Epílogo
A utumn
Sonó el timbre en casa de Hank. Gideon llevaba el cubo de caramelos y ya estaba abriendo la puerta, con su padre detrás de él. Se hicieron a un lado para que yo pudiera ver a los niños que pedían caramelos.
Hank se lo estaba pasando en grande esa noche.
Este año les había dicho a todos los niños que iban a tener que ir a por el truco o trato a su casa, ya que Gideon y yo vivíamos en la granja Percival.
Habíamos reformado la casa durante el verano y la habíamos ampliado.
Estaba preciosa. Seguía siendo el hogar de su infancia, pero también estaba preparado para el futuro.
—¿Qué tenemos aquí? —dijo Hank. Había estado hablando encantado con cada niño sobre su disfraz. Esa noche estaba compensando todos esos años de vivir en el campo y haberse perdido a los niños que iban a pedir truco o trato.
—¡Mario! —exclamó Deon con una amplia sonrisa. Era uno de los cuatro chicos y llevaba una caja de cartón decorada para que pareciera un coche de Mario Kart. Todo el grupo de chicos había coordinado sus disfraces. Había un Luigi, un Toad y un Bowser.
Deon le tendió una bolsa azul.
—Truco o trato, señor J.
—Buenas noches, Deon —dijo Gideon mientras repartía los caramelos.
—¿Y la princesa Peach? —les pregunté a los chicos.
Deon puso los ojos en blanco.
—Caleb no quería ponerse un vestido.
—¡Hace frío! —protestó Caleb, que iba de Toad.
—¿Por qué vas de chef, señor J? —preguntó Deon. Los demás se asomaron por detrás de él para ver mi disfraz y el de Gideon.
Mi marido llevaba un gorro blanco mullido y un delantal.
Sonreí. En el colegio, había llevado un delantal parecido al de Gideon.
Había utilizado un viejo disfraz de Amelia Bedelia, que era de Scarlett.
Pero para esa noche, les dije a mis alumnos que tenía una gran sorpresa con mi disfraz.
Me había encantado explicárselo a Gideon cuando me había preguntado de qué nos íbamos a disfrazar ese año.
Señalé la imagen que se veía a través de la ventanilla del disfraz de horno.
—¡Porque tengo un bollo en el horno!
Aún no les había dicho a mis alumnos ni a mis compañeros de trabajo que estaba embarazada. Nuestra familia lo sabía y estaban encantados, sobre todo Hank.
Los chicos se rieron entre dientes y algunos pusieron los ojos en blanco. Me alegré de que ninguno preguntara por qué eso convertía a Gideon en el chef. Enseñarles sobre la masa y los hornos no era mi trabajo.
Los niños se marcharon corriendo. Ya no había nadie más subiendo por el camino para pedir chuches. Hank se fue a la cocina, probablemente a llenarse la taza de descafeinado. Gideon cerró la puerta y me rodeó con sus brazos.
—Feliz Halloween, señora J —me susurró al oído—. Adivina qué he encontrado esta mañana mientras desempaquetaba las cajas en la habitación de invitados.
—Mmm… —Ya había desempaquetado todo lo importante y habíamos comprado un montón de cosas nuevas. La habitación de invitados estaba llena de material escolar que no usaba a menudo y de decoraciones de temporada—. No se me ocurre nada por lo que deba emocionarme.
—Los tirantes rojos.
Sentí un cosquilleo entre los muslos. Estaba hecha para ese hombre. Era suya, completa e irrevocablemente.
—Creo que me suenan.
—Me encargaré de que los recuerdes.
Hank estaba en el comedor, con una taza humeante en las manos.
—¿Os vais pronto a casa de Mae?
—Todavía nos quedan unos minutos —dijo Gideon.
Summer y Jonah estaban esa noche en casa de mi madre, presumiendo de su nuevo bebé.
Eliott Darin Dunn, un homenaje al difunto hermano de Jonah, Eli.
Tate y Scarlett llevaban a los niños, al igual que Summer y Myles.
Hank se quedaba en casa recuperando horas de sueño.
Había estado trabajando duro con Gideon para recoger la cosecha.
No habían sembrado toda su superficie, pero tenían una buena cantidad para venderle a Copper Summit .
Yo era la mujer de un granjero, a punto de ser madre. Había recorrido un largo camino desde que me habían negado la entrada a una discoteca de moda.
Hank volvió a desaparecer en la cocina.
Gideon me dio un beso en la coronilla.
—Este ha sido el mejor año de mi vida.
—Y pensar que todo empezó con un matrimonio falso impulsado por el bourbon …
—Nada de lo nuestro fue nunca falso. —El siguiente beso fue en mis labios—. Nuestras promesas de bourbon fueron muy reales.