Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 55 #2
98%

Capítulo 55 #2

Entonces, mis pies se mueven. Doy un paso y luego otro y, de pronto, estoy corriendo hacia él.

Por un doloroso instante creo que no va a recibirme entre sus brazos, pero sus extremidades se abren justo a tiempo para atraparme en un abrazo apretado e intenso. Sus manos hacen en puños la franela que llevo puesta y su cabeza se hunde en mi cabello mientras sollozo incontrolablemente.

Un balbuceo incoherente me abandona sin que pueda detenerlo. La herida apenas sanada en mi pecho arde y escuece, pero no me importa en lo absoluto. No me importa porque está aquí. Es él. Es su aroma, su calidez, su fuerza, sus manos, su cuerpo, su aliento rozando mi mejilla.

Es él.

—Está bien —murmura, con su voz ronca y arrastrada, y el llanto aumenta—. Estoy bien. Estamos bien.

—Estaba tan asustada… —sollozo, y él susurra algo ininteligible de vuelta.

Entonces, se aparta de mí y me ahueca el rostro entre las manos para estudiarme a detalle. Sus ojos color esmeralda me recorren la cara con una atención aterradora, antes de deslizar su vista por mi anatomía

—Estoy bien —aseguro, con la voz entrecortada por las lágrimas, pero él no luce del todo convencido, ya que niega con la cabeza y frunce el ceño con preocupación.

—Si algo te hubiese ocurrido, yo…

Mis dedos se presionan en sus labios para acallar el resto de su oración y él cierra los ojos. Por un instante, luce torturado. Como si le doliera mi toque. Como si no pudiese soportar que le pusiera una mano encima.

Estoy a punto de preguntar qué ocurre, cuando alguien aclarándose la garganta hace que volquemos nuestra atención en dirección a la puerta.

Will y Jeremiah se encuentran ahí, mirando la escena con incómoda alegría. No entiendo del todo qué fue lo que sucedió.

—¿Por qué no me dijeron nada? —las palabras me abandonan sin que pueda detenerlas—, ¿qué pasó? ¿Cuándo supieron?

Will sonríe con amabilidad y mira a Harry, quien le regala un suave asentimiento.

—Esta mañana, el juez dio el fallo a favor de Harry.

No había pruebas para inculparlo de nada —dice—.

Legítima Defensa, creo que dijo que era lo que lo absolvía de pagar una pena por la muerte de Alexis Rodríguez —sonríe—.

Tuvimos que esperar a que todo el papeleo y la orden para liberarlo se hicieran efectivas.

Es por eso por lo que hemos tardado un poco en traerlo a ti.

Jeremiah me regala una sonrisa radiante.

—Todo ha terminado —dice—. Por fin, toda esta mierda ha acabado.

Las palabras de mi amigo traen una extraña sensación a mi pecho. No estoy muy segura de qué se trata, pero algo no se siente del todo bien.

Me digo a mí misma que es por lo sorpresivo que ha sido ver a Harry aquí y ahora, y me obligo a sonreírle de vuelta mientras asiento en su dirección.

Los chicos y yo nos encaminamos a la sala en la espera de Kim, quien no regresa hasta que han pasado diez minutos desde que Harry, Will y Jeremiah entraron al apartamento.

Una vez reunidos todos, Jeremiah y Will hacen un resumen acerca de lo ocurrido en el juzgado y del fallo a favor de Harry. Este, sin embargo, no hace ningún comentario al respecto, se limita a escuchar lo que mis dos amigos cuentan con entusiasmo.

Kim, por otro lado, ha estado muy callada desde que llegó.

Sé que es porque Will está aquí y porque aún no sabe cómo va a decirle acerca de su embarazo.

Debo admitir que me preocupa la forma en la que van a continuar después de esto.

Will no quiere regresar con ella. No puede confiar de nuevo después de lo que pasó, y Kim es consciente de eso.

Ambos están en una posición muy difícil. Por una parte, necesitan espacio para sanar la herida inmensa que ha provocado su ruptura y, por otra, deben resolver qué harán respecto a su hijo.

Dudo mucho que Will vaya a aceptar que Kim lo críe sola, y dudo, también, que ella vaya a impedir que él conozca al bebé.

Van a tener que seguir viéndose lo quieran o no y no sé cómo van a aprender a llevarlo. Lo único que espero para ellos, es que puedan solucionarlo de la mejor manera.

—Será mejor que nos vayamos —dice Will, tras un largo momento de silencio. Sus ojos se posan en Jeremiah y luego en Kim, y ambos se ponen de pie rápidamente.

Jeremiah le da un abrazo rápido a Harry, quien se ha puesto de pie primero que yo para despedirlos, y luego me envuelve en un abrazo cariñoso.

—Me alegra mucho que todo haya salido bien, Maya —susurra contra mi oreja y no puedo evitar sonreír un poco—. Mereces ser feliz. A partir de ahora, tienes prohibido meterte en problemas, ¿me escuchas?

Una risa tonta se me escapa de los labios y reprimo las ganas que tengo de besar su mejilla delante de Harry. No sé cómo esté la situación entre ellos ahora, pero hace unas semanas no era la mejor del mundo. No quiero tentar a mi suerte con un gesto así.

—Trataré de no hacerlo —prometo, y él me revuelve el cabello antes de dejar que Kim me abrace.

—Habla con él —murmuro contra la oreja de mi amiga y ella asiente.

Entonces, se aparta y me regala una mirada asustada.

—Te llamaré para contarte cómo resulta —dice.

—Todo irá bien —sonrío—. Confía en mí.

Ella sonríe también, pero luce aterrorizada.

Finalmente, Will me aprieta entre sus brazos en un gesto protector, antes de despedirse de Harry con un abrazo que me hace saber cuán cercanos se han vuelto las últimas semanas.

El chico a mi lado esboza una sonrisa cansada mientras Will dice algo que solo él es capaz de escuchar.

Una punzada de dolor me atraviesa el pecho porque es la primera vez que lo veo sonreír desde que llegó aquí y no ha sido gracias a mí, pero la empujo lejos. Debo dejar de pensar en idioteces y concentrarme en lo que de verdad importa.

Harry acompaña a todo mundo a la puerta y yo me quedo atrás, sintiéndome extrañamente miserable. No sé qué está pasando, pero puedo sentir la distancia que ha puesto entre nosotros. No se supone que debería hacer esto. No cuando la pesadilla ha terminado…

Me las arreglo para sonreír un par de veces más antes de que todos se vayan finalmente y, cuando lo hacen, no estoy muy segura de qué decir o qué hacer ahora que nos hemos quedado solos.

Harry no me mira. Se queda un par de segundos mirando hacia la puerta del apartamento antes de girarse para encararme.

—¿Está todo bien? —hablo, después de unos instantes de silencio.

Harry parece dudar un segundo.

—Estoy cansado, Maya —responde con tono neutro—. Han sido unas semanas de mierda.

Ni siquiera me da tiempo de replicar. Cuando me doy cuenta, está avanzando en dirección al pasillo. Trato de alcanzarlo, pero es más rápido que yo, así que tengo que apresurar el paso lo más que puedo.

—Harry…

Entonces, se vuelca hacia mí con brusquedad y me detengo en seco al ver la violencia de su movimiento.

—Déjalo estar, Maya —dice, con la voz enronquecida por las emociones.

—¿Qué ocurre?

—Nada. No ocurre absolutamente nada.

—Harry, te conozco.

De pronto, la máscara de serenidad cae.

La tortura en su expresión es dolorosa. Su ceño está fruncido con angustia y preocupación. Su mandíbula está más tensa que nunca y una vena sobresale en su frente.

—¿Quieres saber qué pasa, Maya? —sisea—.

Pasa que casi te matan por mi maldita culpa.

Pasa que no puedo mirarte a la cara sin sentir que te debo algo más que una simple disculpa —noto cómo sus ojos se llenan de lágrimas sin derramar—.

No sabes la tortura que fue para mí saber que estabas en un maldito hospital con una herida de bala.

Una que pudo haber sido evitada si yo me hubiese ido cuando dije que lo haría.

—No —mi voz sale en un resuello—. No, Harry, las cosas no son así.

—¡Por supuesto que son así, Maya! —escupe, y me hace saltar en mi lugar debido al tono violento que utiliza—.

¡Por mi culpa casi te matan! ¡Dos jodidas veces!

... ¡Te golpearon tan fuerte en el cráneo que casi mueres y ahora te dispararon!

¡¿Cómo demonios quieres que me sienta al respecto?

! ¡No puedo pretender que nada ocurrió! ¡No puedo ir por ahí aparentando que esto no está destruyéndome como lo hace, solo porque tú deseas olvidarlo todo! ¡Yo no puedo olvidar!

El silencio que le sigue a sus palabras es tenso y pesado, pero me niego rotundamente a dejar que se estanque en el pasado. No puedo permitir que arrastre con eso cuando se supone que ya todo acabó.

—¿Por qué te empeñas en hacerte quedar como el culpable de todo? —apenas puedo pronunciar—. Tú no pusiste el maldito bate de béisbol en las manos de Nadia, y tampoco obligaste a Tyler a empuñar el arma con la que me disparó.

—¡Pero te hirieron porque estabas conmigo, Maya! —eleva el tono de su voz—, ¡maldita sea! ¡¿Es que no lo entiendes?!

—¡Pero ya terminó! —igualo mi tono con el suyo—. ¡Harry, todo acabó! ¡Eres libre! ¡Finalmente, podemos olvidarnos de toda esa mierda!

—¡Maté a una persona, Maya! —su voz truena en toda la estancia y doy un paso hacia atrás por mero acto reflejo.

El enojo, la ira y la frustración en su mirada, me estrujan el pecho de una forma cruel y despiadada. Esto no debería estar ocurriendo. Deberíamos estar bien ahora. Las cosas deberían ser diferentes.

—Harry, por favor… —suplico con un hilo de voz—. Por favor, no te hagas esto. No trates de convertirte en un asesino a mis ojos porque no va a funcionar. Cualquier persona en tu lugar habría hecho lo mismo… Yo lo habría hecho por ti…

La mirada de Harry se desvía y baja la cara para que no sea capaz de mirarlo.

—Esto aún no ha terminado —dice tras un silencio—. Tyler aún está libre. Se fugó y si la policía lo encuentra, esto se irá a la mierda.

—¿Crees que van a creerle? Son tres personas contra una —trato de sonar convencida, pero en realidad es algo que ronda por mi cabeza. Si Tyler regresa, todo podría irse a la mierda.

Harry niega con la cabeza, pero luce dudoso.

Yo aprovecho ese momento para acercarme a él, envolver mis brazos alrededor de su cuello y buscar sus labios con timidez. El roce de nuestras bocas hace que se retire un poco, pero vuelvo a intentarlo.