Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 53 #2
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Capítulo 53 #2

Las tonalidades rojizas y anaranjadas en las que está sumida la habitación, me hacen saber que está a punto de anochecer.

Mis extremidades se sienten pesadas, pero nada me duele en este momento.

Siento la garganta seca y el tubo que tengo incrustado en la tráquea hace sumamente difícil la tarea de tragar algo de saliva para eliminar el escozor.

Tengo las piernas entumecidas y los brazos me hormiguean, pero eso no impide que trate de moverme un poco para llamar la atención de los dos chicos que quedan en la habitación.

Jeremiah es quien se percata de que me encuentro despierta. No es capaz de disimular el alivio en su expresión cuando se inclina para mirarme. Una mueca cargada de aprehensión se dibuja en sus labios y aparta el cabello lejos de mi rostro en un gesto dulce.

—Hey, Hobbit —la sonrisa torcida en sus labios es amable, pero preocupada—. ¿Cómo estás? ¿Has pensado alguna vez ser doble de películas de acción? Eres dura de matar, ¿sabías eso?

Una sonrisa juega en mi boca, pero el dolor que se apodera de mi garganta con mis suaves movimientos faciales, hace que lo reprima.

Quiero decirle que se vaya a la mierda, pero, como me es imposible hablar en este momento, me limito a forzarme hasta el límite para mostrarle el dedo medio de mi mano izquierda.

Su rostro rompe en una sonrisa grande y honesta, y niega con la cabeza.

—Iré a buscar a un médico para preguntar si pueden retirar ya esa cosa de tu garganta —dice y, sin darme tiempo de hacer nada, se aleja para salir de la habitación.

El zumbido de las máquinas llena el silencio en el que se ha sumido el lugar, pero sé que no estoy sola. Sé que Kim está aquí y que no se ha atrevido a acercarse. De hecho, pasan un par de segundos, antes de que escuche sus pasos a través de la estancia.

El corazón se me acelera ante la expectativa de volver a tenerla cara a cara. No sé qué demonios va a decirme, ni cómo voy a reaccionar con sus palabras. Tampoco sé si va a hablarme acerca de la pequeña conversación que escuché hace unos instantes o si va a mantenerlo para ella un poco más.

Quiero preguntarle tantas cosas, que ni siquiera sé por dónde empezar; sin embargo, la sensación que se construye en mi pecho me dice que, sea lo que sea que está a punto de decirme, va a acabar conmigo.

Se detiene junto a la cama.

Su mirada se encuentra con la mía en el instante en el que entra en mi campo de visión y, de pronto, me siento vulnerable debido a la posición acostada en la que me encuentro.

Ella, sin embargo, también luce vacilante e insegura.

El cansancio y la angustia se filtran en su rostro, y me pregunto cuánto tiempo ha pasado aquí por mi culpa.

Sé que está preocupada por mí. Sé que he vuelto a hacerla sentir angustiada.

No debería ser así siempre. Ella no tiene la culpa de todo lo que me ocurre y está aquí a pesar de todo.

Le debo muchísimo y no sé cómo demonios retribuirle tanto.

No sé cómo diablos ser la mitad de lo buena amiga que ella es.

A pesar de todo, y por sobre todas las cosas, Kim nunca me ha abandonado y eso es algo por lo que siempre voy a estar agradecida.

—No sabes cuán feliz estoy de que estés bien, Maya —su voz irrumpe el silencio y un nudo se instala en mi garganta a toda velocidad.

Una sonrisa tímida e insegura se dibuja en sus labios y sus dedos se deslizan entre los míos para luego apretarlos con fuerza.

Las lágrimas brillan en sus ojos, pero no derrama ninguna—.

Lamento mucho todo lo que ocurrió antes.

De verdad, lo siento mucho. Fui una completa hija de puta.

Me desquité contigo cuando estaba molesta conmigo misma.

No tenía derecho de prohibirte nada. No tenía derecho de tratarte como lo hice.

Niego con la cabeza lo más que puedo, y aprieto sus dedos, en un débil intento por hacerle saber que nada de eso importa. Está aquí. Es mi mejor amiga y eso no va a cambiar nunca.

—Estaba tan preocupada por ti —confiesa, en un susurro entrecortado—. No sabes cuánto le pedí a Dios que te mantuviera a salvo y con vida. No sabes cuánto le rogué al cielo porque salieras bien de todo esto. Estaba tan asustada…

Está llorando. Sus mejillas están empapadas de lágrimas, pero ni siquiera se molesta en limpiarlas. Su mano tiembla en la mía y un sollozo se escapa de sus labios cuando se sienta en el borde del colchón para ahuecarme el rostro con su mano libre.

No sé cuánto tiempo pasa antes de que se atreva a verme a la cara; sin embargo, cuando lo hace, todo se siente incorrecto. Es como si estuviese armándose de valor para decirme algo terrible y eso hace que la emoción cálida de hace unos segundos, sea reemplazada por algo más oscuro y pesado.

—Escucha, Maya. Hay algo que debo decirte, ¿de acuerdo?

—dice, tras un largo momento—. Necesito que lo tomes con calma.

Que no te alteres, ¿está bien? —Hace una pausa y limpia sus mejillas con el dorso de su mano.

Yo la miro a los ojos y asiento como puedo—.

Se trata de Harry. Lo sabes, ¿verdad? —El corazón se me estruja con la sola mención de su nombre y el marcador de mi pulso delata cuán ansiosa me han puesto sus palabras, pero ella mantiene su expresión serena—.

Necesito que te calmes, Maya. Es muy importante que estés tranquila.

Tu estado de salud es delicado y necesito que mantengas la compostura, ¿está bien?

—dice y asiento; esta vez, con desesperación.

Ella toma una inspiración profunda y aparta su mirada de la mía.

—Harry está detenido.

Ya lo sabía. Lo escuché antes, pero no deja de ser un golpe demoledor. Sus palabras me llenan de un alivio enfermo y retorcido.

De alguna manera, prefiero que se encuentre detenido, a que se encuentre desaparecido o muerto a manos de un tipo como Tyler.

—Está en una delegación mientras la policía investiga lo que ocurrió en la bodega. Jeremiah mintió en su declaración para que lo dejaran ir, pero no es suficiente. Necesitan que tu declaración sea similar a la de él para que Harry pueda salir de ahí.

«¿Qué demonios fue lo que dijo Jeremiah?». Quiero preguntar. Tengo tantas preguntas por hacer…

—Jeremiah dijo que tú tenías una relación amorosa con el tipo que te disparó.

Dijo que el tal Rodríguez se había enterado de tu existencia y que quería matarte.

Que ese fue el motivo por el cual te llevó a esa bodega.

Dijo, también, que Harry y tú solo son amigos, pero que siempre ha estado enamorado de ti.

Dijo que ese amor lo llevó a arriesgar la vida al ir a la bodega para salvarte y que él lo acompañó.

—Se detiene un segundo, antes de añadir—: Dijo, también, que él fue quien llamó a la policía cuando escuchó el primer disparo.

En pocas palabras, Jeremiah se encargó de acabar con el lazo entre Harry y Rodríguez.

Hasta ahora, se supone que Harry solo es un pobre diablo que luchó con un hombre armado solo por defender a su amada.

Trato de procesar sus palabras, pero es imposible.

«¿Cómo demonios es que Jeremiah fue capaz de idear esa mentira en tan poco tiempo? ¿Por qué ayudó a Harry? ¿Qué se supone que debo decir ahora para ayudar a Harry a salir limpio de todo esto?...».

Cientos de preguntas se arremolinan en la punta de mi lengua, pero no puedo hablar. No puedo decir nada y me siento impotente.

—Escúchame bien, Maya —Kim habla—. Si quieres que Harry salga libre de todo esto, tienes que contar esa versión de la historia.

Debes deslindar toda relación entre Harry y esos tipos.

Solo así vas a poder salvarlo. —La sensación de ahogamiento está matándome.

Odio esto. Odio estar aquí. Odio que todo sea así de complicado—.

Si quieres que Harry salga bien librado, va a ser necesario que cuentes esa historia de la manera más convincente posible.

De otro modo, va a pasar mucho tiempo en la cárcel.

Mis ojos se llenan de lágrimas, pero me obligo a mantenerlas dentro. No puedo permitir que la debilidad saque lo peor de mí.

Necesito hacer esto por Harry. Por nosotros. Para así terminar con toda esta mierda de una vez por todas.