvas a excluir.

—Vamos a ver la tele y puede que incluso consiga que juegue al Conecta 4.

—¿Así que al menos te habla?

—Sí.

—Bien. —Me la imaginaba acariciándose la barriguita de embarazada, con una expresión de descontento en el rostro. No le iba a dar más información aunque percibía la preocupación en su voz—. Te mereces que te traten bien. Si no puede ser sexo de infarto, el Conecta 4 es una buena alternativa.

—No sé a qué clase de Conecta 4 juegas tú.

—Al tipo que suele acabar en sexo de infarto.

Me reí.

—No voy a preguntarte por el Monopoly …

—No lo hagas. —Soltó un gemido de frustración—. Myles es el jugador más despiadado del mundo, y se pone peor aún cuando se trata del Monopoly . Lo compra todo y me deja sin un céntimo. Tiré el juego a la basura.

—No lo has hecho, porque te parece sexy.

—Porque lo es. La última vez que jugamos le hice ponerse un traje. Si esta tormenta no amaina pronto, voy a quedarme embarazada otra vez antes de dar a luz a este bebé.

Mi risa era sincera, pero también lo era el nudo de envidia que me oprimía los pulmones y el corazón.

Wynter estaba viviendo un sueño: un marido cariñoso que era un tipo estupendo, sin miedo a hablar de cómo iban las cosas entre ellos; sexy y apasionado, pero también temperamental y preocupado. Y un bebé en camino.

Cada vez que los veía juntos a ella y a Myles, me daba cuenta de lo superficiales que habían sido mis relaciones.

Cuando Boyd me había pedido matrimonio y había querido casarse cuanto antes, había accedido pensando que tarde o temprano íbamos a llegar a eso, como si todas las señales de alarma se transformaran en una alfombra roja que iba a hacer que nuestra vida amorosa fuera real y fácil.

—Oh. —Se oyó un murmullo al otro lado de la línea—. Me está llamando mamá. Si no contesto, va a hacer que Lane y Cruz se abran paso entre la nieve hasta el pueblo.

—Primero llamará a Myles —esperé. Pocas cosas emocionaban más a mi madre que los nietos.

—Después de movilizar a todos nuestros hermanos. Hablamos luego.

Cuando colgamos, seguí acariciando el pelo de Jonah. No se había movido y su respiración era regular, pero no estaba dormido.

—¿Qué les digo?

Se echó hacia un lado, poniendo algo de distancia entre nosotros, y cruzó los brazos desnudos sobre el pecho.

—¿A qué te refieres?

—Me refiero a que Wynter dijo que logró romper la coraza de Myles haciéndole una mamada. ¿Le digo que una paja funciona igual de bien?

Parpadeó y luego soltó una especie de bufido a medio camino entre un resoplido y una tos.

—Preferiría que no lo hicieras. —Carraspeó—. No tienes por qué contarles nada.

Era un hombre reservado. ¿Era esa la motivación? ¿O había pasado el tiempo que estuve al teléfono dándole vueltas a lo que habíamos hecho?

—¿Qué está pasando? —pregunté en voz baja—. No quiero hacerme ilusiones si te estás preguntando cuánto tardarás en echarme de casa.

El sueño había desaparecido de sus ojos y en su lugar había una mueca de enfado.

—¿Quieres decirle a tu familia que estamos tonteando?

Sentí una puñalada en el corazón.

—¿Es eso todo lo que estamos haciendo? ¿Tontear?

Se le frunció el ceño aún más.

—Summer, has irrumpido en mi vida con más fuerza que la ventisca de ahí fuera y me cuesta seguirte el ritmo. Todavía estoy intentando averiguar qué siento por ti, y por lo de Eli, después de todo lo que hicimos anoche.

Un cosquilleo me recorrió el cuerpo. Jonah Dunn era un hombre viril. Era pura energía sexual contenida, y cuando alguien aflojaba las riendas, resultaba cautivador…, y me había mantenido cautiva, orgasmo tras orgasmo. No había estado tan tensa desde los días de deporte en el instituto.

—Me gustó lo que hicimos anoche.

—Y esta mañana. —Cuando esbocé una sonrisa, me puso una mano en el muslo—. Me gustaría que esto quedara entre nosotros antes de que se enteren los demás. Van a hablar, y aunque quizá no me llegue, a ti sí te llegará.

—No me importa. —Su mirada firme y oscura se clavó en la mía—. Jonah, no me importa.

—Pero te importará.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Tardaste quince años en decirme que habías roto con Eli.

El sentimiento de culpa me sacudió con fuerza. Me costó tragar saliva con la garganta oprimida.

—Me importa lo que pienses tú.

Se incorporó hasta quedar sentado.

—¿Y si la gente del pueblo se lo toma peor que yo?

—Eso sería bastante difícil. Fuiste un capullo.

—Cuando entrecerró los ojos como si no estuviera seguro de si estaba bromeando o no, me reí y levanté las manos—.

Es broma. Tu reacción fue comprensible dadas las circunstancias.

Y si te sientes más cómodo manteniendo en secreto esta juerga sexual de una tormenta de invierno, también me parece bien.

Se quedó callado unos instantes.

—¿Juerga sexual? Solo ha sido una noche.

Desvié la vista hacia la ventana.

—Parece que el tiempo sigue siendo horrible.

Se le levantó una esquina de la boca.

—Todavía me queda media caja de condones.

—¿Qué tamaño tenía la caja?

—¿Me estás diciendo que no has husmeado ni una vez en ese armario?

—Eché un vistazo y vi cuchillas y crema de afeitar, pero no una caja gigante de preservativos.

—Había visto la caja y había pensado que eran productos para la barba o algo así.

Estaba claro que no la había mirado con suficiente atención—.

¿Me estás diciendo que no tendremos que racionar la frecuencia con la que lo hacemos hasta que mejore el tiempo?

—Lo que digo es que más te vale comer algo para tener fuerzas y poder seguirme el ritmo.

—Tengo fuerzas de sobra —me burlé. O eso esperaba. Estaba en terreno desconocido. Me dedicó una sonrisa y los dos nos levantamos de la cama. Estaba junto a la cómoda, poniéndome el jersey con el que había llegado, cuando lo vi quieto al borde de la cama.

¿Se estaba dando cuenta de que eso no era lo que quería? No. Estaba moviendo el hombro izquierdo y apoyándose en el lado izquierdo.

Se dio cuenta de que lo estaba mirando y un rubor le tiñó las mejillas.

—La rodilla tarda un minuto en soltarse. Y me gusta, eeeh, probar el pie antes de dar un paso completo.

—¿Te duele?

Se encogió de hombros.

—Depende de lo que haya hecho el día anterior. —¿Como llevarse a una mujer a la cama? Me agaché para recoger la ropa y luego la tiré sobre el colchón. Los ojos se le oscurecieron—. Podría haberla cogido yo. No soy un inútil.

Frustrada, puse los ojos en blanco. Debía haber previsto esa inseguridad, y la irritación por el hecho de que se sintiera vulnerable se apoderó de mí.

—O, mira, podrías dejarme hacer algo por ti, ya que tú lo has estado haciendo todo por mí.

Se le frunció el ceño.

—Has estado cocinando y lavando la ropa.

—Lo habría hecho de todos modos. Puede que necesites que te echen una mano de vez en cuando, Jonah. Y puede que sea por las lesiones. Aun así voy a querer follar contigo.

Se le escapó una ráfaga de aire de los labios. No me miraba de frente, pero su miembro había oído lo que había dicho, alto y claro.

—Entendido. Voy al baño. Tú puedes bajar.

Cogió la camiseta y le dio la vuelta, evitando mirarme. Quería que lo dejara en paz. Ya lo había hecho una vez y no nos había ayudado a ninguno de los dos.