Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 55 #3
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Capítulo 55 #3

La presión suave que ejerzo le da la oportunidad de apartarse de mí, pero no lo hace. Sin embargo, no hace nada para profundizar el contacto.

—Vamos a estar bien —prometo, y presiono besos tímidos en sus labios—. Todo estará bien, amor. No nos hagas esto, por favor.

—Maya…

—Por favor, Harry. Deja de torturarte. Quédate conmigo. Ya todo acabó —digo, entre caricias tímidas, y siento cómo sus hombros pierden un poco de tensión.

Poco a poco, los besos dulces van tomando fuerza con lentitud y, de pronto, me encuentro con la espalda pegada a la pared. Sus dedos se han deslizado debajo del material de la franela que llevo puesta, y un escalofrío de pura anticipación me recorre el cuerpo.

Sus labios son urgentes y desesperados, y correspondo a la fuerza de su contacto.

Soy vagamente consciente de cómo avanzamos por el pasillo, chocando contra las paredes estrechas, hasta llegar a la puerta del baño.

Harry forcejea con la manija sin dejar de besarme y tantea en la pared hasta localizar el apagador de la luz para iluminar el oscuro espacio.

Entonces, se aparta de mí.

Sus ojos oscurecidos me recorren de pies a cabeza y noto cómo su pecho sube y baja con su respiración dificultosa.

—Quítate la ropa, Maya —dice, con la voz enronquecida.

En ese momento, envuelvo los brazos alrededor de su cuello y lo beso con todas mis fuerzas. El sabor cálido y dulce de su boca trae oleadas de alivio a mi sistema y todo mi cuerpo se estremece cuando sus manos se deshacen de la parte superior de mi vestimenta.

El sonido de la música se abre paso entre la bruma de mi sueño y taladra en lo más profundo de mi cerebro. La familiar melodía enciende algo dentro de mí y sé que debo levantarme.

Cada vez soy más consciente de mi entorno y sé, de inmediato, que mi celular está sonando. La melodía que resuena en la habitación es el tono de llamada de mi teléfono. Estoy segura…

Me obligo a estirar el brazo para alcanzar la mesa de noche junto a la cama y busco sobre la madera hasta que soy capaz de sentir el aparato vibrante que no deja de sonar.

Mis párpados se abren ligeramente y observo el nombre de Kim en la pantalla; sin embargo, cuando estoy a punto de responder, aparece una pequeña leyenda que cita: «Llamada perdida».

No he alcanzado a responderle.

Mis ojos se cierran de nuevo y dejo caer la cabeza sobre la almohada antes de estirar mi cuerpo y girar sobre mi abdomen para acurrucarme junto a Harry.

En ese momento, me doy cuenta… No hay nadie a mi lado.

Me toma unos instantes abrir los ojos, pero, cuando lo hago, me obligo a girar sobre la espalda para incorporarme con lentitud.

Mis músculos se sienten adoloridos y agarrotados debido a nuestra actividad nocturna, y me siento complacida por ello. Extrañaba estar entre los brazos de Harry. Extrañaba sus besos, sus caricias, sus palabras susurradas… No puedo entender cómo es que fui capaz de soportar todo este tiempo sin él.

Una sonrisa suave se dibuja en mis labios al recordar la urgencia con la que me hizo el amor ayer por la noche, y cómo se encargó de decirme una y mil veces que me amaba…

Mi vista recorre la estancia, mientras agudizo el oído y trato de averiguar dónde se encuentra; sin embargo, no soy capaz de percibir ningún sonido. El recuerdo de Harry marchándose y dejándome después de haber estado juntos por primera vez, hace que una punzada de miedo se apodere de mi cuerpo.

De pronto, respirar se vuelve un poco difícil y mi estómago se siente como si estuviese a punto de reventar.

«¡Deja de pensar estupideces, Maya!». Me regaño, mentalmente; y trato de mantener la calma.

Entonces, dejo la cama. Me toma unos minutos encontrar algo de ropa para ponerme, pero, una vez que lo hago, me encamino hacia la sala a toda velocidad.

—¿Harry? —mi voz suena más alterada de lo que pretendo y no entiendo por qué demonios me siento así de ansiosa.

La falta de respuesta hace que el miedo sea imposible de manejar y, de pronto, todo lo que ocurrió anoche se siente como una jodida despedida. Los besos urgentes, las caricias desesperadas, las palabras pronunciadas en oraciones entrecortadas, los abrazos fuertes y angustiados.

—¿Harry? —trato de sonar calmada, pero apenas puedo hablar. Apenas puedo mantener la compostura.

«¡No! ¡Por favor, no otra vez!».

Mis pasos apresurados resuenan por todo el apartamento mientras me precipito hacia la cocina. Mis manos temblorosas se aferran al marco de la puerta cuando encuentro el lugar completamente vacío.

Vuelvo sobre mis pies y me echo a andar hacia la sala mientras digo su nombre una vez más.

«¡No está! ¡Se ha ido!».

Estoy temblando. Es imposible detener el movimiento involuntario de mi cuerpo y el bombeo apresurado de mi corazón. Es imposible retener las lágrimas por más tiempo y dejar de sentir que el mundo ha comenzado a estremecerse…

Mis pies se mueven por inercia mientras avanzo por el pasillo a toda velocidad solo para llegar a la habitación y detenerme frente al armario.

Mi vista se posa en la madera de las puertas y dudo.

Dudo porque no sé si quiero averiguar si se ha marchado o si solo estoy haciendo el ridículo una vez más.

«¡Hazlo ya! ¡Hazlo ahora, maldita sea!». Grito, para mis adentros, pero no me atrevo a moverme durante un largo momento.

Finalmente, y al cabo de unos minutos, con el corazón hecho un nudo, abro las puertas.

No hay nada aquí. Sus pertenencias no están. No hay nada más que la camisa que alguna vez me prestó para dormir.

«¡Se ha ido! ¡Harry se ha ido!».

Se fue.

Me dejó aquí.

Se marchó y no fue capaz de decirme absolutamente nada… Y estoy furiosa. Estoy furiosa porque huyó y no fue capaz de llevarme con él. Porque estoy cansada de tanto sufrimiento. Porque estoy harta de vivir atrapada entre tanta mierda.

Ya no quiero esto. No quiero sentirme nunca más de este modo. Necesito que todo esto sea una pesadilla.

Un sollozo lastimoso sale de mis labios y, de pronto, no puedo detenerlo.

Estoy hecha un manojo de sollozos incontrolables y llanto desgarrador. Estoy hecha pedazos. Destrozada de pies a cabeza porque Harry se ha marchado sin decir una sola palabra.

Porque me ha dejado y ni siquiera ha sido capaz de decir por qué.