Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 34
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Capítulo 34

— L o siento muchísimo —dijo Izzy, que no podía creer lo que había hecho—. No he pensado.

—No pasa nada —dijo Viper mientras caminaba de un lado a otro de la habitación.

Pero no era verdad. Saltaba a la vista que no era así. Viper se había puesto pálido y, por primera vez desde que lo conocía, parecía asustado. Los terroristas, las balas y los mercenarios no lo amedrentaban, pero la posibilidad de perder su trabajo sí.

Él había intentado avisarla. Incluso habían aclarado que no pasaba nada entre ellos porque él temía que Pat se enterara. Y ella lo había echado todo a perder.

—¿Estás seguro de que lo sabe?

Él asintió con un gesto de impotencia. —Se lo he visto en la cara.

Mierda.

—¿Qué crees que hará? —susurró ella.

—No lo sé, pero involucrarse románticamente con la persona a tu cargo tiene consecuencias y yo estoy en periodo de prueba. —Se dejó caer en el sofá y se escondió la cara entre las manos.

Se sentía fatal. —¿Y si lo negamos?

Él levantó la vista y ella vio lo desgraciado que se sentía. —Me has tocado el muslo. No ha sido un gesto accidental. Sabrá que miento y eso es todavía peor. No voy a mentir a mi oficial al mando.

—Está bien, entonces hablaré con Pat —dijo ella—. Es culpa mía. Yo lo arreglaré.

El rostro de él se suavizó un breve instante. —Agradezco que intentes ayudar, pero no hay nada que puedas hacer. Las reglas son las reglas. Voy a tener que dar la cara.

Justo en ese momento, su teléfono pitó.

Lo sacó del bolsillo y lo miró.

—¿Es él? —susurró ella.

—Sí. —Sus ojos reflejaban angustia—. Quiere verme mañana a primera hora.

—Supongo que no servirá de nada si le digo que ya no hay nada entre nosotros. —Izzy daba palos de ciego, pero tenía que haber algo que pudiera hacer. Conocía a Pat de toda la vida. No era una mala persona. Seguro que no despediría a Viper sabiendo que este trabajo significaba tanto para él.

Además, ella tenía tanta culpa como él. O incluso más. Ella le había pedido que la abrazara aquella primera noche. Ella había instigado el romance entre los dos. Tendría que asegurarse de que no lo despidieran por ello.

—Lo siento mucho —repitió Izzy, sintiendo el peso de su culpa.

Viper dejó de caminar y la miró con una mezcla de miedo y resignación en los ojos. —Lo sé.

Ella asintió, pero por dentro estaba decidida a hacer lo que fuera necesario para arreglar las cosas. No podía permitir que Viper lo perdiera todo por culpa de su error.

* * *

—No hace falta que le diga por qué está aquí —dijo Pat una vez que Viper se hubo sentado en su despacho. Había un deje de acero en su voz que lo aterrorizó.

—No, señor.

Pat suspiró. —Sé cómo son estas cosas, Viper, y ella es una chica preciosa, pero usted conoce las reglas.

—Lo sé. Lo siento, señor. Si le sirve de consuelo, lo nuestro ha terminado. Le puse fin en cuanto regresamos a D.C.

Pat lo estudió. Su mirada oscura era difícil de leer. —¿Siente algo por ella?

—Sí, señor.

—¿Sentimientos reales o es solo algo que ha surgido durante el trabajo?

No tenía sentido negarlo. —Sentimientos reales, señor.

Pat suspiró. —Maldita sea, Viper. Sabe que tengo que apartarlo del caso.

Viper frunció el ceño. —¿Es realmente necesario?

—Sabe perfectamente que sí. Se ha involucrado demasiado. Necesito a alguien con la cabeza despejada que la proteja, no a alguien que vaya a estar mirándola con ojitos en lugar de vigilar.

Viper clavó la vista en el suelo. Su jefe tenía razón.

Incluso en México les pilló por sorpresa aquel ejecutivo minero alemán que se había acercado sigilosamente desde la playa, porque él no estaba haciendo su trabajo correctamente.

Había estado paseando de la mano con Izzy y no se había percatado de la amenaza.

—Lo entiendo, señor.

—Ojalá no fuera así, Viper, pero a partir de este momento voy a asignar a otra persona para que vigile a Izzy.

—¿Estoy despedido, señor? Sé que este era solo un puesto en prácticas.

Pat hizo una pausa. La tensión se prolongó. Había muy pocos hombres que pudieran hacerlo sentir incómodo, pero Pat era uno de ellos.

—Aún no estoy seguro —dijo finalmente—. Tenemos mucho trabajo y, ahora que tengo que poner a otro con Izzy, me vendría bien su ayuda.

Le diré a Anna que lo reasigne. Recoja sus cosas del apartamento de Izzy y vuelva aquí de inmediato.

Nada de despedidas largas, ¿entendido? Necesito que esté de vuelta en el trabajo.

—Sí, señor.

Sintió una oleada de alivio. Al menos seguía teniendo trabajo. Si lograba demostrar su valía ante Pat y se mantenía alejado de Izzy, quizá pudiera conservarlo.