Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 37
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Capítulo 37

V iper yacía en el suelo, gruñendo, todavía con el arma en la mano.

¡Seguía vivo! Y, asombrosamente, no había sangre. Se palpó bajo la camisa y vio que el chaleco de Kevlar había detenido la bala.

¡Gracias a Dios!

Solo se había quedado sin aliento.

El todoterreno se lanzaba a toda velocidad hacia la rampa que salía del garaje. Rodó sobre un costado y disparó a las ruedas. La trasera explotó y el coche se inclinó de lado antes de volcar y estrellarse contra un pilar. El capó se arrugó como un acordeón y empezó a salir vapor con un silbido.

Izzy.

Viper se puso en pie, algo inestable, y luego se dirigió tambaleándose hacia los restos del coche.

Los airbags se habían desplegado y los dos hombres de delante estaban inclinados hacia adelante, inconscientes. Abrió la puerta trasera de un tirón.

Izzy estaba hecha un ovillo en el asiento trasero. Tenía las manos y los pies atados, y cinta americana le cubría la boca. Al verlo, se le llenaron los ojos de lágrimas.

Él se inclinó hacia el interior. —Izzy, ¿está bien?

A primera vista parecía estarlo, pero no podía estar seguro. Tenía los ojos abiertos, pero presentaba un gran hematoma en la mejilla y algo de sangre seca en el cuello.

Cogió su cuchillo y cortó las bridas de plástico de las muñecas y los tobillos, y luego le quitó suavemente la cinta de la boca.

—¡Viper! Oh, Dios, Viper. Ha sido Robert. Robert y Raf. Estaban compinchados.

Él asintió. —Lo sé. Acabo de darme cuenta.

Tenía un corte en el labio, pero había dejado de sangrar. Ese imbécil de Robert debía de haberla golpeado.

Rodeando la parte delantera del vehículo, abrió con fuerza la puerta del conductor. Robert estaba desplomado sobre el airbag, gimiendo. Estaba en mal estado. La sangre le caía por la cara desde una desagradable brecha en la frente y se mezclaba con la que goteaba de su nariz.

Raf seguía sin conocimiento.

Robert intentó incorporarse, pero Viper le arrebató el arma de la mano flácida y le apuntó a la cabeza. —Un movimiento y estás muerto, pedazo de cabrón.

Robert lo miró parpadeando con ojos desenfocados y gruñó algo inaudible.

A lo lejos, oyeron sirenas. Momentos después, varios agentes de policía irrumpieron por la entrada del ascensor, y el BMW plateado de Pat, seguido de un coche de policía con la sirena a todo volumen, bajó a toda velocidad por la rampa hacia el garaje subterráneo.

Los vehículos frenaron en seco junto al coche accidentado, y los gases del diésel llenaron el espacio cerrado.

—¡Cielo santo, Izzy! —Pat corrió hacia ella—. ¿Estás bien?

Viper lo ayudó a sacar a Izzy del coche, mientras varios agentes armados apuntaban con sus pistolas a los dos secuestradores heridos.

* * *

—¿Cómo lo ha sabido? —le preguntó Izzy a Viper, una vez que la hubo sentado en el coche de Pat y le hubo echado su chaqueta por los hombros. El cuero aún conservaba el calor de su cuerpo y olía a su loción para después del afeitado.

—Eso es lo que me gustaría saber a mí —murmuró Pat.

Viper se aclaró la garganta. —Estaba viendo la televisión cuando caí en la cuenta. Robert era quien más tenía que perder si usted vendía la mina e intentaba ganársela. Se habría casado con usted para obtener una participación de control en la mina.

—No lo entiendo —dijo ella—. Mi parte no pasaría a ser suya solo por el hecho de estar casados.

—Supongo que habría organizado un pequeño «accidente» poco después de la boda. Un atropello con fuga, o algo parecido. Como su marido, lo heredaría todo.

Izzy lo miró horrorizada. Incluso Pat parecía impresionado. —¿De verdad cree que ese era su plan?

Viper se volvió hacia Izzy. —Piénselo. Lleva meses saliendo con usted, intentando hacer avanzar su relación.

Ha sido hoy mismo, cuando le ha dicho que no estaba interesada en él, cuando se ha dado cuenta de que su astuto plan no iba a funcionar.

Fue entonces cuando organizó el tiroteo desde el coche.

—Pero, si yo muero, Raf heredará mi parte de la empresa, no él —dijo Izzy.

—Exacto. Así es como supe que tenían que estar compinchados.

Obviamente hicieron un pacto. El mejor de los casos era que Robert se casara con usted y obtuviera el control de esa forma.

Cuando eso no funcionó, metió a Raf en el ajo y llegaron a un acuerdo.

Él se libraría de usted a cambio de un porcentaje de la empresa.

—No puedo creer que Raf aceptara algo así. —Le daba vueltas la cabeza—. Esto era totalmente increíble. Robert, en quien había confiado, y Raf, su propio primo.

—Bueno, se arriesgaron a perderlo todo cuando les dijo que estaba pensando en vender —dijo Viper—. Tenían que actuar rápido.

—Debían de tener a esos matones del tiroteo listos y preparados —dijo Pat con la mandíbula tensa.

Izzy sintió un escalofrío por la espalda y se apretó más la chaqueta. —Parece tan irreal. Cuando le dije a Robert que me había reunido con un comprador, perdió los papeles. Noqueó al guardaespaldas y me ató. Luego entró Raf y me llevaron al coche. No puedo creer que fueran a matarme.

—No cabe duda —dijo Viper con firmeza.

Ella hizo una mueca. —Y pensar que nombré a Robert director general cuando murió mi padre… —Se le abrieron los ojos de par en par—. ¿Cree que Robert fue responsable de su muerte también?

—No —dijo Pat de inmediato—. Eso fue cosa del cártel.

Viper arqueó una ceja. —¿Confesaron los sospechosos?

Él asintió secamente. —Uno de los agentes del FBI voló allí esta tarde y han llegado a un acuerdo con uno de los sospechosos a cambio de información sobre el cártel.

Izzy se inclinó hacia delante. —¿Qué ha dicho?

—El líder del cártel ordenó el asesinato de Richard. En cuanto las autoridades estadounidenses recuperen su vehículo del barranco, esperan encontrar pruebas de que lo obligaron a salirse de la carretera.

Izzy se mordió el labio. —Oh, Dios mío. —Era mucha información que procesar—. Entonces, cuando yo tomé el mando, decidieron secuestrarme a cambio de los derechos mineros.

—Básicamente, eso es lo que pasó —confirmó Pat.

—¿Y ahora qué?

—Vende la empresa y dejará de ser tu problema —dijo Pat.

Izzy asintió. —Sigo sin poder creer que estuvieran dispuestos a acabar conmigo. —Ya no hablaba del cártel—. Mi padre le confió la empresa a Robert y a Raf su padre le dio las acciones. ¿Cómo han podido hacer esto?

—Tu tío no era trigo limpio, que digamos —dijo Pat en voz baja.

Izzy lo miró fijamente. —¿Conocías al tío Pete?

—Sí, le vi una o dos veces en casa de tus padres. La primera vez venía a pedir dinero. Tu padre lo echó. Hubo una pelea desagradable fuera. Richard le pegó un puñetazo y los vecinos llamaron a la policía. Conseguí calmar a todo el mundo y no se presentaron cargos.

Izzy estaba asombrada. —No tenía ni idea.

—La segunda vez fue unos años después. Se habían reconciliado y Peter pidió que se le diera a Raf una participación en la empresa. Se acababa de graduar con un MBA en Georgetown. Tu padre aceptó porque no era culpa del chaval que su padre fuera un estafador y un fracasado.

—Raf nunca mencionó a sus padres.

—Es comprensible. De todos modos, después de aquello, Raf empezó a trabajar en la empresa y, a pesar de los recelos de tu padre, lo hizo bien.

—Recuerdo cuando empezó —dijo Izzy—. ¿Qué pasó con su padre?

—Para entonces, Peter ya había desaparecido. Creo que debía mucho dinero a gente peligrosa y su mujer se negó a sacarle del apuro. Posteriormente se divorciaron.

—¿Cómo sabes tanto sobre mi familia? —le preguntó Izzy a Pat.

Él se encogió de hombros. —Ya te lo he dicho, tu madre y yo estábamos muy unidos. Hablábamos. Ella me contaba cosas.

Izzy sintió que el trauma de las últimas horas empezaba a pasarle factura. —Me encantaría saber más, pero ahora mismo solo quiero subir a descansar. —Miró a Viper—. ¿Me llevará a casa?

Vio que Viper miraba a Pat, que asintió. —Tendrás que ir a la comisaría mañana a prestar declaración. Yo me quedaré aquí para limpiar este desastre.

—Lo haré, y, por cierto, Viper se queda conmigo esta noche, te guste o no.

Los ojos oscuros de Pat chispearon. —Puesto que ya no es tu oficial de protección personal, no tengo ningún problema con ello.

Viper exhaló. Menos mal, porque estaba a punto de decirle a Pat que se fuera al infierno. Izzy lo necesitaba y no estaba dispuesto a fallarle.

No después de esto. No por nadie.