Epílogo #3
—Es lo que le digo, parece que se coordinan y obedecen a un patrón de comportamiento predeterminado.
Como usted ya sabrá, no es infrecuente que los parásitos modifiquen la conducta de sus hospedadores.
Por ejemplo, el toxoplasma, que produce la famosa toxoplasmosis, tiene su ciclo final en los felinos.
Pero estos se infectan a través de los roedores.
Se ha comprobado que las ratas y los ratones infectados por toxoplasma, en lugar de huir de los gatos, son más propensos a acercarse a ellos.
Los gatos se los comen y, así, el toxoplasma infecta a los felinos y así puede alcanzar su fase de reproducción sexual.
O el plasmodium , mismamente. No este, sino el que produce la malaria.
Este parásito, que infecta a los mosquitos, tiene la capacidad de disminuir su atracción por la sangre humana durante su fase de reproducción dentro del insecto, y la aumenta cuando está listo para transmitirse a un hospedador humano.
Así que este plasmodium tenebrosum podría tener unas cualidades parecidas.
—Margarita hace una pausa—. Un parásito, ¿eh? ¡Lo dije desde un principio!
—Asombroso… —responde el comandante con sequedad intentando aparentar poco interés—. Y este dibujo, ¿es una gaviota en el mar? —pregunta mostrándole a Marga un garabato en el papel.
—¡No, no, hombre! Es una gaviota en un charco de sangre. No sé por qué, pero odian a las gaviotas. Casi tanto como la luz.
El comandante permanece pensativo. Se rasca el mentón, recién afeitado. Recupera su bolígrafo y vuelve a guardarlo en el bolsillo interno de la chaqueta.
—¿Puedo hacerle una pregunta yo a usted, comandante? —propone Marga, intentando parecer casual.
—Dispare.
—¿Qué es la Operación Asklepios? Pregunto.
—¿Cómo sabe usted de la existencia de la Operación Asklepios?
—Lo pone ahí, en la carpetilla. Por fuera dice: Operación Asklepios.
—Oh, vaya… ¡Qué descuido! —ríe para sí el comandante. Marga ríe con él. Ríen juntos.
—¿Qué es?
El comandante deja de reír. Se da un momento para calibrar la situación. Revisa de nuevo las anotaciones de Marga. Se encoge de hombros y cierra la carpetilla.
—La Operación Asklepios es un plan de respuesta ante una emergencia como esta en la que los muertos parecen no querer quedarse en sus tumbas.
Si le soy sincero, no estamos seguros de dónde ha salido.
Llevaba décadas metido en un cajón cogiendo polvo.
Sabíamos de su existencia, pero nunca le habíamos dado crédito alguno.
No está claro por quién o cuándo fue redactado. Hemos tenido que actualizarlo bastante.
—Entonces, ¿ya esperaban que esto pudiera ocurrir en las islas Cíes? —pregunta Marga curiosa. Al comandante se le dibuja una sonrisa.
—Las islas Cíes… Esas islas han tenido más tráfico que la autovía Coruña-Madrid en el puente de agosto.
Y no me refiero a los últimos días o años.
Me refiero a lo largo de la historia. Estuvieron los celtas, por supuesto.
Estuvieron los vikingos, pero ¿dónde no han estado los vikingos?
Las islas de los Dioses… Así bautizaron los romanos a las islas Cíes.
Supongo que ya lo sabía. Pero lo que quizá no sepa es que hubo un romano muy ilustre bañándose en sus aguas.
El mismísimo Julio César. Le costó lo suyo, no crea.
Tuvo que doblegar la sorprendente resistencia de los herminios, una tribu lusitana que abandonó sus montañas en el norte de Portugal y se atrincheró en las Cíes.
¿Por qué? No es un buen puesto defensivo.
Tiene demasiados arenales por los que desembarcar por no mencionar que unas islas como las Cíes, aisladas del continente, son fáciles de dejar sin suministro en poco tiempo.
Y aun así, consiguieron resistir durante un año los ataques de Julio César, ¡los ataques de Roma!
Ni los mismísimos Astérix y Obelix, oiga…
—El comandante hace una pausa para que Marga asuma todo lo que acaba de decir—.
Mare Tenebrosum lo llamaron los romanos.
El Mar Tenebroso o el Mar de las Tinieblas.
A priori , un lugar poco paradisíaco para unos dioses, ¿no cree?
Dígame, doctora: ¿qué caracteriza a los dioses?
—pregunta el comandante con cierto aire amenazante.
—¿El mal genio?
—Eso es —ríe—, mucho mal genio. Y la inmortalidad.
Lo mismo que esos contagiados. Y eso no es todo.
Barcos otomanos asolaron la región durante el siglo XVII y hasta el pirata Francis Drake o el explorador Julio Verne visitaron la zona.
Y si hacemos caso a las leyendas, Roldán, sobrino de Carlomagno, terminó sus días en las islas Atlánticas.
¿Qué buscaban todos ellos? Si hasta la Iglesia decidió poner allí un monasterio, en una isla apenas habitada y con escasos recursos para mantenerse.
¿No le resulta intrigante? —resume el comandante.
—Sí, supongo. Pero no sé qué tiene que ver todo eso conmigo. ¿Por qué no me deja salir? Tengo cosas que hacer, ¿sabe? —protesta Marga.
—Hemos perdido a muchos buenos militares en esta crisis.
Y usted, no se ofenda, una epidemióloga a punto de jubilarse, ha conseguido salir de esas islas sin un rasguño.
Algo se ha liberado en esa isla —explica el comandante con asertividad— y usted, Margarita Erauso… Usted va a ayudarme a atraparlo.