Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 49 #2
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Capítulo 49 #2

—No —coloco dos dedos sobre sus labios. Él intenta morderlos, pero logro apartarme a tiempo—. Dime qué es lo que has dicho.

—Si te lo digo, ¿vas a besarme?

Me encojo de hombros.

—Quizás.

Una sonrisa irritada se dibuja en sus labios y lo único que puedo hacer es morder la parte interna de mi mejilla para no echarme a reír.

—Dije que estoy celoso —admite a regañadientes—, y que no quiero verle la cara a tu amigo porque no quiero que te molestes si termino rompiéndole todos los dientes delanteros.

Entonces, la carcajada estalla. No puedo dejar de reír como una idiota y él no deja de quejarse y pedirme que me calle.

Lucho contra la risa violenta, pero apenas puedo contenerme.

Es ridículo que piense que Jeremiah y yo alguna vez tuvimos algo.

No nos vemos de esa manera. Es mi mejor amigo y punto.

—Eres un tonto —digo entre risas.

—Gracias, amor.

—Lo digo en serio.

—Yo también lo digo en serio, Maya. Gracias.

Su tono es irritado, pero está sonriendo.

He logrado tranquilizarme un poco, así que me tomo la libertad de apartar los mechones de cabello de su rostro.

Mis dedos recorren las cicatrices que ensucian su piel y, por primera vez desde que lo conozco, no se tensa bajo mi tacto.

Entonces, la risa se desvanece poco a poco.

Harry jamás había estado tan tranquilo como ahora.

Es como si las marcas ya no estuvieran ahí. Como si ya no le importaran…

—Te amo, Harry —susurro—, y si quiero que me acompañes esta noche, es porque quiero que conozcas a las personas con las que me gusta pasar el rato.

Porque ellos, así como tú, me importan. Son buenas personas.

Jeremiah es un chico increíble —hace una mueca de desagrado y me apresuro a añadir—: y no, Harry, Jeremiah no quiere absolutamente nada conmigo.

Además, aunque así fuera, yo no estoy interesada.

—¿Ah, no?

—No —sonrío—. Tengo a alguien, ¿sabes?

—¿Ah, sí?

—Sí.

—¿Cómo se llama?

—Harry —respondo—. Harry Stevens.

—¿No es ese el tipo al que le dicen Bestia? —dice. Sé que intenta bromear, pero no tiene nada de gracioso. Detesto cuando se llama así. Detesto que crea que merece ese nombre.

—Si vuelves a llamarlo de esa manera, voy a golpearte tan fuerte que todos tus intestinos se escaparán por tu ano —suelto, y él estalla en carcajadas.

—Te amo, Maya —dice cuando logra calmarse.

—Te amo, Harry. Con toda mi alma.

Un beso dulce se posa en mis labios y correspondo con lentitud. Nos quedamos así, en el sillón, besándonos como si no existiera nada mejor en el mundo.

—No tienes que ir a ese bar, ¿sabes? —murmura contra mi boca—. Podríamos quedarnos aquí y divertirnos un rato.

—Podríamos ir al bar, volver y divertirnos más tarde —sugiero. Intento sonar despreocupada, pero el calor sube a mis mejillas cuando imágenes sugerentes invaden mi cabeza.

Un suspiro escapa de sus labios.

—No voy a convencerte de quedarte, ¿verdad?

Niego.

—Tampoco voy a convencerte de ir sola, ¿no es así?

Vuelvo a negar.

—¿Vas a obligarme a ir?

—No voy a obligarte —respondo—, pero sería lindo que vinieras.

Su mirada esmeralda se clava en mí. Parece estar tomando una decisión importante.

Finalmente, exhala.

—De acuerdo. Iré contigo a ese estúpido bar.

Un chillido emocionado escapa de mi garganta y lo abrazo con fuerza. Él ríe y me aparta el cabello para besarme el hombro.

—Iré a ducharme —masculla, ayudándome a bajar de su regazo. Luego añade, con voz ronca—: Podría necesitar algo de ayuda, ¿sabes?

Ruedo los ojos.

—Apuesto a que sí.

—Estoy tratando de seducirte. Deberías tratar de ser un poco más receptiva —dice con falsa indignación y suelto una risita boba.

—Se hará tarde —lo reprimo—. Le dije a Jeremiah que estaríamos allá en quince minutos.

Hace un puchero y se dirige al pasillo.

—Eres una aguafiestas —murmura—. Se supone que deberías acompañarme al baño y…

—¡Harry! —lo reprendo, y él se ríe.

—Ahora regreso —dice, para luego desaparecer por el corredor.

Aprovecho ese momento para enviarle un mensaje a Jeremiah. Necesito avisarle que llegaremos tarde y que Harry irá conmigo.

Apenas he enviado el texto, cuando el sonido de la madera siendo golpeada, invade la sala de estar.

Mi ceño se frunce ligeramente solo porque nadie suele venir aquí a buscar a Harry.

La última vez que algo así pasó, se trataba de Tyler, y las cosas no fueron muy bien que digamos, ya que el tipo terminó enterándose de mi existencia.

Muerdo la parte interna de mi mejilla, insegura de qué hacer.

«¿Qué si se trata de Anne? ¿Qué si algo le ha ocurrido? ¿Por qué demonios no hay una mirilla en esa puerta?...».

Doy un par de pasos tentativos hacia la entrada y me congelo al llegar.

Otra serie de golpes cortos resuena por todo el lugar y, esta vez, se percibe la impaciencia impresa en cada uno de ellos.

No sé qué hacer.

Me siento como una completa paranoica. No debería de estar así de nerviosa.

Mi mano se estira para tomar el pomo y lo hago girar con lentitud. Poco a poco, la imagen de un hombre de edad avanzada aparece frente a mí.

No puede estar más allá de sus cincuenta y tantos.

Su cabello entrecano está perfectamente peinado hacia atrás, y sus pequeños ojos castaños me miran de arriba abajo.

Su mirada no es amable, pero tampoco es hostil, su expresión es fría, calculadora y analítica, y no ha apartado la vista de mí ni un solo segundo.

Se siente como si estuviese siendo sometida a un examen exhaustivo.

Como si pudiese deducir la clase de peligro que supongo para él con solo observarme…

Mi corazón se acelera, pero me obligo a sostener su mirada. Mi garganta se siente seca, tengo las manos sudorosas, y mi respiración se siente irregular e inestable.

«¿Quién demonios es él?».

Abro la boca para decir algo, pero ninguna palabra sale de ella. El desconocido delante de mí esboza una sonrisa torcida y soy capaz de notar cómo una cicatriz debajo de su labio inferior se estira y se hace visible.

—¿Cómo te llamas, amor? —su voz pastosa y acento latino hacen que mi carne se ponga de gallina de un modo incorrecto y repulsivo.

De pronto, una voz en mi cabeza comienza a susurrar una y otra vez que debí haber dejado la puerta cerrada, que hay algo en este hombre que no se siente bien y que debería estar gritando por Harry ahora mismo…

—M-Maya Bassi —me las arreglo para decir, y quiero golpearme por tartamudear de esta manera.

Él estira una mano en mi dirección y mi mirada cae en el gesto durante una fracción de segundo.

Cuando alzo la cara para mirarlo de nuevo, está más cerca.

—Es un placer, Maya Bassi —el hombre se ha inclinado hacia adelante y ha invadido mi espacio vital, solo para quedar a mi altura y añadir—: Yo soy Alexis Rodríguez.