Capítulo 44 #3
Estoy a punto de volverme hacia Harry, cuando mis ojos captan algo diferente justo en la entrada del pasillo.
Un par de maletas descansan recargadas contra la pared, y eso hace que todo mi cuerpo se estremezca.
«Oh, mierda…».
Mi atención se vuelca hacia Harry y la forma en la que me mira solo confirma que está listo para irse.
—Salgo esta noche —responde sin necesidad de que formule la pregunta.
Se siente como si algo dentro de mí hubiera dejado de funcionar. Como si el mundo entero se hubiese detenido para reanudar su marcha a un ritmo antinatural.
Harry desvía la mirada y la clava en un punto en el suelo.
—Planeo ir a ver a mi madre antes de irme.
—No… —Mi voz sale en un susurro tembloroso e inestable—. No puedes irte, Harry. Por favor, no…
Sus ojos se alzan y se clavan en los míos. Cientos de emociones atraviesan su rostro, pero no logro identificar ninguna de ellas. De pronto, luce confundido. Su boca se abre para decir algo, pero parece pensarlo mejor, ya que la cierra de golpe.
—Harry, por favor, no te vayas —suplico—. Por favor, no lo hagas.
—Maya, ¿pero qué…?
—No puedes irte —lo interrumpo—. Si te vas, yo… —me quedo sin palabras.
No esperaba que fuese a ocurrir así de rápido. No esperaba que planeara irse tan pronto.
Harry niega con la cabeza una y otra vez, y el enojo y la frustración se filtran en sus facciones.
—¿Qué demonios pretendes, Maya? —dice, en un susurro ronco y enojado—. No puedes hacerme esto. No puedes pedirme que me quede después de haberme echado de tu vida —niega una vez más y me mira a los ojos—. ¿Qué diablos crees que estás haciendo? ¿Por qué estás haciéndolo?
Las lágrimas queman en la parte posterior de mi garganta y lucho contra las ganas que tengo de echarme a llorar. Lucho contra las palabras que se arremolinan en la punta de mi lengua y contra la parte de mí que desea contarle acerca de la enfermedad de su madre.
Harry aparta su vista de mí y tira de su cabello, en un gesto cargado de frustración y enojo.
—Harry —doy un paso en su dirección, pero me detengo en seco—, por favor…
—No, Maya —me interrumpe—. No tienes derecho a hacerme esto. —Su vista se clava en mí y la tortura que veo en la forma en la que me mira, hace que mis ojos se llenen de lágrimas—. No voy a quedarme por ti.
El dolor escuece en mis entrañas y quema de adentro hacia afuera. El ardor en mi garganta es insoportable y, de pronto, respirar es casi imposible. No quiero llorar, pero no voy a poder evitarlo ni un segundo más…
Lágrimas calientes y pesadas me abandonan, y me siento humillada, avergonzada y devastada. Sé que no tengo derecho alguno de hacer esto, pero no podía permitirme no intentarlo.
Bajo la mirada y aprieto los puños. Muerdo la parte interna de mi mejilla, en un intento de reprimir un sollozo y asiento con torpeza. Me siento tan ridícula. Sé que no tengo derecho alguno de llorar, pero no puedo evitarlo.
No me atrevo a mirarlo, así que mantengo mi vista en la alfombra cuando avanzo hacia la entrada del apartamento. Necesito irme de aquí antes de que me humille a mí misma y le suplique que se quede.
Una mano grande se envuelve en mi brazo, y mi vista cae en el lugar donde el cuerpo de Harry y el mío se conectan. Mi pulso se dispara en latidos fuertes e irregulares, la respiración se me atasca en la garganta y soy plenamente consciente de la forma en la que su mano me toca.
La firmeza de su agarre es tan familiar, que los recuerdos de todas aquellas veces que impidió que me marchara tomándome de esta manera, se arremolinan en mi cabeza.
Mis pestañas húmedas apenas me permiten ver cuando levanto la cara, y todo mi mundo colapsa en el instante en el que sus ojos y los míos se encuentran.
Su mandíbula angulosa está apretada con violencia, su ceño está fruncido con enojo y frustración, y sus ojos suplican algo que no soy capaz de entender del todo.
—¿Por qué? —dice entre dientes. Suena molesto, desesperado y confundido—. ¿Por qué ahora? ¿Por qué no antes?
Un sollozo amenaza con abandonarme, pero lo reprimo lo mejor que puedo.
—No lo sé —es la verdad. No sé por qué no lo hice antes. No sé si hago esto por Anne o lo hago por mí. No tengo idea de qué es lo que me ha orillado a venir aquí, en primer lugar, y eso está volviéndome loca.
Sus ojos desesperados buscan algo en los míos y le suplico al cielo que no sea capaz de encontrar nada, le ruego porque no sea capaz de escuchar la manera en la que late mi corazón, y le pido a Dios que no pueda notar cómo mi cuerpo tiembla debido a la forma en la que su aliento golpea contra mi mejilla.
—¿Qué no me estás diciendo? —murmura, con un hilo de voz—. ¿Qué estás ocultándome?
—Nada —suelto, en un susurro tembloroso.
Harry aprieta su agarre en mi brazo y duele un poco; pero dudo mucho que esté percatándose de la fuerza con la que me sostiene.
Me acerco un poco.
Él inclina su cabeza hacia mí y un disparo de adrenalina me invade el cuerpo.
Doy un paso más cerca.
No estoy muy segura de qué estoy haciendo, pero no puedo detenerme. Necesito hacer esto. Quiero hacer esto. Estoy tan desesperada…
Mi mano libre se envuelve alrededor de su cuello y tiro de él en mi dirección.
La alarma se detona en sus facciones, pero no hace nada para impedir que lo acerque a mí.
Soy capaz de sentir su aliento caliente en la comisura de mis labios, y el aroma fresco y varonil que despide su cuerpo, me aturde.
La insidiosa voz dentro de mi cabeza grita que esto está mal, que no debería estar así de cerca y que no debería de ser yo quien busque esta clase de contacto, pero no puedo detenerme. No puedo luchar contra la necesidad que se apodera de mí.
Me detengo cuando mi nariz roza la suya.
Sé que aún estoy a tiempo de arrepentirme y dar marcha atrás.
—Maya… —susurra, y el aroma mentolado de su aliento hace que el anhelo invada todos y cada uno de mis sentidos.
Entonces, rozo mis labios contra los suyos.
El contacto es suave y ligero. Apenas perceptible. Sin embargo, es suficiente para enviar mi autocontrol al caño.
—¿Por qué mierda me haces esto? —susurra contra mi boca. Su voz suena casi como un gruñido.
Me mojo los labios con la punta de la lengua y cierro los ojos. Su frente y la mía se han unido, pero no me atrevo a acortar la pequeña distancia que hay entre nuestros labios.
—No te vayas —susurro y siento cómo todo su cuerpo se tensa.
—Haces esto para impedir que me vaya —reprocha, pero no me atrevo a intentar explicar que hago esto porque todo mi cuerpo me lo exige. No me atrevo a pronunciar en voz alta todo eso que trato de ocultarme a mí misma.
—Por favor, Harry —susurro, con un hilo de voz—, no te vayas.
Entonces, uno mis labios a los suyos en un beso fiero y urgente.
Mi lengua se abre paso en su boca y él gruñe en el instante en el que pego mi cuerpo al suyo. Le toma un par de segundos reaccionar, pero cuando lo hace, corresponde a mi beso con intensidad.
Sus brazos se envuelven alrededor de mi cintura y mis pies dejan de tocar el suelo.
Mis dedos se enredan en las hebras húmedas de su cabello y lo beso con todas mis fuerzas.
Lo beso como nunca me atreví a besarlo porque no sé si podré hacerlo una vez más.
Porque va a marcharse y no voy a volver a verlo, y porque no puedo permitir que se vaya sin haberle dado cada parte de mí.