Epílogo optimista
Los círculos se cierran: vemos a aquel niño de Castellterçol que se valía de un porrón para poder leer impulsando la carrera de alguien que se implicaría en los gestos iniciales de una conciencia democrática un siglo después.
Mitos y visiones metafísicas aparte, la experiencia fértil del tándem especular Pradera/Folch, en el fondo un relevo del trabajo conjunto realizado por Riba y Ridruejo, podría conducirnos a lanzar una pregunta al viento, o a España, o a Cataluña y España, y también a Europa.
Una pregunta básicamente camboniana. La pregunta es la siguiente: sin instinto noucentista, sin trabajo paciente y leal y lento en Cataluña, sin estructura cultural catalana, ¿puede existir una construcción hispánica habitable, es decir, una proyección peninsular creíble, «vivible», como hubiera dicho Julián Marías?