Bestia (Bestia nº 1) Capítulo 47 #2
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Capítulo 47 #2

Acomodo las prendas lo mejor que puedo, pero aun así debo dejar caer el peso del cuerpo sobre la valija para intentar cerrarla.

—Maya, ¿qué pasó? —la voz de Will suena a mis espaldas, pero no lo miro. Me limito a acomodar libros, maquillaje y zapatos en bolsas plásticas—. ¿Kim te dijo algo? ¿Pelearon? Ella no quiere hablar conmigo. Está encerrada en la habitación y no ha querido hablar desde que llegamos.

El enojo y la tristeza se mezclan, y hacen estragos. Una parte de mí, la orgullosa, dice que debo marcharme. Que Kim solo me ve como un parásito; que no merezco que me trate como lo hizo. Que no me está manteniendo y que no debería de haberse tomado el atrevimiento de prohibirme cosas.

Sin embargo, la otra parte, la que se preocupa por la gente que me rodea, susurra una y otra vez que no puedo irme sin intentar arreglar las cosas una vez más.

Un suspiro me brota de los labios antes de atreverme a encarar a Will. Está de pie en la puerta, con la preocupación tallada en el rostro como si fuese un rasgo permanente.

—¿Qué fue lo que te dijo? —hay dolor en su voz—. ¿Qué hizo?

—Ella no hizo nada —digo. Quiero eliminar la angustia que se filtra en su mirada—. Peleamos por una estupidez y dijimos cosas que no debíamos. Nadie es culpable aquí. Las dos nos equivocamos, Will.

Se cruza de brazos y desvía la mirada.

—Te equivocas —dice con la voz enronquecida—.

No sé qué pasa con ella últimamente. Ha estado actuando muy extraño.

A veces siento… —Se detiene un momento y traga duro—.

A veces siento que no la conozco en lo absoluto.

He llegado a pensar que ya no es feliz estando conmigo, ¿sabes?

—Me mira a los ojos—. A veces siento que no está segura de querer casarse.

¿Sabes cuánto tiempo pasó antes de que se decidiera a poner una fecha para la boda?

... —Niega con la cabeza—. Desde que le dije que era tiempo de pensar en ello y la forcé a poner una fecha, se ha comportado de este modo.

Sus palabras son hirientes, no quiere salir a ningún lado, apenas si me deja tocarla, yo…

—la voz se quiebra un poco—. He pensado muchas veces en terminar con esto, y no porque no la ame, sino porque veo que no es feliz.

Por más que me esfuerzo, no puedo hacer nada para conseguir que lo sea.

Es por eso por lo que te pregunto qué ha hecho, porque sé que ella ha sido quien ha iniciado todo.

«Oh Dios…».

Jamás esperé este tipo de confesión de su parte. Nunca noté que algo estuviese mal entre ellos y la culpa gana terreno. Quizás fue mi presencia aquí lo que hizo que la intimidad se viera afectada.

—Lo lamento mucho, Will —digo en un susurro entrecortado—. Lamento haberles robado intimidad durante tanto tiempo. No tenía idea de que las cosas entre ustedes estaban así.

—Es que no es tu culpa —me interrumpe y niega con la cabeza—. Mi hermana vivió aquí el triple de tiempo de lo que tú has vivido y eso nunca nos afectó. Es ella quien no me dice qué pasa. Soy yo quien no puede ver dónde está el problema.

—Quizás solo está asustada —me aventuro—.

Quizás está aterrorizada con la idea de sentar cabeza.

Ambos sabemos que Kim es libre. Es probable que sienta el matrimonio como una especie de atadura.

Quizás siente que, cuando se casen, tendrá que adoptar el rol maternal y doméstico que la sociedad impone a veces.

—Quizás está con alguien más… —Will susurra y la tristeza en el rostro me llena de pesar.

—Kim te ama —aseguro—. No sería capaz de estar con alguien más cuando te ama como lo hace.

—Ya no sé ni qué pensar.

—Habla con ella —digo—. Dile todo lo que sientes y pon las cartas sobre la mesa. Si después de haberlo hecho deciden separarse, adelante… Pero no te quedes con las ganas de preguntar qué ocurre.

Noto cómo sus puños se aprietan, pero no dice nada. Se limita a mirar un punto en el suelo.

—Quizás sea mejor que no intentes hablar con ella ahora mismo —dice, tras un momento largo—. No es una persona sensata cuando está enojada. Solo va a terminar lastimándote.

—¿Crees que sea bueno darle espacio, entonces? —sueno preocupada.

—Creo que es lo mejor que puedes hacer. Mañana será otro día y podrás hablar con ella.

—Bien —asiento—. Entonces, me voy. Mañana en el trabajo trataré de hablarle.

La vista de Will se vuelca hacia mí con rapidez.

—¿Vas a irte?

Una sonrisa triste se dibuja en los labios.

—Si me quedo, también voy a decir cosas de las que puedo arrepentirme. Prefiero que todo quede aquí. No quiero empeorarlo.

—¿A dónde irás? —suena preocupado.

Me encojo de hombros.

—A un hotel barato o algo así. No te preocupes por mí —le guiño un ojo—. Estaré bien.

Duda.

—No estoy de acuerdo con la decisión que estás tomando, pero sé que no puedo detenerte —dice tras unos segundos—. Si quieres irte, lo respeto; pero eso no quiere decir que vaya a permitir que te vayas sola. Yo te llevaré.

—No es necesario —trato de sonar tranquilizadora, pero no estoy segura de lograrlo.

—No estaré tranquilo si no me aseguro de que estás a salvo.

Niego con la cabeza.

—No te preocupes, Will. Llamaré a Harry para ver si me hace el favor de llevarme.

Un suspiro cargado de pesadez brota de su garganta.

—¿Estás segura?

—Completamente.

—Bien —me regala una sonrisa amable—. Mándale un saludo de mi parte. Dile que sigo esperando la cerveza que me prometió la última vez.

La confusión me golpea con fuerza.

—¿La última vez…?

—La vez que armó un escándalo aquí, cuando viniste a vivir con nosotros, lo llevé a un bar y hablamos —me interrumpe—.

Al salir de ahí, trató de pagar la cuenta, pero se lo impedí.

Entonces prometió que él pagaría la próxima vez.

—Una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios—.

Es un tipo agradable y se preocupa mucho por ti.

No tengo la fortuna de conocerlo demasiado, pero dudo que sea una mala persona.

—No lo es —aseguro.

Su sonrisa se ensancha.

—Llámalo antes de que salgas de aquí. No es necesario que esperes por él en la calle.

Una pequeña sonrisa me asalta y asiento. Entonces tomo el teléfono y marco su número.

—¿Qué pasó? —la voz de Harry llena el cómodo silencio que se ha asentado entre nosotros.

Estamos sentados en su auto. Después de haberle llamado, dijo que solo tenía que llevar a su mamá a casa para poder pasar por mí.

Sin embargo, no tuve que esperarlo mucho tiempo.

Cuarenta minutos después de haberle llamado, me envió un mensaje diciéndome que se encontraba en la recepción del edificio.

Will me acompañó y me ayudó a cargar la pesada maleta. Una vez en la entrada del edificio, él y Harry tuvieron una breve charla casual y después nos despedimos con la promesa de vernos pronto.

Los primeros cinco minutos de trayecto fueron silenciosos, pero sé que Harry ya sospechaba que algo malo ocurría. Me preguntó a dónde nos dirigíamos y, cuando le dije que quería ir a buscar un hotel cerca del trabajo, el ambiente se tensó un poco.

—Kim y yo hemos discutido —digo después de unos instantes, porque sé que no tiene caso ocultárselo.

—¿Al grado de querer marcharte? —dice—. Eso no suena como a una simple discusión. ¿Por qué pelearon?

No quiero decirle. No quiero confesar el motivo real por el cual discutimos, pero tampoco quiero ocultárselo.

Dudo unos instantes, pero sé que debo ser honesta. Harry merece saber los motivos por los cuales tomé una decisión tan repentina.

—Se enojó porque pasé la noche en tu apartamento —digo en voz baja.

El silencio que le sigue es tenso y tirante.

La mirada no se ha despegado ni un segundo del camino, pero soy capaz de sentir la tensión que se ha apoderado de su cuerpo.

Las manos se aferran al volante con mucha fuerza, la mandíbula está apretada y los mullidos labios están sellados en un gesto inconforme.

—Sé que no le agrado —dice con la voz enronquecida por las emociones que lucha por contener—. Me queda claro que nunca lo he hecho, pero nunca creí que sería un motivo de quiebre entre ustedes.

—No eres motivo de quiebre entre nosotras —objeto.

—Sé que no te merezco —hace caso omiso a mi argumento—.

Sé que he sido un completo hijo de puta y que no te convengo, amor.

—El corazón se salta un latido al escucharlo llamarme de esa forma—.

Ella también lo sabe. Comprendo que esté enojada, porque yo en su lugar también lo estaría.

Después de todo, eres su mejor amiga y estás perdiendo tiempo con un pobre diablo como…

—Basta —lo interrumpo—. Tienes que dejar de pensar que no eres suficiente, Harry.

Si las cosas vuelven a ser lo que eran antes de que todo se fuera a la mierda, no va a funcionar.

Quiero saber absolutamente todo sobre ti.

Quiero que, por una vez en tu vida, dejes de compadecerte y aceptes que te amo, y que nada me hace más feliz que estar contigo. De verdad, necesito que esto funcione.

El auto se detiene en un semáforo en rojo y posa la mirada en mí. La emoción que veo en sus ojos hace que todo dentro de mi cuerpo se estremezca.

—¿Eso quiere decir que vas a darme una oportunidad?

—Eso quiere decir que te amo y que quiero estar contigo. No soy nadie para darte una oportunidad o para juzgarte. Te amo, y eso es lo único que importa.

—Dios mío, tengo tantas ganas de besarte… —murmura con la voz enronquecida.

—Hazlo… —pido en voz baja. Sueno más suplicante de lo que pretendo.

Parece dudarlo, pero termina ahuecando la parte trasera de mi cabeza para atraerme hacia él.

Nuestros labios chocan en un beso profundo y pausado, y cientos de emociones me invaden.

Trato de luchar contra el cinturón de seguridad que me aprisiona contra el asiento, pero es imposible.

Los dedos buscan el botón de manera desesperada y, cuando estoy a punto de presionarlo, el sonido de una bocina detrás de nosotros nos hace saltar en nuestros lugares.