Capítulo 36
V iper regresó a casa sobre las seis. Había formado parte de un equipo de hombres contratados para proteger a una delegación china que había llegado a D.C.
para una serie de reuniones importantes.
No era el agente principal, sino que estaba de apoyo, equipado con un auricular y siguiendo al grupo en un discreto todoterreno junto con dos motoristas de la policía.
Ahora que la delegación estaba instalada a buen recaudo en su hotel, habían dado el relevo a un equipo diferente para el turno de noche.
Sin nada que hacer, caminó de un lado a otro de su salón y pensó en Izzy. ¿Estaría bien? ¿Lo echaba ella tanto de menos como él a ella? Joder, tenía tantas ganas de abrazarla que le dolía.
Mientras miraba por la ventana su descuidado jardín, ignoró el nudo que sentía en el pecho. Izzy estaba en su ático, rodeada de estilistas y fotógrafos. Él estaba en su casa destartalada de Fredericksburg, solo. Lo extraño era que nunca antes había necesitado nada más que esto.
Hasta ahora.
Suspiró. Eran polos opuestos. Nunca habría funcionado. Salvo que lo que habían tenido había sido real. Nunca se había sentido así por nadie.
A la mierda.
Cogió una cerveza de la nevera, encendió el televisor y se desplomó en el sofá. En el canal en el que estaba echaban repeticiones de Shark Tank. Observó cómo dos de los jueces aceptaban invertir en una empresa emergente. A partes iguales. Cada uno aportaría el veinticinco por ciento del capital.
Viper se quedó mirando la tele. Algo que había dicho Izzy volvió a su memoria.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Mierda.
Claro.
Saltó del sofá. De repente, supo quién la había atacado fuera de su apartamento; o, al menos, creía saberlo.
Viper cogió su chaqueta de cuero de motorista y salió corriendo. Su superbike Suzuki SF250 descansaba sobre el caballete en el aparcamiento. Se subió de un salto, se puso el casco y arrancó el motor. La moto despertó con un gruñido grave.
Le dio un acelerón solo para que la adrenalina fluyera; hacía tiempo que no la sacaba a dar una vuelta. Entonces, salió disparado del aparcamiento y enfiló la carretera.
Tardó poco menos de una hora en llegar a D.C.
Al girar en la calle curva donde vivía Izzy, el pulso se le aceleró.
Pasó conduciendo despacio, inspeccionando la fachada del edificio.
Estaba iluminado, con las luces exteriores bañando elegantemente los escalones frontales y las dos sofisticadas plantas en macetas a cada lado de las puertas de cristal.
¿Dónde estaba el policía?
Se suponía que el Departamento de Policía Metropolitana debía tener a un agente ante la puerta, pero no veía a nadie.
Viper se detuvo a un lado, sacó su teléfono y llamó a Pat.
—Primero Izzy, y ahora tú —gruñó el antiguo comandante SEAL por el teléfono—. Más vale que sea importante.
—¿Se ha retirado la presencia policial del apartamento de Izzy?
Hubo una pausa.
—No, que yo sepa. ¿Por qué?
—Porque estoy fuera ahora mismo y no veo a nadie.
—¡Por el amor de Dios, Viper! ¿Qué haces allí? ¿Es que quieres que te despida?
—He tenido una idea sobre quién fue el responsable del intento de asesinato de hoy, así que me he pasado a comprobarlo, y no hay nadie vigilando el lugar.
—¿Estás seguro?
Viper bajó de la moto y dejó el casco sobre el asiento. —Sí. Espera, voy a echar un vistazo más de cerca. —Como precaución, desenfundó su arma.
Por si acaso.
Aparte de las farolas y las luces sobre la entrada principal, la calle estaba a oscuras. Caminó de un lado a otro frente al edificio, pero no había nadie por allí cerca. El parque de enfrente también parecía desierto.
Entonces oyó un gemido débil.
—He encontrado algo —siseó al auricular, antes de saltar la valla baja que rodeaba el parque—. ¿Hola?
—¿Qué ocurre? —preguntó Pat con urgencia por el auricular—. ¿Necesitas refuerzos?
Viper vio unas botas que sobresalían de un arbusto cercano. Corrió hacia allí y se agachó. El agente de policía estaba tumbado boca arriba, gimiendo.
—Agente herido. Agente herido —dijo Viper con urgencia—. Al oficial le han disparado. Herida de bala en el estómago. Está en el parque. Vivo, pero por los pelos.
—Enviaré a los paramédicos —ladró Pat—. ¿Y qué hay de Izzy?
Viper notó la preocupación en su voz. —Voy a ver cómo está ahora mismo.
Cruzó la calle a toda prisa y subió de un salto los escalones de la entrada del edificio. Las puertas principales estaban cerradas con llave, así que golpeó el cristal con fuerza.
¿Dónde demonios estaba Lewis?
Entonces vio el charco de sangre en el suelo de mármol y se quedó helado.
Joder.
Si Lewis estaba herido, o posiblemente muerto, ¿qué significaba eso para Izzy? Pulsó su timbre, pero no hubo respuesta. Con el corazón a mil por hora, pulsó todos los botones del panel.
Vamos. Que alguien me abra.
Nada.
Los intrusos debían de haber desconectado el sistema de portero automático. No había tiempo que perder. Viper apuntó su arma a la cerradura y la reventó de un disparo.
El estruendo retumbó por todo el edificio. Viper abrió la puerta de una patada y entró corriendo. Lewis estaba tumbado detrás del mostrador de recepción, presionando un agujero de bala en su pierna e intentando contener la hemorragia. Tenía el rostro ceniciento.
—Han subido a su apartamento —dijo con voz ronca.
—¿Hace cuánto? —preguntó Viper, pasando por su lado. Deseó poder detenerse y ayudar al conserje, pero... Izzy era lo primero.
—Hace diez minutos.
—La ayuda va en camino —gritó Viper, dirigiéndose al hueco de la escalera—. Siga presionando la herida. Subió los escalones de dos en dos hasta arriba del todo.
Si le han hecho daño...
No podía soportar pensar en eso.
¡Mierda! ¿Por qué no lo había visto antes? Debería haberse dado cuenta.
Había sido tan estúpido. Lo habían tenido delante de las narices todo el tiempo. La propia Izzy lo había dicho.
Él lo perdería todo si yo vendiera mi parte.
Luego, en el yate: Quería llevarlo al siguiente nivel.
Solo después de ver aquel programa había atado cabos.
No se molestó en llamar al timbre; simplemente, voló la cerradura y abrió la puerta de una patada.
Su sustituto estaba inconsciente en el suelo de la cocina, con una herida fea en la parte posterior de la cabeza.
Viper se agachó para tomarle el pulso. Estaba vivo.
—¡Izzy! —gritó.
Sin respuesta.
Un pavor gélido se apoderó de él mientras corría hacia el dormitorio. Estaba vacío. También la habitación de invitados y su despacho. ¿Dónde coño estaba?
Se la habían llevado a alguna parte. Eso no era bueno. Pero si estaba en tránsito, al menos significaba que seguía viva. Todavía estaba a tiempo de llegar hasta ella. Si la hubieran matado, habrían dejado su cuerpo allí. Sentía náuseas. Tenía que encontrarla.
Diez minutos, había dicho Lewis. No era mucho tiempo. Podrían seguir en el edificio.
¡El garaje!
Ahí es donde habrían aparcado su vehículo. Fuera de la vista desde la carretera. Un lugar por donde sacar a una mujer a rastras sin que nadie te viera.
Bajó de nuevo las escaleras a toda velocidad, saltando los últimos peldaños de cada tramo, antes de abrir de un empujón la puerta del garaje subterráneo.
El suelo de hormigón y los laterales abiertos dejaban entrar el aire frío y oscuro, pero estaba bien iluminado. Se detuvo y escuchó para detectar cualquier señal de actividad.
Pasos. La puerta de un coche.
Luego, un grito ahogado.
¡Izzy!
Siguió el sonido hasta la esquina más alejada del garaje. Un todoterreno negro estaba con las puertas abiertas y dos hombres se asomaban al interior de la parte trasera.
—¡Izzy! —gritó él.
Los hombres levantaron la vista.
—¡Viper, ayuda!
Él salió disparado en un esprint.
Uno de los hombres abrió fuego. La bala le pasó rozando la cabeza. Oyó cómo se incrustaba en el pilar de hormigón que tenía al lado, pero no redujo la velocidad.
—¡Vámonos! —gritó una voz masculina.
Las puertas se cerraron de un portazo y el coche rugió al arrancar. Los neumáticos chirriaron cuando el todoterreno salió de la plaza de aparcamiento. La ventanilla bajó y Viper vio el cañón de un rifle.
Se produjeron más disparos, pero fueron erráticos; el tirador no tenía tiempo para apuntar.
Viper calculó que las probabilidades estaban a su favor. Corrió tras el vehículo, sabiendo que tenía que llegar hasta Izzy antes de que se la llevaran. No tenía ninguna duda de que planeaban matarla y deshacerse del cuerpo donde no dejara rastro.
—¡Izzy! —bramó.
Entonces se quedó sin aire y salió despedido hacia atrás por el impacto. Le costaba respirar. Miró hacia abajo y se dio cuenta de que le habían disparado.