Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 48 #2
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Capítulo 48 #2

Al llegar a la cocina, trabajo en la cafetera que se encuentra sobre la encimera. Cambio el filtro del café y coloco granos nuevos antes de llenar la cámara del agua. Estoy a punto de presionar el botón de encendido, cuando un brazo fuerte se envuelve en mi cintura.

Harry atrae mi cuerpo hacia el suyo y, de pronto, mi espalda está pegada a su abdomen.

Su cabeza se ha inclinado hacia adelante, de modo que su barbilla ha quedado recargada en mi hombro.

Su cabello largo me hace cosquillas en la mejilla derecha, y su abrazo se vuelve un poco más posesivo en el instante en el que ladeo la cabeza para darle entrada a mi cuello.

Sus labios besan la sensibilizada piel y un escalofrío recorre mi espina cuando su lengua traza caricias húmedas.

Su boca sube, dejando una estela de pequeños y suaves besos, hasta que sus dientes aferran el lóbulo de mi oreja con suavidad.

En ese instante, y por acto reflejo, me revuelvo entre sus brazos.

Una risa ronca brota de su garganta y me aprieta con más fuerza contra su cuerpo para evitar que me aparte.

—No me esperes despierta, amor —susurra, antes de depositar un beso en mi mejilla—. Es tarde y mañana tienes que ir a trabajar.

—No voy a poder dormir de cualquier modo —trato de sonar casual, pero la preocupación que se filtra en mi voz rompe con el momento que había empezado a construirse entre nosotros—. Prefiero esperarte y cerciorarme de que llegues a salvo.

Niega con la cabeza y suelta una risa silenciosa.

—Deja de preocuparte tanto —pide y sus dedos toman mi barbilla para girarme el rostro hacia él—. No pasará nada. ¿Sabes cuántas veces por mes ocurre esto?, antes no te dabas cuenta porque dormías sola en la habitación, pero esto pasó muchas veces mientras vivías aquí.

Mi boca se abre para replicar algo, pero sus labios se presionan contra los míos en un beso dulce. Sé que solo lo ha hecho para acallar cualquier protesta que estuviese a punto de decir, y eso me irrita un poco.

—Estaré de vuelta en un par de horas, ¿de acuerdo? —Harry promete, y me giro entre sus brazos para envolver los míos alrededor de su cuello.

Entonces, me elevo sobre las puntas y lo beso con intensidad. Mi lengua busca la suya sin pedir permiso y él gruñe contra mi boca antes de deslizar sus manos para ahuecar mi casi inexistente trasero.

Él aprieta con fuerza y yo chillo, apartándome de él con brusquedad. Una carcajada brota de sus labios y una risa irritada se me escapa.

—¡No hagas eso! —chillo, con vergüenza y su risa se prolonga un poco.

Harry envuelve los dedos en mi muñeca y tira de mí en su dirección, antes de ahuecar un lado de mi cara con su mano libre para besarme de nuevo.

—No quiero que vayas —me sincero entre besos.

—Lo sé, amor —se aparta para verme a los ojos. El pesar en su mirada es sincero—. Lamento mucho preocuparte de esta manera. Prometo que volveré lo más pronto que pueda.

Yo asiento, incapaz de pronunciar palabra alguna y él besa mi frente antes de dejarme ir.

—Por favor, no tardes demasiado —sueno como una madre preocupada, pero no me importa. Realmente deseo que esté de vuelta lo más pronto posible.

—No lo haré —dice y me guiña un ojo. Entonces, se encamina hacia la salida del apartamento.

Una vez que escucho el sonido de la puerta siendo cerrada, el lugar se sume en un silencio ensordecedor. Sé que no voy a poder conciliar el sueño, así que continúo con mi tarea previa y enciendo la cafetera.

Mientras el café está listo, me encamino hasta la habitación y tomo mi teléfono para tontear un rato en él y no quedarme dormida.

De manera inevitable, mientras pienso en Harry mi mente corre de vuelta a Anne.

He tratado de todas las formas habidas y por haber de convencerla de contarle a su hijo acerca de su enfermedad, pero su respuesta no ha cambiado.

No es como si hubiésemos tenido mucho tiempo para conversar sobre eso, ya que, el poco tiempo que hemos pasado juntas la última semana, ha sido en compañía de Harry.

Nuestras conversaciones respecto al tema son a susurros bajos e indirectas lanzadas al aire. Esta noche, cuando fuimos a recogerla al trabajo, tuvimos unos minutos a solas mientras Harry cargaba gasolina.

Aproveché esos pequeños instantes para intentar persuadirla. Le supliqué que se lo contara todo, pero ella me cortó de tajo diciendo que agradecía mi preocupación, pero que no iba a decírselo. Entonces, dio por zanjada la conversación y cambió el tema radicalmente.

A pesar de eso, he tomado una decisión. Si ella no se lo dice, lo haré yo. Harry merece saber que su madre está enferma. Harry merece tener la oportunidad de estar ahí para ella el tiempo que le quede de vida. Así sean un par de semanas o un par de años.

He decidido que mañana, durante mi hora del almuerzo, iré a buscar a Anne y le diré que, si ella no se lo cuenta, lo haré yo.

No estoy dispuesta a guardar un secreto así de grande.

No cuando sé que Harry quedará destrozado si se entera de que su mamá nunca le dijo la verdad acerca del por qué apareció de nuevo en su vida…

El pitido del aparato del café, me trae de vuelta al aquí y ahora, y me apresuro a apagarlo.

Acto seguido, sirvo un poco del líquido amargo en una taza alta.

Me toma unos minutos encontrar el frasco del azúcar solo porque Harry ha movido todo de lugar y, después de haber puesto un poco de endulzante y leche en mi café, me encamino hacia la sala.

Una vez ahí, me acomodo en uno de los sillones y me dispongo a continuar con la lectura de un libro interesantísimo que me encontré hace unos días.

No sé cuánto tiempo pasa, antes de que el sonido del cerrojo siendo abierto inunde mis oídos. Rápidamente, dejo la taza sobre la mesa de centro y avanzo a paso rápido hacia la entrada.

En el instante en el que lo veo, me congelo.

La alarma se detona en mi pecho y el corazón me da una voltereta furiosa al ver la expresión desencajada e intranquila de Harry.

—¿Qué pasó? —sueno preocupada hasta la mierda.

Él me mira a los ojos y noto cómo un atisbo de alivio invade su rostro. Entonces, sin decir una palabra, acorta la distancia que nos separa y me envuelve en un abrazo fuerte y doloroso.

Mis costillas son aplastadas entre sus brazos, pero eso no impide que sea capaz de percibir todo el temblor de su cuerpo.

—Harry, me estás asustando —estoy aterrorizada, pero lo abrazo con la misma fuerza con la que él me sostiene a mí.

—No es nada —murmura, con la voz enronquecida—.

No es nada, Maya, lo siento. Lo siento mucho, yo…

—Niega con la cabeza y la tensión en sus hombros me pone los nervios de punta.

Su respiración irregular me golpea en la oreja y noto cómo trata de tranquilizarse—.

Q-quería que los matara. Él quería que los matara.

El pánico me recorre las venas con tanta velocidad que temo que vaya a enfermarme. El corazón me late con tanta fuerza, que estoy casi segura de que él puede escuchar los latidos frenéticos.

—¿Qué ocurrió, Harry? ¿A quiénes se supone que querían que mataras? —trato de sonar serena, pero apenas puedo contener el temblor en mi voz.

Harry no dice nada. Se limita a abrazarme como si el mundo entero estuviese a punto de caerse a pedazos y yo fuera la única cosa a la que él pudiese aferrarse.

Este hecho se asienta en mí y se siente como si un bloque de concreto se hubiese desplomado en mi estómago.

La dependencia que tenemos el uno por el otro es insana y, al mismo tiempo, no puedo soportar la idea de que esto cambie.

Sé que es malo que sea de esta manera, pero no sé qué es lo que debemos hacer para cambiarlo.

—Hubo un soplón —susurra y poso mi atención en él—.

Rodríguez me hizo golpear a todos y cada uno de los nuevos vendedores únicamente para dar con el que abrió la boca.

Yo… ¡Maldita sea! —me suelta y se aparta con brusquedad, antes de apoyar las palmas en la pared más cercana.

Su cuerpo está inclinado hacia adelante y noto cómo se joroba.

Su cabeza niega una y otra vez, con fuerza y con desesperación—.

Ya no puedo más. No quiero esto. Voy a convertirme en un maldito monstruo si sigo ahí.

—Harry…

Él se gira con brusquedad y me mira a los ojos. La angustia y desesperación que hay en su mirada, me pone la carne de gallina.

—Necesito que nos vayamos lo más pronto posible, Maya —la súplica en su voz, me hace estremecer—. No puedo seguir con esto. Ya no…

No soy capaz de pronunciar ni una sola palabra, así que, en su lugar, acorto la distancia que nos separa y lo envuelvo entre mis brazos. El temblor de su cuerpo no ha disminuido ni un poco, pero ya no hay ansiedad en la forma en la que me sostiene.

—Shhh… —mis dedos cepillan las hebras alborotadas de su cabeza—. Todo está bien. Estás aquí. Estoy aquí contigo. Vamos a irnos. Vas a salir de esa mierda. Vamos a salir juntos de esto, amor.

—¿Vas a amarme aún si me convierto en un monstruo? —el susurro ronco y profundo hace que mi corazón se salte un latido.

—Voy a amarte siempre, Harry —digo, y me aterroriza cuán en serio lo digo. No son solo palabras al viento—. Voy a amarte a pesar de todo.