Blackthorn Security – La Colección Completa Capítulo 23
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Capítulo 23

D espués de ayudar a Soraya a limpiar, Lily regresó a la zona de estar. —¿Dónde está Stitch?

Blade levantó la vista del mapa y clavó sus profundos ojos azules en ella. —Tenía pacientes a los que visitar. Estará fuera un par de horas.

—Ah. —Se quedó allí de pie, sin saber qué hacer. Había algunos libros en la esquina, así que se acercó para verlos mejor, pero estaban todos en pastún.

—Lily, creo que deberíamos hablar.

—¿Sobre qué? —Se dejó caer de rodillas y se acomodó en el cojín junto a él—. ¿Sobre cómo vamos a salir de aquí?

—Entre otras cosas.

Una oleada de algo que no sabía explicar brotó de su interior.

—Mañana va a ser extremadamente peligroso —dijo él.

—Lo sé. —Cruzar el río estaba lleno de peligros. Era un puesto de control natural, así que habían decidido cruzar en coche, aunque estarían totalmente expuestos y correrían el riesgo de ser reconocidos—. Soraya me ha dado una túnica larga, así que no me verán la cara.

—Eso está bien. —Se quedó en silencio, con la mirada penetrante.

Ella tragó saliva. —¿Pasa algo malo?

Él inhaló y ella observó cómo se expandía su ancho pecho. —Mientras Stitch te cruza, yo me esconderé detrás.

—¿Es sensato? —No tenía ni idea de lo que habían estado planeando, pero el Land Rover que había visto fuera no parecía tener suficientes escondrijos para un hombre del tamaño de Blade—. ¿Y si registran el vehículo?

—Es arriesgado. Soy difícil de pasar por alto.

En eso tenía razón. No es que fuera un hombre pequeño que pudiera caber bajo el salpicadero o bajo la rueda de repuesto. Era todo fuerza, volumen y músculos abultados. Casi dos metros de puro poder.

—Quizá deberías conducir tú.

Él inclinó la cabeza, reconociendo su idea. —Creo que Stitch pasa mejor por lugareño, ¿no crees? Además, habla el idioma.

A Lily, de repente, le costó respirar. —¿Y si te ven?

—Tenemos un plan.

Ella asintió, sabiendo en el fondo que aquello no le iba a gustar.

—Si me ven, Stitch dirá que le pedí que parara hace un kilómetro y que os amenacé a punta de pistola para que me llevarais. No tuvisteis elección. Eso debería libraros del castigo.

Lily tragó saliva; de repente tenía la boca seca. —¿Y qué hay de ti?

Él no le sostuvo la mirada. —Echaré a correr. Hay mucho follaje a ambos lados del río. Me tiraré al agua si hace falta. Estaré bien.

Ella no estaba tan segura.

—Eso es solo si te encuentran, ¿verdad? Quiero decir, lo más probable es que no pase, que consigamos cruzar.

—Exacto. —Su actitud despreocupada la inquietaba mucho.

Una sacudida la recorrió.

Esta podría ser su última oportunidad para decirle lo agradecida que estaba.

—Blade —susurró—. Solo quiero que sepas... por si ocurre algo, que no ocurrirá..., que te agradezco mucho lo que has hecho. Traerme aquí. Rescatarme de esa cueva. Cuidar de mí. Nunca lo olvidaré.

No le olvidaría a él .

Lily no sabía si él lo vio en sus ojos o si estaba respondiendo a sus palabras, pero se acercó más, tanto que ella podía ver las diferentes motas azules en sus ojos.

De repente, se estaba ahogando, debatiéndose en el deseo que veía allí: llamas azules que la llamaban, que la atraían.

—Blade, si no lo logramos...

Él no esperó a que terminara. Con un gemido bajo, rodeó su cuello con una mano grande y la atrajo hacia sí. Todo el cojín se movió, acercándola hasta que estuvo prácticamente sentada en su regazo.

—Joder, Lily. Joder .

Sabía a qué se refería. Ella también lo sentía, esa atracción magnética que ninguno de los dos podía controlar. Parecía empujarlos a estar juntos por mucho que lucharan contra ello.

Ni siquiera el recuerdo de Joe podía evitar que sucediera.

O quizá era precisamente por eso.

Cuando se marcharan de allí mañana, puede que no llegaran a casa. Puede que no tuvieran otra oportunidad.

Lily se inclinó hacia él, diciéndole que no pasaba nada, que ella también lo sentía.

Que también lo deseaba.

Rozó sus labios con los de él, sintiendo cómo él se resistía durante medio segundo antes de exhalar.

Su mano se apretó detrás de su nuca, inclinando su cabeza y atrayéndola más.

Los labios de Blade chocaron contra los suyos y él gruñó como un oso herido, sin dejarle ninguna duda de quién tenía el control.

El corazón de Lily dio un vuelco, con el pulso acelerado de forma errática. Dejó de intentar luchar contra sus sentimientos. Era esto: lo que deseaba desde aquel primer beso en la cabaña, cuando pensó que era Joe.

Se le escapó un sollozo mientras se fundían el uno con el otro. El calor fluía entre ambos. Chispas abrasadoras que ardían y estallaban, haciéndose más fuertes a medida que se besaban.

Madre mía, se estaba quemando viva.

Lava fundida recorría su sangre y hacía que su propio centro palpitara.

Apartó los pensamientos sobre los hombres que la perseguían, el miedo que la atormentaba, la ansiedad que la agobiaba por la huida de mañana.

Todo lo que sentía era un deseo delicioso y desgarrador, la prueba de lo que significaba estar viva, estar aquí con Blade.

Lily no tenía ni idea de cómo había acabado arrodillada sobre él, deleitándose con el contacto de sus gruesos muslos bajo los suyos y disfrutando de la sensación de sus manos deslizándose bajo su blusa, que se extendían por su espalda y la aplastaban contra su torso duro como una roca.

Él volvió a gemir, un sonido gutural y bajo en el fondo de su garganta que le provocó escalofríos deliciosos.

Los hombros de él se tensaron bajo las manos de ella.

Desesperada por estar más cerca, se aferró a él, se retorció contra su cuerpo.

Deseó que sus ropas desaparecieran y que él la tomara allí mismo, en ese instante.

Con un jadeo entrecortado, se subió la falda por encima de las piernas de él, para poder sentirlo bien.

Cielo santo, estaba duro, tensándose contra el tejido de sus pantalones cargo. Contra ella.

—Cristo, Lily —gimió él—. Te deseo tanto. ¿Seguro que está bien? —Unas llamas de zafiro la abrasaron, suplicándole que dijera que sí.

En serio, no tenía ningún problema con eso.

—Sí —susurró, recalcando la palabra con un asentimiento.

—¿Estás...? Quiero decir, ¿podemos...?

Su voz era ronca, sus manos se hundían en su espalda, deslizándose bajo el tirante de su sujetador. Apenas podía pensar.

Asintió con la cabeza. —Inyección mensual. No hay problema.

Fue como si se hubiera desatado. Cualquier pensamiento de contenerse se había desvanecido, y solo existían él y ella.

Febril ahora, volvió a reclamar sus labios y la poseyó con tanta fuerza, con tal pasión, que el mundo le dio vueltas cuando se separaron para tomar aliento.

Él la agarró por las nalgas y la colocó encima de su erección, que pugnaba por salir. Aunque estaba oculta bajo la ropa, se notaba que era enorme. Por un segundo de pánico, se preguntó si cabría. Joe no había sido tan grande.

Por otro lado, estaba más que lista para descubrirlo.

Él le masajeó el trasero, haciendo que ella se retorciera encima de él.

Dios, lo deseaba tanto que apenas podía contenerse. Nunca se había sentido tan absolutamente entregada, tan fuera de control, como con este hombre.

Blade le quitó la blusa por la cabeza y luego le rodeó los pechos por encima del encaje; la fricción era exquisita. Pasó los pulgares por sus pezones hasta que ella empezó a jadear bajo sus atenciones.

Momentáneamente incapaz de hablar, soltó un gemido.

Él la miró a los ojos y los profundos remolinos azules se oscurecieron. —Dios, Lily, eres tan hermosa.

Sus palabras la hicieron vibrar.

—Más —la súplica salió como un suspiro.

Él desabrochó su sujetador, bajó los tirantes por sus brazos y lo tiró a un lado.

El aire fresco y el aliento caliente se mezclaron en su piel desnuda; su placer aumentaba a cada segundo. Él acarició sus pechos con sus manos callosas, volviéndola loca.

Se sentía tan bien.

Trazó círculos alrededor de sus pezones; su toque ligero como una pluma resultaba a la vez frustrante y excitante.

Unos cuantos toques los volvieron de algún modo más sensibles, más exigentes.

Ella jadeó cuando él los apretó hasta convertirlos en brotes endurecidos, primero suavemente y después con más urgencia.

Soltó un grito ahogado cuando el calor inundó su sexo, como cables invisibles enviando impulsos eléctricos hacia abajo. Fue un milagro que no se corriera en ese mismo instante.

Inclinando la cabeza, se llevó un pezón a la boca y lo succionó. Ella arqueó la espalda y gimió, un sonido gutural y profundo, teñido de anhelo.

Los bíceps de él se tensaron bajo sus manos mientras volvía a colocarla. Cuando dirigió su boca caliente hacia su otro pecho, Lily pensó que iba a morir.

¡Qué forma tan maravillosa de irse!

Cuando estaba a punto de arder, él levantó la vista, con su mirada ardiente atravesándola. Ya no había posibilidad de detenerse. Ambos lo querían, ambos lo necesitaban.

Ella le miró al alma y, a su vez, le abrió la suya, confiándole sus vulnerabilidades, permitiéndole leer todas las emociones que surcaban su mente, todos los deseos que brotaban en su cuerpo.

Aunque no quería ni podía detener un intercambio tan íntimo, le aterraba abrirse de nuevo de esa manera, cuando mañana…

No quería pensar en mañana.

Sus ojos ardían, resplandeciendo con una profundidad emocional que la hizo temblar. Ella le arañó el pecho, agarrando puñados de su camiseta, desesperada por deshacerse de todas las barreras que había entre ellos.

De un movimiento, él se la quitó y la tiró a un lado. Chocaron de nuevo y ella se regocijó con el contacto: su piel era terciopelo suave que cubría acero sólido.

Sus labios se movieron contra los de ella, ahora con más suavidad.

Al mismo tiempo, sus dedos se deslizaron bajo sus bragas y luego las apartó.

Estar a horcajadas sobre él la dejaba totalmente expuesta a su tacto, y estaba tan mojada, tan lista.

No hubo resistencia alguna. Su dedo se deslizó directamente dentro de ella, llenando un espacio que clamaba por su caricia.

Él gruñó contra su boca, tragándose el gemido de ella. Ella movió las caderas, frotándose contra su mano, con cada átomo de su cuerpo en llamas.

No sabía que se podía sentir así. Tan frenético.

Tan desesperado.

Se aferró a él mientras su pulgar empezaba a acariciar su clítoris, llevándola al límite. Giró las caderas y presionó, necesitando más. Anhelando la liberación. Sin querer frenar hasta que el miembro de él pudiera llenarla.

Entonces él sacó el dedo.

—¡No! —Fue medio jadeo, medio gemido.

—Espérame, cariño. —Blade la movió para desabrocharse y bajarse los pantalones. Se los bajó junto con los calzoncillos hasta las rodillas, la agarró por las nalgas y la colocó sobre él.

La anticipación la estaba matando. Se oyó a sí misma sollozando, suplicando… Entonces él entró en ella.

Lily chilló cuando el pene de él ocupó el lugar de su dedo. Duro, grueso e hinchado de necesidad, llenándola tan por completo que pensó que se partiría en dos.

Él gruñó y empujó hacia arriba, llevándola a otro nivel de éxtasis.

¿Cómo era posible tal placer? Estaba perdida, dirigiéndose hacia un lugar en el que nunca había estado.

Sus manos se enredaron en el pelo de él, su único ancla a la realidad mientras el resto de su cuerpo estaba en algún lugar inimaginable.

Cada embestida la hacía temblar de la cabeza a los pies. Cada empujón enviaba chispas desde su centro hasta sus extremidades. Se aferró a él, gimiendo con cada embestida, volando más alto y más rápido hacia lo desconocido.

—Oh, Dios —gritó Lily cuando pensó que ya no podría aguantar más—. Oh, Dios . Blade.

—Ven conmigo, nena —murmuró él, atrayéndola hacia abajo mientras daba una sacudida hacia arriba, provocándole espasmos, desatando la explosión que se había estado gestando desde su primer beso.

Se corrió con fuerza, gritando con la liberación. Unas convulsiones rápidas la consumieron. Se agitó espasmódicamente, gritando su nombre y clavándole los dedos en la espalda.

Él la mantuvo apretada contra sí, agarrándola por la cintura, moviendo sus caderas como un pistón.

Su cuerpo se puso rígido, echó la cabeza hacia atrás y rugió al cruzar el límite.

Ella lo besó con fuerza mientras él explotaba dentro de ella, pensando que era la forma perfecta de terminar esta unión perfecta.

Pero no había terminado.

Los espasmos persistieron, prolongados por sus embestidas primitivas, creciendo de nuevo por su renovada atención a sus pechos.

Le succionó un pezón y lo acarició con los dientes mientras bajaba la mano entre sus piernas.

Sin dejar de bombear, de empujar, le acarició el clítoris.

El deseo creció con una velocidad vertiginosa y una desesperación delirante hasta que ella se rompió, con el cuerpo a la vez vibrando de electricidad y sumido en una inmovilidad entumecida.

Se desplomó encima de él, como un remolino de emociones agitadas.

Él la sostuvo durante un buen rato. Ella no podía moverse, no podía hablar.

Se quedó en sus brazos, saboreando el momento, catalogando cada sentimiento, cada sensación, ya que el recuerdo podría tener que durarle toda la vida.

Lo que acababan de compartir era increíble, y saber que tal vez no volviera a ocurrir nunca…

Era demasiado intenso. Empezó a sollozar; sus lágrimas eran una mezcla de emoción, deseo y una liberación abrumadora.

—Ssh. —Él le besó los rastros húmedos de las mejillas y luego las gotas de las pestañas. Finalmente, su boca encontró sus labios.

Ahora era diferente. Suave, tierno. Era como si ambos lo hubieran dado todo y ahora estuvieran rotos. No había nada que ocultar, ninguna barrera entre ellos. Solo una honestidad brutal y emociones a flor de piel.

Él lo sabía. Al igual que ella.

Pasara lo que pasara mañana, siempre tendrían esto.