Capítulo 46 #3
De pronto, la corta distancia entre la recepción y la entrada principal, se siente inmensa e interminable.
Mis palmas empujan la puerta con brusquedad y me congelo.
Mi respiración agitada crea figuras de vaho en el aire.
El frío repentino en el que se ha sumido la ciudad, hace que la carne se me ponga de gallina y que un escalofrío me recorra el cuerpo.
Harry también se detiene cuando me ve. Una emoción salvaje se apodera de su rostro y mis entrañas se retuercen. Parece haber sido paralizado por el poder de sus sentimientos, ya que le toma unos instantes recomponerse y seguir avanzando.
Mis rodillas tiemblan, las lágrimas me queman en los ojos y le ruego al cielo que esto no sea solo un sueño. Le ruego que permita que esto esté pasado realmente…
El chico de las cicatrices vuelve a detener su andar cuando está a unos pasos de distancia de mí.
«¿Qué haces aquí? ¿Pasó algo? ¿Estás bien? ¿Es tu madre? ¿Ella se encuentra bien? ¿No se supone que te habías ido? ¿Qué pretendes? ¿A qué estás jugando?...».
Las preguntas se arremolinan en la punta de mi lengua, pero no soy capaz de pronunciar palabra alguna. El nudo en la garganta es tan inmenso, que me cuesta respirar.
—Mentí —dice, con la voz entrecortada y ronca—. Sí te amo… Te amo, Maya.
Lágrimas pesadas y calientes me caen por las mejillas. No puedo moverme. Se siente como si mis pies hubiesen sido fijados al suelo con concreto y, al mismo tiempo, me siento más inestable que nunca.
—Te marchaste —reprocho, con la voz temblorosa y ronca.
La mirada de Harry está llena de emociones que no soy capaz de descifrar, su espalda está ligeramente encorvada hacia enfrente, y no me atrevo a apostar, pero creo que hay lágrimas brillando en sus ojos.
—No pude irme —dice, negando con la cabeza—.
No me fui. Ni siquiera llegué a cruzar el estado.
Estoy aquí por ti, Maya; y si… —Traga duro.
El miedo y la incertidumbre en sus facciones hacen que mi corazón se salte un latido—.
Y si lo que dijiste es cierto… Si en verdad me amas…
—Se detiene abruptamente. Noto cómo sus manos se aprietan en puños.
Luce aterrorizado, y eso me quiebra por completo—.
Estoy dispuesto a todo. Maya, te amo, y estoy dispuesto a hacer absolutamente todo por ti.
Estoy dispuesto a enfrentarme al mundo entero por ti, amor.
No me alejes de nuevo. Ya no. No sabes cuánto te necesito. No sabes cuánto te extraño.
Mi vista está clavada en él y le ruego al cielo que esto no sea una mala jugada de mi cabeza. Le ruego a Dios que esto no sea una cruel pasada del destino y que me permita saborear el cálido y dulce sabor de todo eso que Harry está dispuesto a ofrecerme.
—Maya, por favor, di algo…
En ese momento, acorto la distancia que hay entre nosotros en un par de zancadas torpes y envuelvo los brazos alrededor de sus hombros. Harry me atrapa en el instante en el que me abalanzo a sus brazos y me levanta del suelo.
Mis extremidades inferiores están envueltas alrededor de su torso, y sus brazos me sostienen por la cintura con tanta fuerza, que me lastima. Nuestros labios chocan en un beso desesperado, frenético e intenso. Su lengua me invade la boca sin pedir permiso y me aferro a él con todas mis fuerzas.
—Te amo, Maya —susurra contra mis labios—. Te amo con toda mi alma. Te amo con todas mis fuerzas. Te amo, amor. Te amo…
Quiero responderle. Quiero decirle que lo amo y que no soporto la idea de estar sin él, pero no puedo hablar. Estoy demasiado ocupada sollozando entre besos como para poder decir algo coherente. Estoy demasiado ocupada fundiéndome entre sus brazos y absorbiendo la calidez que despide su cuerpo.
Cuando me baja, al cabo de unos instantes, no deja de abrazarme.
De pronto, soy consciente de la cantidad de miradas que están puestas en nosotros.
Los conductores de los autos nos miran como si fuésemos los seres más extraños del planeta y la gente dentro del restaurante me observa con reprobación y molestia.
¿Honestamente? Me importa una mierda estar haciendo una escena.
Me importa una mierda el mundo entero si Harry está a mi lado.
Mis ojos se fijan en él y acaricio los ángulos de su rostro con las manos temblorosas.
—Creí que no volvería a verte —apenas puedo pronunciar.
—Lamento mucho haberme marchado como lo hice —susurra con la voz entrecortada.
La frente de Harry se une a la mía, y su respiración cálida me golpea en los labios.
—¿De verdad me amas? —sueno aterrorizada.
—Nunca he dejado de hacerlo, Maya —dice, con un hilo de voz—. Solo trataba de hacerte ceder. Creí que querrías irte si te decía que no te amaba.
Mi puño golpea su hombro con brusquedad.
—¿Qué demonios…?
—Eres un idiota —digo, mientras doy un paso lejos de él. Lágrimas nuevas me inundan los ojos y una mezcla de alivio y enojo se apodera de mi sistema—. ¡¿Sabes cuán horrible se sintió?!
Él me sostiene por la muñeca y tira de mí en su dirección. Trato de apartarme, pero él envuelve sus brazos alrededor de mi cuerpo y me sostiene con firmeza.
—Lo siento —murmura—. De verdad, lo siento mucho, amor.
Entonces, sin darme oportunidad a replicar, me besa. Me besa con urgencia y desesperación. Sin cuidado y sin reparos. Como si tuviese miedo de que escapara. Como si no estuviese dispuesto a alejarse de mí nunca más.